Emprender en Andalucía se convierte en una tarea casi utópica para los amantes de los proyectos libres e independientes. Paradójicamente, la mayoría de empresas de nueva creación se encuentran con censuras, favoritismos e injusticias. A menudo ocurre que no ganan los luchadores, sino los que nacen, crecen y se enriquecen con un padrino. También es cierto que se pueden dar los dos factores: favor y tesón. Sin embargo, es un poco más extraño que el concepto de emprendedor consolidado vaya unido al de mérito y voluntad.
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A pesar de que actualmente los jóvenes tienen más facilidades para hacer realidad un proyecto de futuro, lo cierto es que persiste el hecho de que la toma de decisiones llega de la mano de unos pocos mandatarios que priorizan la cuna en la que nacemos.
Andalucía intenta, desde hace algunos años, consolidarse en el ámbito de las TICs a través del Parque Tecnológico ubicado en la capital malagueña. Así, en sus instalaciones acoge empresas de nueva creación dedicadas a la Comunicación y las Nuevas Tecnologías. Un avance significativo que aporta a Andalucía un papel fundamental en el desarrollo industrial de vanguardia. Sin embargo, no todos los jóvenes pueden materializar su idea en una oficina de este parque, pues hay que cumplir unos requisitos que en ocasiones son incompatibles con, sirva de ejemplo, el origen geográfico del emprendedor.
El Parque Tecnológico de Andalucía, aseguran los expertos, empresarios e instituciones públicas, es la mayor incubadora de empresas de toda España en su campo, y que se mantiene, además, gracias a un fuerte respaldo de la Consejería de Innovación y Ciencia. Es este organismo público, precisamente, el que otorga el beneplácito de tener una oficina o no en la capital malagueña al abrigo de subvenciones y asesores que marcan las pautas de los primeros pasos del negocio. Muchos jóvenes consiguen el anhelado espacio en el Parque Tecnológico, y otros se quedan en el camino con ideas absolutamente sorprendentes y originales. Pero Andalucía, quizá, no esté preparada aún para la apertura a nuevos campos del conocimiento, esos que a su vez generan negocio en las grandes capitales de España como Madrid o Barcelona. Un ejemplo de ello es la Ciencia en su estado más puro, un campo que posee una vaga presencia en nuestra Comunidad Autónoma. El problema quizá radique en que ámbitos como las Nuevas Tecnologías tienen cabida en cualquier sector industrial y actualmente se convierte en un negocio seguro. Sin embargo, la Ciencia, en todas sus vertientes, es una industria tradicional, y paradójicamente, poco conocida o que a menudo despierta escaso interés. Precisamente porque se convierte en un campo imperecedero suscita una cierta “ignorancia” y por tanto, escasa repercusión social, económica y mediática.
Andalucía avanza, a pasos agigantados, en materia de Comunicación y Nuevas Tecnologías, y muchos emprendedores son protagonistas de ello. Sin embargo, otros campos del saber empresarial quedan al margen y se convierten en proyectos en los que no se cree o simplemente se obvian. Quizá es hora de que la multidisciplinariedad forme parte de nuestra empresa andaluza, pues la riqueza de una tierra se encuentra, precisamente, en la pluralidad de ideas, creencias y conocimientos que la componen.
Muchos andaluces acaban su carrera pensando en un futuro independiente, y la Administración Pública es aquí la encargada de poner su granito de arena para que su sueño deje de ser una quimera. |