Siguió lloviendo y el agua siguió subiendo, cuando ya estaba bastante inundado, llegaba a la parte inferior de las ventanas (casi un metro de agua dentro de las casas), pasó un vecino en una lanchita de remos y lo invitó a irse con él a un lugar más alto.
Él le contestó, gracias vecino, pero yo aquí me quedo, mi Dios me protegerá. Total que ahí se quedó; el agua siguió subiendo y el señor tuvo que subirse al techo de su casa y ahí estaba cuando se acercó una lancha de la Cruz Roja y le dijeron: “Señor, estamos rescatando a los damnificados, venga con nosotros para llevarlo a un refugio”.
Él les contesto igual: “yo creo firmemente en mi Dios y ya le pedí que él me salve, así que aquí me quedo”. Cuando el agua ya le llegaba a los pies estando arriba del techo de su casa se acercó un helicóptero del Ejército y le aventaron una cuerda para rescatarlo y nuestro amigo les volvió a decir: “Dios es quien me va a salvar, ya se lo pedí en las oraciones. Él es mi Dios y no me dejará solo”.
Siguió subiendo el agua y cuando ya le llegaba al cuello, un tronco se atoró entre su chimenea y su antena de televisión, con gran trabajo este señor se acercó y con todas las fuerzas lo desatoró permitiendo que el tronco siguiera flotando con la corriente. El señor se ahogó.
Al llegar al cielo pidió con urgencia ver a su Dios. Lo pasaron con Él y entonces le reclamó, “Señor, mi Dios, yo era la persona que más fe tenía en ti, todos los días te rezaba y cuando te pedí que me salvarás, me dejaste morir ahogado. ¿Por qué?”
Dios le contestó: “¿Y quién crees tu que te envió dos lanchas, un helicóptero y hasta un tronco? No existe más ciego que el que no quiere ver; por más que hice por salvarte, tu te opusiste”
“¿Qué querías? Que bajará a decirte, mira sí soy yo, ahora sí aceptas ser salvado? Tú cuando me pides algo yo te lo doy”.
Así, muchos de nosotros que nos pasamos la vida pidiéndole una oportunidad de hacer algo grande con nuestras vidas o de menos tener lo necesario para vivir como queremos, Dios nos pone las oportunidades frente a nosotros, pero como no nos llama para avisarnos que esa sí es la que Él nos mandó, la dejamos pasar y seguimos preguntando por qué no nos escucha.
No dejes pasar tus oportunidades. ¡Actúa YA! |