Aún conserva en su memoria tantas penas soportadas; le ruedan tantos recuerdos por las sienes plateadas, que inclinando la cabeza por el peso doblegada ve como tras una vida al trabajo dedicada y presintiendo el final de su penosa escalada, sólo le queda sufrir una vejez desdichada de negras cavilaciones, de privaciones cargada, y condenado a vivir de una pensión tan escasa que con ella es imposible saciar el hambre atrasada.
Al presente, rememora las mil fatigas pasadas hijas de un salario estrecho y una pobreza tan ancha que entrambos, de la miseria los límites traspasaban; que conservar el trabajo que cual limosna le daban era sufrir la injusticia con la boca bien cerrada, y aún sentirse agradecido de la mezquina soldada que por molerse los huesos un vil patrón le pagara.
Embebido en los recuerdos da el viejo una cabezada y mil telúricos sueños pueblan su cabeza anciana. Y en sus sueño ve cien hombres las manos entrelazadas, que ondean una bandera blanca y verde, verde y blanca, y que al izarla en su tierra -tal como Blas la soñara- traen la paz, la justicia, el trabajo y la enseñanza, únicas luces que alumbran de los pueblos la esperanza. El viejo, abriendo los ojos la vista al cielo levanta, rogando que Andalucía no defraude su confianza.
Y al pensar que Dios pudiera atenderlo en su demanda una sonrisa ilumina las arrugas de su cara de los pueblos la esperanza. |