Supuestamente, estos hechos están sancionados con multas que oscilan desde los 1.500 a los 15.000 eur, además de constituir un delito penal. Posteriormente, la dueña del perro hizo las siguientes declaraciones: “Soy la primera en condenar el terrible hecho”. ”Yo tiré a mi perrito al contenedor, pero porque pensé que estaba muerto, y en mi país no es delito arrojar animales sin vida a la basura. Yo no lo hice, algún desalmado entró en mi casa y me arrojó al perrito tal y como lo encontraron”.
El caso está en manos del Juzgado de Guardia hasta que el juez dictamine sentencia. El perro afortunadamente se ha recuperado y también está a la espera de la sentencia ¡para volver a su casa o no!
Lo más increíble es que el matrimonio tiene más animales en su domicilio, a la espera de que la sentencia sea a favor o en contra de sus dueños. Y yo me pregunto qué pasará si mientras tanto esta familia se entretiene torturando al resto de sus mascotas.
A mí las declaraciones de la señora me parecen más que suficiente prueba de la despreocupación y el desinterés, además de la clara culpabilidad del matrimonio. El amor, el respeto y la concienciación así como el auxilio si es necesario a cualquier ser vivo que lo precise, no es cuestión de leyes según los países, sino de conciencia, humanidad y bondad, se nace o no se nace con ello, no depende de tu procedencia.
María José Torres
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