 El país de la "Pampa" veta el territorio a Prisa para que a través de su emisora argentina, Radio Continental, haga llegar a sus ciudadanos la última hora que acontece en el territorio. La decisión estatal ha caído como un jarro de agua fría para un pueblo en el que la radio, al igual que en el resto del continente latinoamericano, se convierte en un estilo de vida, en una amiga inseparable que muestra a sus oyentes un mundo que no pueden conocer. Las razones que impulsan esta determinación gubernamental se fundamentan en la imposibilidad de fijar "redes privadas permanentes", según apunta la Ley de Radiodifusión de este país, por lo que, dicho esto, una radio posee una efímera existencia en Argentina.
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Esta circunstancia se extiende al resto de países sudamericanos, en los que la censura informativa se convierte en una arriagada costumbre de sus gobiernos para seguir manteniendo la riqueza en manos de unos pocos. Perú, Bolivia, Ecuador o Chile son algunos ejemplos de una economía sumergida que deja a pueblos enteros en una miseria agradecida por sus gobernantes, que no escatiman en la medida del raciocinio para que en palacio no falte de nada. Con estos argumentos, no es de extrañar que moleste la creación de medios de comunicación que puedan dejar en evidencia las acciones de unos gobiernos que distan mucho de parecerse a una moralidad política y ciudadana.
Para los sudamericanos la radio se convierte en un universo paralelo a través del cual se evaden de su pobreza obligada y se recrean en la venida de unos tiempos mejores acompañados de un utópico cambio en la política de su tierra. La FM es, para millones de ciudadanos, fuente inagotable de información, formación y entrenimiento, una filosofía de vida manipulada, en la mayoría de las ocasiones, por un gobierno autoritario que decide la programación en función de una economía que sólo el controla y posee.
Sin embargo, en los últimos años comienzan a emerger emisoras cuyo origen responde a los deseos el pueblo llano, creadas con pocos recursos pero que proliferan al abrigo, en algunas ocasiones, de profesionales de la comunicación que son conscientes de que sus conciudadanos necesitan vida a través de las ondas. Pese a que estos proyectos radiofónicos tienen como misión devolver la sonrisa a quienes la pobreza se la ha arrebatado, se trata de emisoras que viven en la alegalidad, muchas veces maltratadas por censuras, críticas y amenazas.
Radio Continenatal, por el momento, dejará de ser un sueño comunicativo para una Argentina hambrienta de información. Sin embargo, no cabe la menor duda, tanto el país de la "Pampa" como sus vecinos latinoamericanos seguirán luchando por unos medios de comunicación en los que la voz de los mismos sea el ciudadano, auténtico y único protagonista de unos hechos que sin él, dejarían de ser noticia. |