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Visita a la “Ciudad Prohibida” testigo de excepción de aquellos “55 días en Pekín”
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Torrijos 1831. 14.02.14 
Asociación Torrijos 1831  
En Pekín es obligada la visita a la “Ciudad Púrpura Prohibida”. Nuestros compañeros de la Asociación Torrijos 1831, José Luis Llorente y Rosalía Egas han estado allí y han recorrido los lugares más importantes de la capital de China, entre ellos la que fue corte de la dinastía Ming, y de la manchúe Qing, declarado su conjunto de edificios Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987. En 1900, ante el dominio omnipresente de las potencias extranjeras en China, estalló la rebelión de los bóxers, episodio histórico que, mitificado, conocimos la mayoría de los españoles a través de la película “55 días en Pekín”, rodada cerca de Madrid, de la que justamente ahora se cumplen sus cincuenta años, y que otorgó en su guión al embajador británico el protagonismo en decisión que en realidad tuvo el embajador español de entonces en Pekín. Más datos de que aquellos hechos y de la película de Nicholas Ray, a continuación.
 
La rebelión de los bóxers.
 
La corta guerra entre 1894 y 1895 determinó el dominio de las potencias extranjeras sobre China, registrado en el conocido “Tratado de Shimonoseki” y que agravó aún más la crisis interna del gigante asiático derivada de la desastrosa “Guerra del Opio”. Mientras en la “Ciudad Prohibida” proseguía la corrupción de una corte incapaz de atajarla, el país estaba  endeudado y la población crispada y hambrienta.
De hecho, el injusto tratado había terminado por desmembrar China. Francia se adueñó de la isla Hainian; Gran Bretaña de Wei-haiwei y del valle del Yang-tse-kiang; Rusia de Port Arthur e importantes concesiones en Manchuria; Alemania instaló sus dominios en Shantung, provincia donde el malestar xenófobo estaba más crispado; y los Estados Unidos intervinieron para alcanzar un beneficio imperialista similar a los de sus competidores, en el expolio de China, país al que las potencias consideraban atrasado, tiránico e inestable, pero sobre todo objetivo de su expansionismo económico, militar y religioso.
Estos abusos y explotaciones condujeron a la rebelión de los bóxers (boxeadores), nombre por el que los europeos les denominaban al practicar ejercicios destinados sincronizar la mente y los músculos. En un principio, las delegaciones extranjeras en Pekín no se tomaron en serio la actitud xenófoba y patriota de los bóxers, pero al conseguir éstos el apoyo oficial de la emperatriz Tsu Hsi y el príncipe Kuang, los bóxers comenzaron en 1899 a llevar a cabo matanzas de chinos cristianizados y el maltrato a los misioneros. Tendrían que pasar cuarenta años para conocerse lo que desencadenó la ira de los bóxers. Holgazaneando en sus quehaceres profesionales, cuatro periodistas de diferentes diarios de Denver, decidieron inventarse una noticia que terminó en la propia China, y que recogía la apertura del país al comercio internacional y la demolición de la “Gran Muralla” a cargo de ingenieros neoyorquinos.
Entre enero y febrero de 1900 la emperatriz promulgó varios edictos a favor de los bóxers, que comenzaron a recibir armamento de los gobernantes de las provincias. Los embajadores europeos, los de Estados Unidos y Japón realizaron gestiones, pero en Pekín y gran parte del país ya reinaba la anarquía, siendo exterminados varios misioneros europeos.
 
Rectificando la película “55 días en Pekín”.

 
La superproducción de Samuel Bronston de 1963 recogió al “impasible” embajador británico Claude Maxwell Mac Donals (interpretado por David Niven), como la persona que aglutinó a las demás delegaciones para no abandonar Pekín. Sin embargo, eso no fue así. Mac Donals fue el primero que quiso escapar de la ratonera que iba a suponer en los próximos días el recinto de las embajadas durante 55 días. Paradójicamente, fue el embajador de España, nación que no tenía intereses militares y económicos en China, el que aunó voluntades para no salir de la ciudad y exponer a la columna, con muchas mujeres y niños, a ser masacrada por el camino. Su nombre era Jaime Cólogan y Cólogan, tratando sus descendientes actuales que sea reconocida su difícil labor diplomática en el Pekín de 1900.
En aquel año, Cólogan era el decano del cuerpo diplomático en China, por lo que pudo recoger muchos documentos escritos y gráficos del cerco que sufrieron las delegaciones. Gracias a su descendiente Carlos Cólogan, podemos saber que era natural de Tenerife, conocedor del Derecho Internacional y dominador del francés, inglés, alemán y chino.
La presencia del embajador español con diálogo propio en la película, papel interpretado por Alfredo Mayo, queda circunscrita a la primera reunión de embajadores.
A partir de ahí, el cónsul británico Mac Donals sí tomó el mando de la defensa, apoyándose en lo militar en el coronel japonés Shiba Goro. Entre todos acordaron fortificarse en el barrio de las embajadas que se encontraba cerrado por un muro de ladrillos y a tiro de piedra de la “Ciudad Prohibida”, enviando un correo al almirante británico Edward Seymour, para que les enviara refuerzos desde Tient-sin.
Gracias al empeño personal y medios económicos puestos por el productor Samuel Bronston, “55 días en Pekín” fue rodada en la llanura de la localidad de las Rozas a pocos kilómetros de Madrid. A Charlton Heston, que prefería para el papel de la baronesa Ivanoff a la actriz francesa Jeanne Moreau, nunca le gustó la elección del papel protagonista femenino para Ava Gardner que por entonces vivía en Madrid tras acabar su contrato con la Metro en 1959. La actriz anduvo de diva todo el rodaje, llegando tarde y marchándose cuando le venía en gana.  Sí hay que destacar la buena actuación de David Niven, y de Flora Robson en el papel de la emperatriz china.
Debido a que la superproducción obtuvo un importante capital estadounidense, se le dio un gran protagonismo en la película al contingente norteamericano en cuanto a la defensa de las delegaciones, con el “mayor” Heston al frente, cuando en realidad alemanes, japoneses, rusos y británicos llevaron el peso de las acciones 
Para los amantes del cine, uno de los mayores logros de esta superproducción fue el levantar una gran parte de la antigua ciudad de Pekín como un gigantesco decorado, obra ingente, muy meritoria y minuciosa de Colasanti y Moore. Cuentan que el infarto que sufrió el director Nicholas Ray, fue debido a la cantidad de dificultades habidas durante el rodaje. 
 
 
Los 55 días.
 
El 11 de junio fueron destruidas las vías del ferrocarril para que los extranjeros no recibieran los refuerzos de Seymor. Aquella misma tarde los bóxers capturaron al embajador de Japón al que decapitaron. El 15 atacaron las instalaciones francesas en Tient-sin, escapando el cónsul galo de milagro. El 17 se produjo un combate de cinco horas entre el ejército chino y varios barcos de guerra europeos.
En Pekín, el príncipe Tuang permitió a los bóxers que amedrantaran a las embajadas. Al salir del recinto el embajador alemán, barón Klemens von Ketteler, para conferenciar con Tuang, fue asesinado. La emperatriz china ordenó el 19 de junio a los responsables extranjeros que dejaran la ciudad y marcharan hacia Tianjin, pero los diplomáticos siguieron la opinión del cónsul español y se negaron. En el perímetro de las delegaciones quedaron encerrados 475 civiles extranjeros (con 149 mujeres y 79 niños), 450 militares y unos 3.000 chinos cristianos. El muro y otras construcciones se dividieron para la defensa por nacionalidades, participando en ella oficiales y soldados alemanes, ingleses, franceses, rusos, japoneses, italianos, austriacos y estadounidenses. A tres kilómetros y aislada, quedó la catedral católica de Bei Tang, con el obispo Favier, 3.500 feligreses chinos y 43 marinos para su defensa (31 franceses y 12 italianos).
Para resistir, los extranjeros contaron con tres cañones ligeros y una ametralladora, más un viejo cañón de 1860 al que llamaron Old Betsy. El alimento no faltó, pues se halló grano en un almacén y fueron sacrificados 150 caballos de carrera del hipódromo cercano. Sí escaseó la munición, especialmente para los japoneses. Los combates se endurecieron cuando los bóxers fueron ayudados por el propio ejército chino, momento en el que casi se llegó al desborde de la línea defensiva.
 
Controversias sobre el lugar de la embajada española en Pekín en 1900.
 
A veces, artículos especializados sitúan al edificio de la embajada española fuera del perímetro de las delegaciones en Pekín, incluso citan que el embajador español, junto al de Bélgica, se acogió con sus ayudantes al recinto. Nuestra asociación se ha hecho con un plano del lugar donde se encontraban las embajadas junto a la “Ciudad Prohibida”. En él aparecen datos significativos en cuanto a nuestra delegación. La de España se encontraba ala derecha de la de Japón y frente a la de Alemania. Su parte trasera la defendieron italianos y japoneses. En ese mismo plano sí se ve que la de Bélgica estaba fuera del perímetro defensivo.
 
Liberación de las delegaciones de Pekín.

 
El ejército aliado mandado por el británico Alfred Gasalee, con veinte mil hombres (japoneses, rusos, británicos, estadounidenses, alemanes, italianos y austriacos), se abrió paso hasta Pekín donde llegó en la noche del 13 de agosto. En vanguardia entraron combatiendo rusos y británicos, mientras los japoneses liberaban la catedral. El asedio había terminado después de 55 días.
En la defensa de las delegaciones y la catedral murieron 64 militares y 12 civiles, resultando heridos 156 soldados y 23 civiles. Murieron varios centenares de chinos cristianos que ayudaron en la resistencia y, fuera de la capital, fueron asesinados 250 misioneros europeos.
 
Las represalias. 
 
Tras la liberación se produjo un gran saqueo a cargo de europeos, americanos y japoneses, no exento de numerosos asesinatos sumarios y violaciones,
China quedó arruinada pues las exigencias de los vencedores fueron durísimas en el llamado “Protocolo Bóxers”, impuesto por la fuerza el 7 de septiembre de 1901, por el que fueron ejecutados los principales jefes de la rebelión, se efectuaron importantes concesiones territoriales a las potencias extranjeras, así como una multa de 333 millones de dólares, pagaderos en 33 años, a tal interés que doblarían el interés de esta cifras. Todo aquello fue caldo de cultivo para futuras guerras.   
      

Datos de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831, la más antigua en el territorio nacional dedicada a la memoria de Torrijos
.
 
Tipo de Asociación: Cultural con marcado carácter Histórico.
Ámbito de actuación: Nacional (inscrita en el Registro Nacional y Junta de Andalucía). Inicio de su periodo constituyente en el año 2002.
Legalizada en 2003, es la más antigua en el Registro Nacional de Asociaciones en memoria de Torrijos. También lo es en recreaciones históricas del siglo XIX en toda provincia de Málaga. Como proyecto asociativo cultural es totalmente original en las formas y fines que recogen sus estatutos, cimentando sus antecedentes en los precursores trabajaron sobre el personaje de Torrijos en la provincia de Málaga en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX y primeros años del XXI, y en la razón fundamental y objetiva que como texto legal marca la fecha de legalización de un colectivo, ajustándose a lo estipulado en el punto 3 del artículo 8 de la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación: tampoco podrá coincidir, o asemejarse de manera que pueda crear confusión, con ninguna previamente inscrita en el Registro que proceda su inscripción.
Sede de la casa-museo: C/ Sierra de Abarcuzas s/n. Bda. de Torrealquería C.P. 29130 Alhaurín de la Torre (Málaga). Teléfonos de contacto: 686715582 y 952234039.
Página web: www.torrijos1831.es Correo: contacto@torrijos1831.es
 
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