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La Asociación Torrijos 1831 recuerda en La Línea, la toma del fuerte de Santa Bárbara por los hombres de Torrijos
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Torrijos 1831. 05.03.14 
Siempre rescatando nuevas páginas relativas al defensor de las libertades de derechos constitucionales de nuestro país, José María Torrijos, nuestro colectivo ha realizado un homenaje en la Línea de la Concepción (Cádiz), con presencia del Concejal de Cultura de la localidad y sobre las ruinas del antiguo fuerte de Santa Bárbara; a la toma que un puñado de valientes liberales a sus órdenes, llevaron a cabo en la noche entre el 28 y 29 de enero de 1831, al Cuerpo de Guardia situado justo por delante de lo que había sido el antiguo Fuerte de Santa Bárbara, ya para entonces en ruinas como el resto de la antigua Línea de Contravalación. Los liberales tomaron ese punto y el resto de los cuerpos de guardia, siendo atacados a continuación por varias unidades absolutistas. De aquellos sucesos históricos, hablamos a continuación.
La Línea de Contravalación.
 
Tras el cúmulo de errores que llevaron e 1704 a la pérdida de Gibraltar; el rey Felipe V ordenó la construcción de una línea de fortificaciones que cerrara, a una distancia de 1.450  metros de la Puerta de Tierra de Gibraltar, el istmo de parte a parte. La levantó el marqués de Werboon y costó 8.467.516 reales de bellón, durando la obra desde 1731 a 1735. Siguiendo el libro de nuestro compañero Esteban Alcántara, “Gibraltar 1704: el último día”, citamos: “La Línea de Contravalación, nombre con el que nació, empezaba en la playa de levante con el fuerte de Santa Bárbara, con planta en forma de flecha, cerrado por su gola con un fuerte de hornabeque, y rodeado de terraplenes, rampas y contraescarpas. En este fuerte se emplazaron 18 cañones y 6 obuses, que cruzaban sus fuegos con el otro de San Felipe, situado en el extremo más oeste del istmo. La Línea se convirtió en un camino cubierto, formado una defensa de redientes con cortinas, copiado del sistema Wamba, con otra línea de redientes y cortinas angulares del sistema de Claivas, en la que destacaban en el centro los fuertes de San Benito y Santa Mariana”.
El echar tan atrás la Línea de Contravalación fue un error, porque a la larga, fue lo que permitió a los británicos hacerse con el istmo, terreno no cedido en el tratado de Utrecht. Los puestos avanzados españoles en el istmo se mantuvieron cerca de la muralla de Gibraltar, hasta que las hostilidades se rompieron de nuevo en 1727. Los centinelas españoles se retiraron entonces donde estaba ubicada la Gran Batería, a mil metros de la plaza. Cuando en 1728 se firmó el fin de las hostilidades, los españoles volvieron a ocupar los destacamentos de la torre del Diablo y del Molino, cerca de las murallas gibraltareñas. Será la construcción de la Línea, la que dejará indefenso el istmo. Bien es verdad, que militarmente atendía esa distancia a lo que recomendaba entonces el Tratado de Artillería (el conocido “punto blanco” para las piezas del cañón del 24, con un máximo de alcance de 800 metros), pero eso no quitaba para que los españoles, en los periodos de paz, hubieran tenido fortificaciones menores (garitones, parapetos y cuerpos de guardia) sólo a cien metros de Gibraltar, distancia suficiente para que una pedrada de los centinelas británicos no hirieran a un español.
 
Más errores y la voladura de la Línea en 1810.
 
Siguiendo de nuevo la obra de Alcántara, citamos: “En el año 1810, cuando el avance del ejército napoleónico en Andalucía era incontestable, el gobernador inglés de Gibraltar, Colin Campbell, propuso a la autoridad española en el Campo, la demolición de La Línea de Contravalación, alegando para ello, que si caía en manos de los franceses, podía significar un serio peligro para Gibraltar. Con esta petición, los británicos trataban de “matar dos pájaros de un tiro”. El primero, el más inmediato, eliminar una seria defensa al enemigo francés. El segundo, una vez llegada la paz, los españoles tendrían de nuevo que rehacer aquella obra faraónica, y para entonces, quizás, ya se podrían ejercer presiones políticas y diplomáticas, con el fin de que esa línea fortificada no existiera jamás volviera a levantarse”. 
La autoridad españolas podrían haber expuesto otra solución, al revés: fortificar más el norte de la línea, pues los fuertes estaban construidos con defensas a retaguardia, siendo unidades españolas las los defendieran Si los británicos, como aliados que eran entonces, querían colaborar en la misma (tal como se hizo en Tarifa), que lo hicieran. Y una vez que terminara el acoso francés, volverían a la Roca. Pero las autoridades españolas fueron a lo fácil y pusieron sólo la condición que fueran los propios británicos los que llevaran a cabo la voladura, cosa que “con mucho gusto” hizo el Royal Enginers, con hornillos preparados de antemano. Así se perdieron las fortificaciones que con tanto costo se levantaron en La Línea. Curiosamente, Napoleón nunca se planteó sitiar Gibraltar.
 
El ataque de los liberales exiliados en Gibraltar.
 
En 1831, cuatro cuerpos de guardia guarnecidos por destacamentos absolutistas, se encontraban emplazados en los lugares donde estuvieron ubicados los antiguos fuertes. Torrijos concibió, que el primer ataque debía hacerse sobre el de Santa Bárbara. Con sólo treinta y tres hombres bajo su mando y veintiocho viejos fusiles sin bayonetas, sorprendieron al destacamento de Santa Bárbara, al que hicieron prisionero. A continuación. Torrijos y sus hombres cogieron igualmente por sorpresa a tres guardias más, haciéndose con el armamento y munición de estos puestos (los fusiles eran mejores y además tenían bayoneta para poder hacer frente a la caballería enemiga). Dejaron atrás las ruinas de las antiguas fortificaciones y continuaron su marcha hacia el pueblo de La Línea. La columna llevaba en medio a los prisioneros capturados, que eran más que la propia fuerza liberal. A doscientos pasos de la población, la caballería absolutista cargó contra ellos, pero los liberales hicieron una descarga al grito de “¡Viva la Libertad!”. Los jinetes se retiraron para dar la alarma general a la tropa que guarnecía el pueblo, gritando “¡Ya están ahí, viva el rey!”.
Así lo describió el segundo ayudante de Estado Mayor de los liberales, el teniente coronel Molina: “Entonces nosotros aceleramos la marcha para no darles lugar a prepararse, pero cuando llegamos, ya encontramos a la guarnición situada, recibiéndonos tras los parapetos del principal, con fuego vivísimo, y en unos vallados que había a la izquierda de éste. La caballería nos atacó por la derecha. El general Torrijos con la mayor parte de la fuerza se dirigió y atacó los vallados a cuerpo descubierto, mientras que yo, con el resto de los liberales, me defendí contra la caballería en un repuesto que allí había. La caballería intento envolverme por tres veces, pero salió escarmentada por los patriotas, que le hicieron dejar dos jinetes sobre el campo y varios heridos. La infantería enemiga, después de media hora de fuego sostenido, perdió sus posiciones por los disparos y bayonetas de nuestros valientes. El general Torrijos, que todo lo recorrió durante el fuego, siempre animó con su presencia al grito de “¡Viva la Libertad!”, que todos repetimos con entusiasmo, quedando dueños de La Línea”.
Sólo resultó herido el hijo de Manuel Flores Calderón, Lorenzo, que aguantó sin querer abandonar a sus compañeros. Los liberales sólo pudieron lanzar dos de los tres cohetes que era la contraseña convenida para que desembarcaran los demás grupos de liberales de Peralea y Epifanio Mancha, pero bien por ver algo raro en esa contraseña, o porque las guardias británicas no los dejaran desembarcar, el caso es que Torrijos y su reducida fuerza quedó aislada en La Línea, siendo atacados en la madrugada desde San Roque por un batallón del Regimiento de Infantería de Línea San Fernando nº 10. Si más posibilidades, Torrijos ordenó la retirada a Gibraltar. Dispuso que el capitán Ballera se batiera con un grupo de infantería absolutista apostada en la llamada Aguada inglesa, mientras que el valiente Agramunt se batía con el batallón de San Roque. A pesar de lo comprometido de la situación, y con la excepción de dos bajas (la de los sargentos (Villarrasa, muerto, y la de Arjona, herido), Torrijos pudo introducir de nuevo en la Roca a todos sus hombres.      
 
Datos de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831, la más antigua en el territorio nacional dedicada a la memoria de Torrijos.
 
Tipo de Asociación: Cultural con marcado carácter Histórico.
Ámbito de actuación: Nacional (inscrita en el Registro Nacional y Junta de Andalucía). Inicio de su periodo constituyente en el año 2002.
Legalizada en 2003, es la más antigua en el Registro Nacional de Asociaciones en memoria de Torrijos. También lo es en recreaciones históricas del siglo XIX en toda provincia de Málaga. Como proyecto asociativo cultural es totalmente original en las formas y fines que recogen sus estatutos, cimentando sus antecedentes en los precursores trabajaron sobre el personaje de Torrijos en la provincia de Málaga en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX y primeros años del XXI, y en la razón fundamental y objetiva que como texto legal marca la fecha de legalización de un colectivo, ajustándose a lo estipulado en el punto 3 del artículo 8 de la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación: tampoco podrá coincidir, o asemejarse de manera que pueda crear confusión, con ninguna previamente inscrita en el Registro que proceda su inscripción.
Sede de la casa-museo: C/ Sierra de Abarcuzas s/n. Bda. de Torrealquería C.P. 29130 Alhaurín de la Torre (Málaga). Teléfonos de contacto: 686715582 y 952234039.
Página web: www.torrijos1831.es Correo: contacto@torrijos1831.es
 
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Telf.-686715582

 
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