El móvil “teléfono” con el que se grabó estaba bastante cerca de la víctima porque se escucha muy bien a ambos, con poco ruido de ambiente.
Comienza a grabar justo en el momento en que el insultor está usando su tiempo de exposición. Por el hecho de empezar a grabar en ese momento se puede pensar en la premeditación y previsión de lo que iba a suceder.
La víctima, a sabiendas de que no se debe interrumpir al insultor en su tiempo, empieza a interrumpir e incordiar, lo que va degenerando en crispación. El insultor le pide que no le interrumpa, la víctima sigue interrumpiendo y mirando al móvil: Se está grabando. Son detalles que aparentemente no son importantes pero a través de los cuales se puede entender el desenlace, no justificar, desde luego.
El insultor la amenaza con llamarla al orden si sigue interrumpiendo, ella sigue erre que erre, sigue mirando al móvil en grabación. ¡Ya falta menos para llegar al final perseguido!, sacar de quicio al insultor. Lo consigue.
A partir de ese momento se lanzan las frases habituales que ya no son de interés, por conocidas, satisfecha ordena que se pare la grabación vayamos a que al insultor se le ocurra disculparse y eso no interesa que quede grabado.
Conclusión: "Existe una provocación previa y calculada de la víctima para obtener el final deseado.”
En Miami se respetan los tiempos, y si no es así, lo arreglan con las armas, en este país se puede usar cualquier estrategia, por inmoral que sea, para obtener un fin. Entre personas, personas normales, en el ámbito civil, esto no se da, cuando algo no interesa o no se está de acuerdo, se le da la espalda y se acaba la discusión. Cuando una persona te interrumpe indiscriminadamente para sacarte de quicio le dices: “¡Hasta luego lucas!”, pero en política, en política es otra historia.
Feliz Navidad M. Porcel 15-05-08 |