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Almogía. La triste huella de la retirada francesa de 1812
Torrijos 1831. 30.08.12 
En una charla mantenida entre componentes de la Asociación Torrijos 1831 y un grupo de anglosajones, aprovechando uno de los actos internacionales del Bicentenario de la Guerra de la Independencia; los extranjeros nos comentaron que en los pueblos de España abundaban los “dedos mirando al cielo” y las “muelas picadas”. Para ellos esos “dedos” eran las torres de nuestros castillos que habían perdidos los lienzos de sus murallas tras ser volados por los franceses; y las “muelas”, las torres que, aisladas por su razón de ser histórica, hoy están en ruinoso estado y nadie las reconstruye en condiciones acorde al físico que tuvieron en el pasado.

Amén de los errores y lagunas que la legislación actual produce, manteniendo tanto edificio en permanente ruina, propiciando así que el tiempo y los agentes meteorológicos vayan acabando con ellos lentamente, tal como está sucediendo con la torre de Torrealquería; esa misma política para “proteger y conservar” nuestro patrimonio, esa misma legislación, permite que perdure en el tiempo el daño (irreparable hasta hoy), que los franceses hicieron contra  importantes fortalezas medievales de nuestra provincia en su retirada de 1812, como Teba o Almogía. Ya tocamos la primera en un artículo anterior y hoy lo hacemos con el castillo de Almogía cuando se cumplen los doscientos años de su voladura.

En Almogía tras una dolorosa historia.

Como es habitual en nuestro colectivo, una comisión de investigación se trasladó con sus propios medios a Almogía para estudiar la destrucción de su fortaleza medieval a manos de los franceses en 1812, acompañados mientras permanecimos allí por algunos miembros del Ayuntamiento de aquella localidad. Sobre el histórico solar uno se convence de cómo las trabas de una legislación que comienza a dar signos de caducidad en una parte de su articulado, no ha permitido durante décadas la reconstrucción adecuada del castillo de Almogía, en una época en la que sí ha habido suficientes medios económicos para haberla acometido. Las cosas son así: un ejército francés nos invade, y dos días antes de su despedida nos deja su “tarjeta de visita”, volando con pólvora una fortaleza del medievo, privándonos a los españoles de una parte de lo que más tarde se denominará “Patrimonio histórico”. Luego, a finales del XX nos toca legislar sobre estos edificios “volatilizados” por la decisión de los franceses, y aplicamos una normativa para perpetuar la visión perenne de este daño, debiendo dejar las ruinas tal cual, eso sí, señalizadas y, a veces, con un jardincito, por alrededor de los restos. Sucede esto en una época en los que hay conocimientos suficientes para, racionalmente, reconstruir los edificios utilizando hasta el material similar al de la época. En realidad la situación y los criterios a seguir hacen agua, pues cómo se comprende que con esa legislación en vigor, el castillo musulmán de Fuengirola haya sido “restaurado” a base de hormigón en un importante sector de sus murallas laterales, o el propio castillo de Gibralfaro se viera cubierto de cemento en una parte notoria y visible de su perímetro en la década de los años noventa.
El castillo.
La palabra Almogía proviene de Al-mexía, que significa “la del linaje de los mexíes”. La fortaleza, musulmana en un principio, fue residencia de alcaides cristianos a partir de finales del siglo XV, reforzándose sus bastiones. En total el castillo tenía siete torres, siendo la más poderosa la de la Vela, situada al norte. El hecho de que esa gran torre no se encontrara exenta en el centro de la fortaleza, y sí cerrando el ángulo norte, nos revela su origen nazarita. Su planta fue la de un polígono irregular que se ajustaba a las circunstancias topográficas del montículo en el que el castillo se levantaba. El área que estaba delimitada por el recinto debía rondar los novecientos metros cuadrados. Según el informe de López de Chaves, en 1592 la fortaleza estaba muy deteriorada, pues había sufrido los efectos de un terremoto. Restaurado, las tropas francesas ocuparon el castillo para controlar el camino de Antequera. En 1812, prevista la marcha de los napoleónicos, estos lo volaron para que no fuera utilizado por los españoles. Pese a que los efectos de la voladura fueron desastrosos, parte de la Torre de al Vela aguantó por la fortaleza de su construcción. Sin embargo, el tiempo y el expolio recibido (no son pocas las casas de alrededor tomaron piedras del castillo para su construcción), hicieron que también la Torre de la Vela quedará todavía en una mayor precariedad, lo que llevó en los años veinte del siglo XX, a que las autores mandaran la demolición de la mitad superior del bastión, encontrándola el visitante ya muy menguada.
 
Don Vicente Andrade en el recuerdo de Almogía.

En la segunda mitad de la década de los años sesenta del siglo XX, no pocos estudiantes de bachiller y opositores a las plazas de Magisterio de la época, tuvimos la gran la suerte de estudiar en la llamada Academia Andrade situada en la malagueñísima calle de Luís de Velázquez. Su director era don Vicente Andrade, ilustre almogiense, profesor, intelectual, humanista, dominador del latín, griego y arameo, gran entendido del arte flamenco y arqueólogo vocacional. En el despacho de la academia era frecuente encontrar a importantes personalidades de la época hablando con don Vicente, como el pintor Manolo Blasco, primo de Picasso; el coronel Cisneros, uno de los primeros españoles que atravesó en un submarino el Polo Norte; el entonces presidente de la Real Academia de la Lengua, Dámaso Alonso, que con su señora gustaba disfrutar de las charlas con Andrade para estudiar las particularidades del habla de Málaga, y en concreto el de la comarca de la Axarquía; a los sobrinos de Pío Baroja, especialmente, el escritor Julio Caro Baroja, al que corrigió alguna de sus obras. También los médicos Casasolas, empresarios como Ganivet, o conocidos anticuarios como Salvador Blasco, etc.
Uno de los valores que supo transmitir Vicente Andrade a sus alumnos fue el amor por la arqueología. En su propia casa tenía varias vitrinas con importantes hallazgos que, por su relieve, han terminado en los museos correspondientes, principalmente en la Alcazaba de Málaga. Entre todos ellos destacaba la pieza del Mito de Leda, verdadera “joya de la corona” sobre la que el viejo profesor sentía un aprecio especial que sabía transmitir a los estudiantes de corazones curiosos, fascinados con aquella parte de la mitología griega, quizás por la sensualidad que desprendía. Leda era esposa de Tindáreo, rey que recuperó Laconia gracias a Hércules. La belleza de Leda hizo que el propio Zeus la deseara. Con el fin de seducirla se disfrazó de un cisne, y fingiendo ser perseguido por un águila, se refugió en Leda, haciéndola suya en las orillas del río Eurotas.
Con don Vicente los alumnos recorrían el antiguo camino de Antequera, con paradas acompañadas a veces de sorpresivos descubrimientos. Bajo su dirección estudiában la antigua calzada romana y el camino posterior trazado en la época de Carlos III, utilizado en la invasión francesa. Una vez incluso se proyectó un trabajo para aportar pruebas de que la batalla de Munda había tenido lugar en Montilla. También fueron frecuentes las excursiones a su pueblo natal de Almogía, donde siempre era obligada la visita a las ruinas de la antigua fortaleza. En una de las actas firmadas por Andrade, figura que la gran campana de la Torre de la Vela del castillo, fue trasladada a Málaga en 1568, colocándose en la parte superior de la torre de Puerta del Mar. En su memoria, la biblioteca pública de Almogía llevó merecidamente su nombre. Murió en 1973.          
 
Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831, la más antigua en el territorio nacional dedicada a la memoria de Torrijos.
Tipo de Asociación: Cultural con marcado carácter Histórico.
Ámbito de actuación: Nacional (inscrita en el Registro Nacional y Junta de Andalucía). Inicio de su periodo constituyente en el año 2002.
Legalizada en 2003, es la más antigua en el Registro Nacional de Asociaciones en memoria de Torrijos. También lo es en recreaciones históricas del siglo XIX en toda provincia de Málaga. Como proyecto asociativo cultural es totalmente original en las formas y fines que recogen sus estatutos, cimentando sus antecedentes en los precursores trabajaron sobre el personaje de Torrijos en la provincia de Málaga en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX y primeros años del XXI, y en la razón fundamental y objetiva que como texto legal marca la fecha de legalización de un colectivo, ajustándose a lo estipulado en el punto 3 del artículo 8 de la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación: tampoco podrá coincidir, o asemejarse de manera que pueda crear confusión, con ninguna previamente inscrita en el Registro que proceda su inscripción.
Sede de la casa-museo: C/ Sierra de Abarcuzas s/n. Bda. de Torrealquería C.P. 29130 Alhaurín de la Torre (Málaga). Teléfonos de contacto: 686715582 y 952234039.
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