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Insultos a la carta Paco Acosta | | Paco Acosta. 15.05.08 | | Hay gentes, pretendidamente inteligentes, en las que no me sorprende su conducta de acoso directo contra determinadas personas, porque es lo vienen demostrando desde que escriben en estas páginas demostrando un odio que traspasa toda capacidad de entendimiento. Su inteligencia se limita a lanzar insultos apelando a la libertad de expresión como si esa libertad, ganada con la sangre derramada de muchos españoles, hoy no sirviera más que para insultar a los demás desde la cobardía de un odio visceral acumulado. Esas personas no hablan, vomitan, y sólo hay que verles la cara para ver que están envenenadas con su propio vómito. Solas y amargadas, están habitadas por una insana maldad que las alimenta y corroe. De ellas no se espera más altura que la de los saltos, torpes y ridículos, de los sapos queriendo elevarse del suelo lodoso sobre el que se arrastran.
| Pero sí me extraña que este tipo de acoso lo lleven a cabo personas que, en según que momentos, han demostrado ser capaces de hacer críticas no menos objetivas por hacerlas desenfadadamente, han dado pruebas de una justa y total ecuanimidad y, sobre todo, han sabido comportarse con una categoría moral muy por encima de la de esas otras gentecillas siempre dispuestas al insulto y descalificación sistemática de aquellos que, vaya usted a saber porqué razón, no les caen bien. Habría que evitar a toda costa que esta página se convirtiera en el equivalente a un combate de boxeo en el que los golpes bajos descienden del cuadrilátero y alcanzan al espectador, en éste caso los lectores, que vemos consternados como adquieren más importancia los diplomas y notas escolares de ciertas personas que la propia gestión que éstas tienen a su cargo, y la obligación de llevar a buen término sus respectivas funciones. Lo queramos o no, ciertos temas rebasan lo estrictamente profesional para entrar de lleno en lo personal; y eso es lamentable. Y me duele tanta ligereza, venga de quien venga y vaya contra quien vaya. Luis Bravo es un buen contrincante para medirse con él dialécticamente; encaja estupendamente y si tiene que dar un golpe en las bajeras, lo da y se queda tan pancho; pero atacar a su hija, Marina Bravo, con el pretexto de herir al padre no es de recibo. Porque a Marina no se la está juzgando por su buena o mala gestión al frente de la Concejalía a su cargo: se la está poniendo en la picota por una supuesta carencia de título universitario aprovechando unas desafortunadas y supuestas declaraciones de algún antiguo profesor que, de ser verdad que las ha hecho, no ha quedado en muy buen lugar. Y eso es buscarle las cosquillas a Luis utilizando a su hija. Creo sinceramente que Marina Bravo está llevando a cabo una muy buena labor en la función que le corresponde como Concejala. Pero a mí me interesa mucho más el lado humano de las personas con las que trato, que su posible valía o solvencia. Y Marina, como persona, es una de las más sencillas y agradables que conozco, además de poseer un carácter de lo más afable y generoso. Y como he dejado dicho que lo que más valoro en la persona es la humanidad y la sencillez, no me extraña ni asombra el que haya personajillos como los primeros, que no conocen tales cualidades, además de que tampoco sabemos, ni nos importa, sus credenciales universitarias. Y al mismo tiempo me sorprende y me duele que a los segundos se les pueda o se les llegue a confundir con los primeros. Porque en el fondo son otra cosa mucho mejor que lo que dicen las apariencias.
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