El homenaje realizado por la Asociación Torrijos 1831 en la antigua batería de Santa Catalina, en Tarifa, en memoria de los liberales del coronel Francisco Valdés que defendieron la ciudad en el verano de 1824, hubiera quedado incompleto si los componentes del colectivo no se hubieran trasladado hasta Algeciras, siguiendo las huellas y padecimientos de aquellos hombres, de los cuales sesenta y siete fueron fusilados por delante de la tapia principal del antiguo cementerio de esta localidad, situado en un montículo sobre la bahía, al nordeste del casco viejo. Tras depositar una corona de laurel y recitar unas palabras en recuerdo de aquellos liberales que murieron en defensa de los derechos que emanaban de la Constitución de 1812; integrantes del colectivo analizaron por la tarde, junto a la tapia del cementerio, el espacio donde se llevaron a cabo las ejecuciones, a tenor de la descripción del único grabado que existe al respecto, realizado en el siglo XIX, y del documento emitido por un grupo de algecireños en 1841. En la ampliación de este artículo encontrará el lector, algunos detalles reveladores que, sin duda, despertarán su interés por este hecho.
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De Tarifa a Algeciras.
Fue el triste precedente de lo que ocurriría en Málaga en diciembre de 1831. Los liberales capturados en la batería de Santa Catalina el 19 de agosto de 1824, más los aprehendidos en la Isla de las Palomas al día siguiente, que en total sobrepasaban los ciento sesenta prisioneros, fueron trasladados fuertemente custodiados desde Tarifa a Algeciras, sede el gobernador militar del campo de Gibraltar, el funesto José O´Donnell (no confundir con su hermano, el liberal Enrique O´Donnell, exiliado en aquellos momentos). Desde hacía años, José O´Donnell cargaba sobre sus espaldas con el fracaso que, por imprudencia temeraria, llevó a las tropas bajo su mando al desastre de la hoya de Castalla, al ser derrotadas por el ejército de Suchet el 12 de julio de 1812. Aquello levantó una ola de protestas en Cádiz, pagando la situación su hermano Enrique, por entonces regente del reino, que tuvo que dimitir de su cargo. Ahora, en la “Década Ominosa”, José O´Donnell completaba su “brillante” palmarés convertido en represor de los constitucionalistas, dispuesto a emplearse con extrema dureza con los prisioneros recién llegados de Tarifa, a los que había encerrado en Isla Verde. La proclama del general absolutista firmada el 20 de agosto nos refleja su ideario: “¡Viva el rey! Y vivirá eternamente en los corazones españoles: ¿Quién lo duda?”. Si Fernando VII vive hoy tristemente en la memoria de los españoles, es por haber sido el peor gobernante que ha tenido nuestro país, según encuesta realizada hace cinco años entre los más prestigiosos historiadores españoles del momento. Por otra parte, el odio de José O´Donnell hacia los prisioneros capturados, queda reflejado así a final del parte: “…, chusma de forajidos, que les aguarda el rigor de las leyes. Se circula esta noticia para satisfacción de todos los españoles, excepto un puñado de miserables fanáticos, para quienes se desea sirva de escarmiento, y si no, de veneno mortal”. Con este criterio, la suerte de los prisioneros estaba echada.
La tragedia.
¿Pero qué significaba “el rigor de la ley”? Sencillamente, que aquellos hombres iban a sufrir las consecuencias directas de uno de los decretos más duros y represivos de la “Década Ominosa”: el publicado por el gobierno absolutista el día 20 de agosto, justamente el día que cayó la Isla de las Palomas. Por ese decreto serían condenados a muerte sin proceso alguno. De los ciento sesenta prisioneros, fueron sentenciados a la pena capital sesenta y siete, entre ellos el capitán Pedro Valdés (no confundir con su superior el coronel Francisco Valdés), su compañero, el también capitán Domingo González, y treinta y siete paisanos de Tarifa, lo que refleja el compromiso de los vecinos de esta ciudad en defensa de las libertades. El resto de condenados eran hombres que habían partido de Gibraltar para desembarcar en la Isla de las Palomas y realizar el pronunciamiento. El día 25 de agosto fueron llevados los reos delante de la fachada principal del cementerio de Algeciras. El grabado del siglo XIX recoge descriptivamente la escena. El andaluz Pedro Valdés, el primero en la formación de los liberales, grita “¡Viva la Libertad!”. A la espalda de los condenados aparece la tapia del cementerio algecireño y, entre ella y los integrantes del pelotón de fusilamiento, un espacio con el mar de la bahía de Algeciras, al fondo.
La huellas de la ejecución.
En 1841, diecisiete años después de aquel fusilamiento y en plena regencia del general liberal Espartero, varios ciudadanos de Algeciras se dirigieron por escrito a su Ayuntamiento, para que esta ciudad levantara un monumento en piedra en memoria de los liberales aprehendidos en Tarifa. El texto citaba: “Al nordeste de esta ciudad (Algeciras), y al frente del cementerio existe un campo regado con la sangre de mártires de la libertad. Las balas que traspasaron sus pechos y destrozaron sus cráneos, incrustadas están todavía en las tapias de aquel lugar de muerte…”. Sin poderlo evitar, la siguiente pregunta surgió entre los componentes de la Asociación Torrijos 1831: ¿Después de tanto tiempo, con los sucesivos encalados y repellos que ha tenido en su exterior la tapia del cementerio, era posible que todavía quedaran las fatídicas huellas de aquel trágico acontecimiento? Había que comprobarlo. La estructura actual de la fachada del antiguo cementerio de Algeciras se presta a la confusión. Además de ser lógicamente más amplia que en la época de la ejecución de los liberales, sobre la puerta principal reza la fecha 1848, más tardía que la del fusilamiento. En realidad, lo que indica esa fecha es la ampliación del cementerio y la construcción de su nueva entrada, más alta y ostentosa que la primera. Además, hay algunos elementos arquitectónicos que, si se repara en ellos, nos dan la clave de los límites de la esquina noroeste de la fachada principal primigenia, con unos refuerzos a modo de falsos sillares (ahora integrados en el paño general), que nos hace coincidir esta parte de la misma con la situación de la que figura en el grabado del XIX. A diferencia de otra parte de la fachada principal que sí ha sido enfoscada, este espacio no lo está. Y es ahí, precisamente, donde la tapia presenta todavía los impactos de los proyectiles de las descargas de fusilería que acabaron con las vidas de los liberales de Valdés.
Datos de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831, la más antigua en el territorio nacional dedicada a la memoria de Torrijos.
Tipo de Asociación: Cultural con marcado carácter Histórico. Ámbito de actuación: Nacional (inscrita en el Registro Nacional y Junta de Andalucía). Inicio de su periodo constituyente en el año 2002. Legalizada en 2003, es la más antigua en el Registro Nacional de Asociaciones en memoria de Torrijos. También lo es en recreaciones históricas del siglo XIX en toda provincia de Málaga, ya que otros colectivos y delegaciones son posteriores (en algún caso hasta con siete años de diferencia). Como proyecto asociativo cultural es totalmente original en las formas y fines que recogen sus estatutos, cimentando sus antecedentes en los precursores trabajaron sobre el personaje de Torrijos en la provincia de Málaga en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX y primeros años del XXI, y en la razón fundamental y objetiva que como texto legal marca la fecha de legalización de un colectivo, ajustándose a lo estipulado en el punto 3 del artículo 8 de la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación: tampoco podrá coincidir, o asemejarse de manera que pueda crear confusión, con ninguna previamente inscrita en el Registro que proceda su inscripción. Sede de la casa-museo: C/ Sierra de Abarcuzas s/n. Bda. de Torrealquería C.P. 29130 Alhaurín de la Torre (Málaga). Teléfonos de contacto: 686715582 y 952234039. Página web: www.torrijos1831.es Correo: contacto@torrijos1831.es
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Cuando creamos el nombre de nuestro colectivo hicimos que este se ajustara a la Ley de 2002, respecto a la localidad donde fijamos sede. Esa forma de proceder es la que precisamente distingue a la asociación Torrijos 1831.
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