Crisis económica y comida basura se han convertido en términos inexorablemente unidos dado el crédito cada vez más deficitario de los europeos. La confirmación de la creación de 4.000 empleados de McDonald’s en el Reino Unido demuestra que no hay mal que por bien no venga. La cadena líder en hamburguesas de dudosa procedencia ha visto crecer en los últimos meses la demanda de sus servicios, y la consecuencia directa ha sido la inversión en nuevos centros en los que los protagonistas indiscutibles son los menús rápidos y asequibles. Una tentación a la que nuestros bolsillos no pueden resistirse, y más cuando comer en la calle se convierte en el pan nuestro de cada día.
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El nuevo reto de McDonald’s demuestra que mientras que la crisis se convierte en el final para algunos, para otros significa el comienzo de una nueva economía emergente. La cadena en concreto registró en el primer semestre de este año un incremento en sus ventas del 10 por ciento, precisamente cuando la crisis comenzaba a despuntar. Entre tanto, en España, y también durante el primer semestre, un total de 11.000 empresas se veían obligadas a cerrar por falta de liquidez, según apuntaba el “Estudio Radar” de la entidad asesora Axesor. Dicho todo esto, no cabe la menor duda de que tanto a McDonald’s como a otras compañías similares, la caída de grandes magnates le ha servido para rentabilizar al máximo sus servicios, mantener sus adeptos y ganar nuevos clientes que se ven obligados a bajar el “ranking” en su almuerzo diario.
El crecimiento de McDonald’s en el Reino Unido no es más que una prueba de que los británicos ya han comenzado a tomar medidas ahorrativas para sobrevivir al caos económico. Nosotros, españoles de pura raza, más recatados, continuamos acudiendo a las terrazas y taperías como si la historia no fuese con nosotros, si bien es cierto que de vez en cuando se puede divisar un ligero vacío en los tradicionales chiringuitos de playa o en los asequibles restaurantes italianos. Y es que nuestro dinero ya no está para tonterías.
Atrás quedaron para muchos las mariscadas veraniegas o las cenas en la orilla de la playa. Atrás quedó, también, el sacrificio ahorrativo de un año entero para disfrutar de unas merecidas vacaciones aislados de la rutina diaria. El presente se convierte para todos en una supervivencia que cada vez se parece más a la teoría de Darwin, y es que, finalmente, sobrevivirán los más fuertes. Sin embargo, siempre quedará McDonald’s, donde la calidad queda al margen para dar paso a la inmediatez acompañada de unas cuantas monedas que nos darán de comer. En el fondo, sarna con gusto no pica.
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