El acto se celebró en el Cortijo de Miraflores. Al mismo asistieron cincuenta miembros de la Asociación vestidos a la usanza de 1831, así como de las tropas fernandinas de la época. Por parte del Ayuntamiento de Marbella estuvieron la mayoría de los componentes de la Gestora. Acompañó al colectivo cultural de Alhaurín de la Torre, el Concejal D. Rafael Chamizo, que representó en Marbella a la institución municipal.
Entre acordes de guitarra se hizo una semblanza de Ramón Ibáñez. El poeta Francisco Miguel leyó una de sus magníficas poesías y Jesús Rivera interpretó el conocido Réquiem por Torrijos que fue sentido y aplaudido por todos los presentes. El presidente de la Gestora entregó al presidente de TORRIJOS 1831 la bandera de Marbella, que a su vez fue recibida por el vicepresidente Domingo Adán, el cual la tremoló por tres veces, ante la ovación de los presentes. El Vocal de Cultura entregó una placa en reconocimiento a la labor cultural que realiza la Asociación desde su creación en el año 2003.
Miembros de las Gestora mostraron las diferentes dependencias del cortijo a los componentes de la Asociación, y todos terminaron posando para los medios de comunicación en la Plaza de Ramón Ibáñez SEMBLANZA DE RAMÓN IBÁÑEZ
Ramón Ibáñez nació en Marbella en 1793. Hijo de una modesta familia, desde muy joven aprendió el arte de la navegación, gracias a las enseñanzas de los veteranos marineros de la zona. Manejar el timón se convirtió en la gran pasión de Ramón, convirtiéndose con los años en un experto piloto de altura.
Ramón Ibáñez luchó a favor de la Constitución de 1812, como oficial de la Milicia, durante el Trienio Liberal (1820-1823), por eso sufrió persecución y exilio en la Década Ominosa. En 1831, en Gibraltar, era uno de los hombres de confianza de Torrijos, que contó con él para pilotar la gran barcaza Santo Cristo del Grao.
En la azarosa noche del 30 de diciembre, cuando la expedición iba a salir de la Roca en dirección hacia Málaga, algunos marineros dudaron embarcarse cuando vieron el aspecto de las personas que ya ocupaban las barcazas. Ramón Ibáñez se encaró con ellos, afeándoles su conducta. Pero Torrijos atajó la discusión, diciendo: “Diga usted a esa gente, que los que quieran venir que vengan, y los que no, se queden, pues nosotros vamos a defender a la patria”.
El destino fue adverso con los miembros de aquella expedición, pues es conocido que murieron en las playas de Málaga el 11 de diciembre de aquel mismo año. Por entonces, Ramón Ibáñez tenía 38 años. Al igual que el resto de sus compañeros, su nombre está recogido en la amplia bibliografía relacionada con Torrijos y, con todos los honores, en el obelisco de la Plaza de la Merced. Marbella eternizó su memoria, dedicándole una amplia plaza. |