Estos últimos dias se me ha tachado de acosador, se me ha invitado desde diversos estamentos a rebajar la "presión" periodística ejercida contra determinados personajes de esta nuestra comunidad y se me ha censurado un escrito por lo mismo. Tengo la impresión de que todos quieren que determinados personajes sigan campando a sus anchas y todo aquel que intente denunciarlo debe ser neutralizado. Muchos intereses creados, muchos estómagos agradecidos. Cada pueblo tiene lo que se merece. Pero parece que cambiar esto no está en nuestras manos. Y si lo estuviera, las fuerzas vivas y/o muertas se encargan de tumbarnos en el suelo y pisotearnos. Todo esto me ha recordado un poema de Jorge Manrique titulado "Coplas a la muerte de su padre". Y como me gustó de chico y me gusta ahora, se lo pongo a continuación como artículo de hoy. Nada de política. Ni denuncia. Blanco y limpio, nuevos tiempos.
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Jorge Manrique (1440-1479)
Coplas por la muerte de su padre
Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor.
Pues si vemos lo presente cómo en un punto se es ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado. No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera, más que duró lo que vio porque todo ha de pasar por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir; allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos, y llegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos. |