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Tu diario. Libertad de expresion

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El diván invisible y Helena Trujillo
Capítulo primero: Sobre la comunicaicón
"A veces te llevas mal contigo mismo y por eso ese día no te funciona con nadie"

Víctor Frías. 09.11.08 

Helena Trujillo es psicoanalista, nacida en Benalmádena aunque de raíces Alhaurinas, trabaja y reside en Málaga capital. Cosas del destino. Sentada tras la mesa de su despacho, lo primero que llama la atención es la intensidad que imprime a cada una de las palabras que pronuncia, como si fuera un esfuerzo que hace para transmitir sus ideas, la convicción que ella misma siente por ellas. Esta forma de expresarse, los ejemplos que utiliza y las afirmaciones que salen de sus labios hacen que uno, en algunos momentos, tenga que esforzarse en no cambiar su expresión o la postura que mantiene en el asiento. Seguro que la entrevista que sigue no dejará indiferente a nadie.

Háblanos un poco de ti

Soy Helena Trujillo, soy Licenciada en Psicología por la Universidad de Málaga, Experta en criminología y Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero, el mismo año que empecé a estudiar psicología empecé a estudiar psicoanálisis, he ido compaginando ambas formaciones. Una vez concluida psicología y colegiada, mi carrera profesional ha ido en dirección al psicoanálisis que es un poco lo que motivó que estudiara psicología. Hace ocho años que empecé a ejercer profesionalmente. Soy psicoanalista del departamento de clínica de la escuela, profesora del departamento de  formación empresarial de la escuela, un elemento que desde que se fundó la escuela en Madrid se ha abierto a un nivel más profesional dando cursos de formación, a nivel de gestión emocional. Todas las empresas no tienen las mismas necesidades, pero en general, no se han tenido en cuenta los aspectos inconscientes que intervienen en las cuestiones laborales. Por ejemplo, hay unos cursos de “Gestión por confianza” en el sentido de cómo a través de la gestión de ciertas emociones o de sus vínculos con la empresa y lo empleados pueden optimizar los recursos que tienen, teniendo en consideración ciertos conceptos inconscientes que no eran tenidos en cuenta, reconocer la envidia, los celos, el amor que se puede producir en las relaciones de trabajo identificar esas cosas que sirven para entender los procesos que acontecen día a día en el trabajo. Es una formación que nos abre un campo muy amplio y se está desarrollando en toda España. También se va a abrir otro campo que es el de peritaciones judiciales.

Desde que estoy en estas instalaciones, hace ocho años, imparto charlas de psicoanálisis. Esta disciplina, como la psicología y la salud mental, en general, son grandes desconocidas aún entre la población. Es un deber de los profesionales difundir esa información, hacer que sea un recurso cada vez más asequible y desplazar ciertos mitos que sobre el psicoanálisis existen y que nada tienen que ver con la realidad. Es una herramienta que se puede usar en la empresa, en el profesorado como instrumento de enseñanza y para manejar a esos alumnos, la gestión de la ansiedad. Es una herramienta aplicable a todos los ámbitos de la vida y que está infrautilizada.

 ¿Profesionalmente te centras en estos aspectos formativos o también atiendes temas clínicos?

La Clínica es un elemento fundamental en la atención al paciente pero se compagina con los otros elementos.  

¿Cuáles son los trastornos que tratas con más frecuencia?

 En nuestro caso no es como en otras disciplinas en que el primer encuentro es diagnosticar al paciente. En el psicoanálisis el diagnostico es lo último que se produce porque uno no busca el diagnóstico, en el sentido que no se entiende que falta o sobra algo, o incluso “que te falta un tornillo” como antes se decía. La persona puede venir con un determinada “nosología” puede estar deprimido pero eso se va transformando a lo largo del proceso. Nosotros tratamos a personas, no tratamos a los síntomas. Cuando el paciente está en tratamiento, al poder poner sus afectos en palabras, en lugar de los síntomas, que los procesos  psíquicos vayan aconteciendo de otra forma, no necesita quedarse en una determinada patología o en un determinado cuadro. Cuando un paciente está en tratamiento, no decimos que es un depresivo, sino que en ese momento está deprimido, pero en el siguiente momento puede estar de otra forma, es como intercambiable.  

¿Puede ser un punto de vista más positivo para el paciente a la hora de tratarse?

 Claro, Freud descubrió que en aquella época se consideraba la enfermedad mental como una alteración orgánica, se buscaba en el cerebro alguna alteración y él descubre que todas las personas sanas y enfermas, sueñas, tienen olvidos, tienen los mismos procesos psíquicos. La persona normal no tiene ese síntoma que le limita su vida pero tiene los mismos procesos, se da cuenta que no hay un fallo en el aparato psíquico, en el enfermo, sea deprimido o lo que sea, no hay fallo en el mecanismo, sino que todos deseamos igual, todas las personas tenemos el mismo aparato y la misma forma de funcionar pero nos diferenciamos en que unos tomamos unas decisiones de una forma y otros de otra, nos diferenciamos no en lo que deseamos  sino en como cada uno lo lleva a cabo. 

¿Eso depende solo de uno mismo o también de entorno que le rodea? 

 También, pero es como una interdependencia, me refiero, uno va captando de lo ambiental, de la familia que uno tiene, de cómo te tratan, vas eligiendo qué palabras te influyen y cuáles no. Porque hay palabras que no escuchas o cosas que no tienes en consideración. No solo es porque he tenido estos padres yo soy así, sino es como tu también has construido tus propios padres porque hay cosas que no has tenido en cuenta y cosas que sí. Basta decir que hay recuerdos que uno tiene y cosas que no recuerda. Cada uno ha vivido las cosas de forma diferente. Nuestra vida está compuesta como un lenguaje, no como una alteración de los órganos.

 Entramos en un tema que es la comunicación con tu entorno que es básico ¿no?

 Pero no sólo cómo te comunicas, porque a veces no es que uno hable mucho, ni venir y vomitarlo todo, la catarsis era un método terapéutico que había en el siglo XIX-XX que consistía en eso, usted hable de todo y ahí se va liberar. No era efectivo porque no sólo es hablar por hablar, una persona puede hablar mucho y sin embargo, no saber por qué hace las cosas de una determinada manera, por qué ha elegido al marido que ha elegido, por qué quiere adelgazar y sin embargo come mucho, es decir, lo fundamental, más que las palabras dichas, es que sean dichas en el entorno, en el compromiso de una sesión de psicoanálisis, ¿Por qué? Porque tenemos en cuenta ahí el concepto de inconsciente, es decir, cuando uno habla al llegar a la consulta y dice "me pasa esto” el psicoanalista sabe que lo que uno dice no coincide con lo que realmente es, con el deseo inconsciente que nunca puede ser dicho como tal, el paciente nunca dice como tal cual es el motivo de su problemática. Uno puede decir “quiero ir a tal sitio” y sin embargo, luego vas y te equivocas de calle, ¿era un olvido azaroso? O es que uno no quería ir a ese lugar. Es decir, uno se entera después, de si ha llegado al lugar o se ha equivocado, y si te has equivocado tienes que reconocer que había un impedimento en ti - (en este momento Helena enfatiza mucho estas dos palabras) – para llegar a ese sitio, y eso es el inconsciente. Cuando uno en lugar de decir un nombre dice otro, no es un fallo de memoria, es que hay algún impedimento en esa relación, o me he acordado de ese otro nombre, quisiera estar con esa persona, o hay algo en ti, por ejemplo que no soporto. La lectura se tiene que hacer después de que se contestan las cosas. Se hace poniendo al paciente a hablar, y vamos a ir averiguando cuales son las problemáticas que esa persona tiene, poder tomar determinadas decisiones, o poder renunciar a ciertas cosas, porque a veces hay cosas a las que uno tiene que renunciar, por que están prohibidas o son inadecuadas para uno, y a veces por no poder separarnos de ciertos lazos, claro, no puedes dar los siguientes pasos.

Lo más importante del psicoanálisis es el concepto de inconsciente, que es lo que lo diferencia de la psicología. Para la psicología lo importante es “que inconsciente es” en el sentido de no te has dado cuenta de lo que has hecho, no has prestado atención, es como un fallo. Para la psicología la conciencia, lo que uno dice de sí mismo es la verdad. Si un paciente dice “me duele aquí” va al psicólogo a que le resuelva ese problema.  

Desde este punto de vista, parece muy importante la comunicación no verbal. Lo que decimos con gestos, no tonos de voz, etc...  ¿No?

 Por ejemplo, si el paciente viene tarde, es importante. Es importante que tenga sus horarios, sus sesiones establecidas para él. Porque si te dice, “ya te llamaré” entonces nunca se equivoca, es importante que tal día a tal hora tenga que estar en la consulta, y ahora, si vienes antes tiene una lectura, si vienes en punto otra, si vienes después otra. Si llegas tarde y dices “ha sido un atasco” es que hay un atasco en ti. Cada uno hace las cosas como las hace. Si se le olvida pagar… todo es información. 

 Todo eso es importante en el psicoanálisis y en todos los aspectos de la vida ¿no?

 Sí, pero a veces uno lo entiende como una equivocación, como mala suerte, como “vaya día que llevo” pero no piensas que eres tú el que está complicado. O dices “hay que ver que mal me mira esa persona” y a lo mejor ese día el que miras mal eres tú, a lo mejor ese día hay algo en ti, todo tiene que ver con tu posición en el mundo, o en ese día como te llevas contigo mismo. A veces te llevas mal contigo mismo y por eso ese día no te funciona con nadie. 

 ¿Lo que transmites es fundamental?

 Es como si dijéramos, la mirada, uno no lo ve todo, uno capta lo que le permite su moral. Es como si hacemos una charla y cada una de las personas escucha una charla diferente, porque cada uno se ha permitido unas cosas, todo no lo ha podido escuchar y hay cosas que no tolera. Cuando uno sale a la calle ve unas cosas diferentes, salimos los dos y tú te fijas en unas cosas y yo en otras. Más allá de la atención está lo que te permite tu moral o donde está tu interés.

 ¿Te refieres a ver lo que quieres ver y escuchar lo que quieres escuchar?

 Pero no sólo eso, ver conscientemente, sino que es como una ceguera que tiene uno, una intolerancia. El psicoanálisis te permite eso de “hoy parece que vivo la vida de otra manera” es porque tienes otra tolerancia a las cosas, a las personas, ve más cosas porque ahora tienes más palabras, ahora tienes mayor tolerancia. Con más ingredientes la vida se vive de otra manera. 

 ¿Podemos decir que a través del psicoanálisis podemos llegar a ser más consciente de esas situaciones y tú mismo influir sobre esas reacciones que tienes sobre lo que te rodea?

 No tanto. Por ser más consciente, eres más responsable de la vida que tienes. Y la responsabilidad o tu implicación pues te hace pensar “si esto me ha ido mal, hay algo en mi que va mal, algo que me fastidia de mi mismo”. Entonces, es como decir “tengo que trabajar en mí para solucionar esa cuestión”. Quiero tener este coche ¿por qué no lo tengo? O quiero tener pareja ¿Qué hay en mí que detiene ese deseo? O aceptar que si no lo tienes es que no lo deseas. No solo es consciente decir “venga, puedo controlar mi vida”, la vida no se puede controlar, ni los olvidos, no es controlable por mucho que uno se psicoanalice. Pero uno digamos que se pone menos zancadillas. Sintomatiza menos. Puede conversar más de las cosas que te pasan y antes, como no podías hablar de esas cosas, no las reconocías, actuaban de forma inconsciente, como síntomas o problemáticas.

 ¿De ahí viene esa expresión que alguna vez he leído de “uno debería psicoanalizarse una vez en la vida?

 Al menos tomar alguna sesión para pronunciar unas palabras de otra forma, en otro sentido. Como te he dicho, no solo es hablar por hablar, sino hablar de otra manera, hablar para alguien que no veo, para saber algo de mí.

 ¿Contar tus problemas a alguien ajeno a quien no vas a preocupar, ayuda a poder contarlo?

 Hay quien dice que el psicoanalista es el mejor amigo que uno puede tener, en el sentido de que en primer lugar es tu trabajador. Eso es una libertad, porque tú le estás contratando su tiempo, no le debes nada, no tienes ninguna deuda con esa persona. Es una persona que no te va a envidiar, porque a veces nos pasa que cuando a uno le va bien o uno está contento pues vas y se lo cuentas a alguien y eso genera envidia en esas personas. Te da apuro de decírselo o notas en el otro que te corta inmediatamente, te empieza a hablar de sus cosas, te coarta. Eso es envidia, y es peligrosa porque el otro va a por ti. Soportar el bien de los demás no es muy fácil. El psicoanalista no te va a envidiar, es un trabajador que está ese tiempo y le has pagado para que tolere tu crecimiento. A veces las otras personas nos ponen en evidencia cuando dicen “mira, antes no eras capaz de hacer esto y ahora sí”  y uno siente como que antes era estúpido y el paciente no quiere que nadie le recuerde su pasado. El psicoanalista tampoco le va a recordar que antes era un estúpido y ahora ha crecido, no, le respeta su crecimiento. Puedes hablar con él de cosas que no te atrevería ni a ti mismo contarte y en ese tiempo se van a decir esas palabras necesarias. Es alguien que sabes que no desea un mal para ti. En general, también le pagas para crecer. El psicoanalista es un trabajador interesante – (Helena dice esta frase en tono un poco divertido) - . Se puede vivir sin psicoanalista, claro está, pero el que ha tenido psicoanalista eso no lo pierde, esa relación tan particular, esa libertad que uno gana en ese tiempo y esa sensación de tener tu vida supervisada en cierta medida, saber que uno no está solo…

 Esa tarea para uno mismo es agotadora ¿no?

 No puedes hacerla, porque el inconsciente solo se puede leer en ese trabajo. Uno, de sí mismo, no puede saber. No puede auto sicoanalizarse. Siempre es con un psicoanalista, con un pacto económico que es difícil de entender y la gente piensa que uno solo puede. Pero uno solo ni puede auto curarse. Tanta autonomía genera mucha agresividad en esta sociedad en la que vivimos. Pensar que uno solo tiene que poder. Ir al psicoanalista supone reconocer que uno solo no puede. Reconocer que hay otros nos da salud. Ir al dentista y que te arregle la boca te da salud, ir al panadero a comprar el pan te da salud. Ahora, si todo lo quieres hacer tu solo entonces eres un loco, que no reconoce que en el mundo hay otras personas, y personas antes y después que tú. Saber que uno es alguien entre un mundo es un grado de salud. 

 El siguiente tema que tocaba era las relaciones entre padres e hijos y la primera pregunta fue:

¿Cómo motivar a los hijos al estudio? ¿Cómo identificar lo que le gusta y encauzarlo a una profesión a unos estudios?

¿Cual fue la respuesta de Helena?......

Una entrevista de Víctor Frías. Noviembre de 2008

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