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Viaje al pasado | | María del Mar Soria. 20.09.08 | | La localidad polaca de Dolny Slask vivió hace a penas unos días uno de los episodios más macabros y rocambolescos de los últimos años. Un acto de conciliación y acuerdos de cooperación entre la ciudad y el país germano estuvo protagonizado por el fatídico error de hacer sonar el himno del III Reich a la llegada del pueblo alemán a tierras polacas. La paz de este municipio se vio interrumpida por el recuerdo de un holocausto que marcó un antes y un después en la historia de Europa. Polonia, junto a otros países de Europa del Este, sufrió los devaneos de Hitler y de su nacionalismo, y por supuesto, localidades como Dolny Slask no se libraron de aquella masacre que comenzó en 1.933 y finalizó en 1.945. Los vecinos de esta localidad volvieron a escuchar, por unos segundos, el estruendo de los cañones; sintieron, por un corto espacio de tiempo, el olor a pólvora en sus calles y revivieron, casi como si estuvera sucediendo, los gritos de 12 millones de inocentes implorando compasión.
| Por su parte, el Ayuntamiento de Dolny Slask investiga el origen del macabro fallo, si bien el propio Consistorio sospecha que podría haberse tratado de un sabotaje de aquellos que antaño arrasaron sus tierras y sus gentes. La escena, que se dibujaba entre la vergüenza y la impotencia, sorprendió a unos ciudadanos polacos que aún no habían olvidado la masacre más sangrienta de la historia. Las miradas de los habitantes de la humilde localidad se perdían en el horizonte intentando buscar la razón de tal desastre holocaústico y el origen de esta terrible casualidad que les devolvía a su presente. Las reminiscencias de la infamia hitleriana continúan actualmente no sólo en hechos como estos, sino en el día a día de nuestras ciudades a través de unas marcadas ideologías que parecen evolucionar hacia los más retrógrados radicalismos. Grupos de tendencia nazi, gobiernos dictatoriales o actitudes impostivas de nosotros mismos son sólo algunos de los ejemplos que marcan la huella de un régimen que creíamos haber olvidado. Sin embargo, en beneficio de algunos, y en prejuicio de otros muchos, estas estáticas convicciones permanecen en una escasa porción de población a la que cada vez le quedan menos aliados. Y porque los tiempos cambian, y porque afortunadamente la mente humana evoluciona, muchas de las víctimas de aquel holocausto tendrán su recompensa en la desaparición de conductas nazis y en la progresión hacia una democracia en la que todos seguimos creyendo. Los inocentes, por su parte, permanecerán en la historia como héroes que se resistieron a las barbaridades de un grupo que tomó la injusticia por su mano. |
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