Poco a poco fui desarrollando las tareas habituales y necesarias para comenzar un nuevo día de trabajo. Me senté frente al ordenador a leer el correo y las noticias del día, entrando, de esta forma, en contacto con el mundo que nunca para. Fui organizando los papeles, los folletos, la bolsa, como podía, porque el cuello no daba demasiada tregua. Había que salir a la calle y realizar trabajo de campo, el destino aún no estaba elegido. Por si no lo saben, cuando me lo permiten mis tareas y me apetece una caminata, voy a repartir mi publicidad por farmacias o bien buzoneando por urbanizaciones, así, de paso, veo bonitas casas, tomo el sol, conozco lugares. Pues hoy era uno de esos días donde iba a sembrar un poquito, ya que todas las empresas tenemos que hacer constante publicidad de nuestros servicios. Entre tantos lugares a los que dirigirme mi preferido es uno: Alhaurín de la Torre. Por un lado aprovecho para conducir, haciéndome acompañar de buena música. Por otro, sus urbanizaciones tranquilas, ordenadas, donde algún que otro can me da un susto de muerte, pero donde puedo pasear con la sensación de labrarme mi presente y mi futuro. Lógicamente, no todo mi trabajo ha de ser estudiar y atender pacientes. También disfruta una moviendo el esqueleto, que buena falta hace, y echando, buzón a buzón, lo que puede ser un servicio necesario para muchas personas y una forma de alcanzar nuevos horizontes para otras. Me encaminaba pues, nuevamente, hacia Alhaurín, un lunes con tortícolis. El tráfico no era excesivo a estas horas, aunque estamos en verano y encontrar una carretera vacía y transitable es casi un milagro. Había que decidir por dónde empezaría el reparto, mi idea era ir a alguna urbanización a la que no hubiera ido antes, lo cierto es que ha crecido mucho y son bastantes los lugares que desconozco. Me decidí por Taralpe, días atrás había pasado por allí. Una vez en el lugar comprobé que aún hay muchas casas sin habitar, por lo que no era una buena opción darse una caminata sin fruto. A otro lugar. Me dirigí entonces al archiconocido “Pinos de Alhaurín”, del que tantos comentarios leo en Alhaurin.com y lo cierto es que razón tienen. En sí no parece una urbanización cual estoy acostumbrada a ver por allí, sus calles son desordenadas, poco urbanizadas, lo que muestra que fue un lugar habitado por familias que poco a poco fueron construyendo allí sus casas, lejos de las macrourbanizaciones que ahora se construyen donde las viviendas son un calco y los arbolitos y las aceras venden “una vida perfecta”. Los vecinos reclaman, con justicia, al Ayuntamiento servicios para estas urbanizaciones más antiguas, calles bonitas y cuidadas, recogida adecuada de residuos, etc. Pinos tampoco fue el lugar elegido para mi trabajo, sus calles abruptas y empinadas me hicieron desistir. De esta forma fui, con mi coche, transitando lugares que son alhaurinos cien por cien y que no conocía si no de oídas. Pasaba la mañana y de forma salpicada fui dejando mis folletitos en algún que otro buzón, bajo la tímida y suspicaz mirada de algún vecino, temerosos ya después de tantos robos. Es bonito ver cómo las personas han ido construyendo, algunos más modestamente que otros, sus casas a lo largo de los años y hoy disfrutan de un bello y privilegiado lugar para vivir. Sus piscinas refrescantes me tentaban tras los muros, cuántas buenas tardes se pasarán en ellas al calor estival y cuántos buenos ratos en esos patios donde tomar un gazpacho en compañía de familia y amigos. Hoy no era momento para el ocio, sino para el negocio, y allí pasé mi mañana y allí dejé unas letras en cada buzón para que sepan dónde pueden acudir ante una duda, un problema, una crisis y encontrar un profesional que le escuche. Finalizada mi tarea, pues otras cosas me esperaban, realicé una compra en un supermercado de la zona y me encaminé a casa tras haber disfrutado de un paseo por Alhaurín de la Torre, donde como en tantos otros lugares, surgen polémicas, disputas, rifi-rafes y donde a veces se olvida de lo bello que es vivir si se tienen ilusiones y se saben encaminar las fuerzas para conseguirlas.
Helena Trujillo Psicoanalista www.htpsicoanalisis.com Telf. 952 39 21 65
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