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El Álamo (4ª Parte): “El Álamo” de John Wayne

Esteban Alcantara. 20.09.10 

Ahora que en 2010 se cumple medio siglo de su existencia, pienso que la película “El Álamo” (The Alamo) del año 1960, fue la que incidió mayoritariamente para que toda una generación conociera este episodio histórico (especialmente en España), al estar realizada en el entonces novedoso sistema todd-ao, presentar en sus créditos una galería de actores famosos y consagrados, mostrar en toda su longitud los diferentes espacios y detalles del fuerte, y contar con una excelente banda sonora compuesta por el genial Dimitri Tiomkin, entre cuyas melodías destacaban “Hojas Verdes” y “La balada de El Álamo” (versión de esta última de Brian Burns, que por voz, guitarra y arreglos, recomiendo). Sin embargo, históricamente el film muestra muchas carencias y se pierde en la pura intención apologética de la visión estadounidense de la independencia de Texas y, en concreto, del sitio de El Álamo; hecho decisivo que le llevó a fracasar en seis de los siete Oscar para los que estuvo nominado, contribuyendo también la errática campaña de promoción de la película y la descarga en el guión de excesivos tópicos añejos del western.    

Una película de John Wayne.

El film protagonizado, dirigido y producido por John Wayne, era un viejo sueño del veterano actor desde hacía varios años. En ocasiones, había aprovechado sus viajes a Texas para examinar el lugar donde levantaría la réplica de El Álamo, hasta que dio con él en los terrenos del gran rancho de Brackettville, cuyo propietario era su rico amigo Happy Shean, que dio todo tipo de facilidades al respecto. Shean, que también era constructor, ofreció a Wayne la persona que podía levantar El Álamo para él. Se trataba de Chato Hernández, un obrero de la construcción prácticamente sin estudios. A diferencia de películas anteriores, John Wayne quería que en la suya, El Álamo apareciera construido al completo, incluyendo los interiores de los edificios, para así evitar idas y venidas de actores a los estudios, con todos los gastos que supondrían los traslados y alquileres. Por eso, cuando Shean le presentó al albañil mejicano, Wayne le preguntó: “¿Chato, crees que puedes construir El Álamo?”, a lo que éste contestó: “Señor Wayne ¿será usted capaz de hacer la película? Aquello fue más que suficiente para acabar con las reservas del actor, haciendo que Chato con cincuenta trabajadores edificara El Álamo (1). La película supuso empleo para muchas personas  durante varios meses, sobre todo por los extras que hacían falta para formar el ejército mejicano.

(1) Hoy día es objeto de visitas turísticas, habiéndose rodado además varias producciones televisivas relativas a El Álamo, como “Trece días de gloria” o “Texas”.

Lidiando a John Ford 

Wayne quiso hacer una película de El Álamo ajustada a su medida, asumiendo la producción, la dirección y la interpretación del personaje de Davy Crockett. Hasta sus mejores amigos le dijeron que aquella tarea era ingente para una sola persona, y que lo acusaría con diversos problemas a lo largo del rodaje; pero Wayne demostró tener una gran capacidad para tirar hacia delante y hacer frente a los objetivos que se había propuesto. De entrada, importantes productores no quisieron invertir en el film al enterarse que el director no iba a ser John Ford, el hombre que precisamente había hecho popular a Wayne en “La Diligencia” (Stagecoach) de 1939; enseñándole a andar  delante de la cámara en éste y otros largometrajes, hasta convertirlo en un mito en las películas del Oeste. Ambos eran grandes amigos que se debían mucho, pero el difícil carácter de Ford hacía que incluso Wayne le temiera (no olvidar la terrible mirada del director), por lo que el actor y su equipo decidieron prescindir de él, apoyándose en el director artístico Alfred Ybarra. Pero Ford era un “hueso duro de roer” y sin ser invitado se presentaba diariamente en el rodaje de “El Álamo”, se sentaba junto a la cámara y, a poco que se despistara Wayne, ya estaba dirigiendo. Para quitárselo de encima y tenerlo entretenido, se decidió que lo mejor era darle una segunda cámara a Ford, y que se fuera por los alrededores con actores secundarios a hacer planos que completarían la película. Algunos de aquellos planos, prácticamente intrascendentes, llevan el sello de Ford para ser descubiertos hoy por cinéfilos empedernidos, seguidores del que se considera el gran maestro del western.

John Wayne haciendo de Davy Crockett.

 Nacido en 1907, Wayne destacó como deportista en la Universidad de California, hecho que le permitió introducirse en el mundo del cine. Como se ha dicho anteriormente, de la mano de Ford se convirtió en el cowboy por excelencia. Los títulos más conocidos que le vinculan con el Oeste han quedado ahí para la historia, como el ya citado de “La Diligencia”, o los de “Arizona”, “Fort Apache”, “Río Bravo”, “Centauros del desierto” o “El hombre que mató a Liberty Valance”. En “El Álamo”, Wayne intentó transportar al espectador todo lo que éste esperaba de él en el papel de Crockett, personaje histórico con el que se sentía totalmente identificado, no siendo una casualidad, que tanto el legendario explorador como el propio Wayne tuvieran exactamente 50 años, cuando decidieron emprenden sus respectivas aventuras en Texas. Como Crockett, Wayne se coloca en el papel moderador entre las discrepancias entre Bowie y Travis, pero sin aprovechar la situación para coger protagonismo y ponerse al frente de la defensa. Wayne creía en el individuo, al igual que Crockett, y no en los  grupos que en cualquier estado o lugar controlan la economía y la política. En “El Álamo”, a través de su mano como director envía varios “mensajes” en los que antepone la duda, haciendo solapados manifiestos a que la elección final tiene que estar siempre en el propio individuo, como el caso en el que “su” Crockett, como jefe de los “muchachos de Tenesse”, es el último en descabalgar para unirse a la última resistencia, haciendo que sus hombres tomen libremente esa opción antes que él. Sin embargo, esta postura  contrasta con la visión general de la película, un “clásico” realizado para los espectadores norteamericanos y, en particular, para los tejanos, a los que Wayne no podía defraudar en cuanto a los mitos e iconografías de El Álamo, aunque para ello hubiera que manipular la historia. Aquí van algunos  ejemplos: la esclavitud está contemplada en el negro sirviente de Bowie (personaje que no existió en El Álamo). De él se vale Wayne para que sea el primero en decidirse a quedarse en el fuerte, para morir al lado de los que claman “libertad e independencia” (paradójicamente sus inmediatos opresores), sin contar que los que pueden hacerlo libre, de verdad, son los que están fuera de la muralla: los mejicanos. Otras tergiversaciones  son la muerte de Davy Crockett, la baja de Bowie en combate, la presencia de Houston en San Antonio, etc. Una de las cosas que más dañó a la película para los Oscar, fue la desastrosa campaña llevada a cabo por Rusell. A través de los medios, retó a los miembros de la Academia a que si no votaban a “El Álamo”, no serían unos buenos patriotas ni defenderían los valores intrínsicos del pueblo americano, convirtiéndose en unos traidores; unos “valores americanos” citados a diario en los medios de comunicación en aquel revuelto año 1960, con Kennedy y Nixon enfrentados a la presidencia de los Estados Unidos. Muy decepcionado por lo ocurrido con los premios, John Wayne se fue a África a rodar su siguiente proyecto: “Hatari”.

Davy Crockett

El aventurero Davy Crockett nació en 1786 en el seno de una familia instalada en Tenesse. En 1821 su fama como explorador y cazador era ya muy notable, aprovechando para presentarse como diputado por Tenesse. En 1823 fue reelegido para la Asamblea Territorial y, en 1827, fue nombrado congresista en Washington. Un año después, Davy rompió la buena relación que había mantenido con el presidente Jackson. Derrotado en el Congreso, dejó la política e inició un largo viaje en el que se le unieron doce hombres, con los que llegó el 8 de febrero de 1836 a San Antonio de Béjar, presentándose como voluntario ante Travis y Bowie para defender El Álamo; asignándosele a los que el propio Crockett daba el pomposo nombre de “Voluntarios Montados de Tenesse”, la débil empalizada del sudeste, entre la capilla y los llamados cuarteles bajos. La presencia de Crockett levantó la moral de los defensores, pues era la figura más importante del Oeste junto con Jim Bridger y Daniel Boone. Sin embargo, el hecho de ir a El Álamo nunca quedó aclarado. Se sabe que en el pequeño discurso que dirigió a los defensores el día que llegó al fuerte, dijo “…, y todo el honor y recompensa que deseo recibir se cifran únicamente en luchar en compañía de mis hermanos ciudadanos y conseguir la libertad de esta que consideramos nuestra patria.” Altas palabras para un hombre, que semanas antes no tenía ni la menor intención de dirigirse a Texas, ni jugarse la vida por lo que ahora denominaba “patria”. Las preguntas surgen en este punto: ¿Llegó a El Álamo cumpliendo una misión concreta del gobierno de los Estados Unidos, o tal vez de Sam Houston? El caso es, que teniendo el grado de coronel de milicias, actuó durante el cerco prácticamente como un fusilero más. Sobre todas las controversias de su muerte se hablará en el siguiente capítulo.

Laurence Harvey: un Travis inigualable en la pantalla.

Uno de los mayores aciertos que tuvo John Wayne en su película “El Álamo”, fue la elección del actor que dio vida al teniente coronel William Barret Travis. Se trataba de Laurence Harvey, nacido en Lituania en el seno de una familia judía, que más tarde emigró a Johannesburgo (Sudáfrica). Allí, el joven Laruschka Misha Skikne (su verdadero nombre), se inició en el arte de la interpretación durante los frenéticos años de la Segunda Guerra Mundial, hasta que marchó a Londres para ingresar en la Royal Academy of Dramatic Art, donde adquirió una enseñanza artística en los escenarios que le dejó huella para siempre. Antes de “El Álamo” había obtenido importantes éxitos en el cine, como “Un lugar en la cumbre” (1959) o “Una mujer marcada” (1960). La interpretación de Laurence Harvey  hizo de Travis se puede considerar, cincuenta años después, como insuperable respecto a los diversos actores que le dieron vida después. Radical en sus objetivos de independencia respecto a Méjico, partidario del sistema esclavista (arrastró con él a su esclavo Joe hasta el fuerte), firme en el mando y dispuesto sacrificarse sólo en la defensa hasta las últimas consecuencias, reflejan por entero la personalidad del hombre que le correspondió el mando de “El Álamo”. Además,  Harvey añadió al personaje todos los recursos artísticos aprendidos en Londres, para darle a su interpretación la frialdad y prestancia necesarias. A ello contribuyó el vestuario que utilizó: botas, pantalón blanco (por dentro y fuera de las botas), chaqueta tejana azul marina, fajín rojo sujeto por un cinturón negro, y gorro de palmito tan utilizado por los tejanos. Citar respecto a esto que, desde entonces, las personas que en  diversas recreaciones históricas en San Antonio han representado a Travis, lo han hecho vestidos igual a como iba Harvey en “El Álamo. Desde el primer día de rodaje, el actor se ganó el total aprecio de Wayne y de los demás compañeros: Vital y divertido, siempre ponía una nota de fino humor en el rodaje, siendo frecuente al acabar las escenas de cada día, verlo en el centro de algún grupo de compañeros, mientras él para entretenerlos les interpretaba con fino acento inglés y gestos engolados, algunos retazos de las obras de Shakespeare de las que era especialista, arrancando el aplauso (y risas) de los presentes, tejanos en su mayoría, que no podían evitarlos ante la exhibición de las elegantes maneras de Harvey en aquel lugar de la polvorienta Texas. Su profesionalidad estaba por encima de todo, basta decir que en la conocida escena en la que un capitán mejicano acompañado de un escuadrón de caballería llega hasta los muros de la capilla para conminar a los defensores con un mensaje de Santa Ana, y Travis impertérrito enciende con su puro la mecha del cañón, dando con el disparo del mismo, la respuesta; la pieza de artillería en su retroceso destrozó uno de los tobillos de Harvey, aguantando sin un gesto de dolor la filmación completa de la escena.

William Barret Travi

¿Pero qué personaje histórico se escondía tras la interpretación de Harvey? William Barret Travis había nacido en Carolina del Sur en 1809. Siendo un muchacho estudió la carrera de Derecho, abriendo despacho en Alabama. Era muy atildado en el vestir, así como extremadamente conservador en ideas y costumbres. Conocemos su físico a través de un dibujo que le realizó su amigo Wiley Martin en diciembre de 1835, es decir, tres meses antes de que muriera en El Álamo. Al enterarse que su mujer le había sido infiel durante una ausencia, marchó a Texas a finales de 1830 para empezar una nueva en Anahuac. Implicado de forma radical en el movimiento independentista, con un odio manifiesto a los mejicanos (especialmente al siniestro comandante del fuerte Velasco, el capitán Bradburn), atacó la citada posición en abril de 1832. Tres años después, intervino en varios combates victoriosos de los independentistas, siendo nombrado por ello teniente coronel de la caballería del ejército regular liberador de Texas. Tras dejar confiado a su hijo Charles a una familia amiga,  partió el 23 de enero de 1836 para San Antonio de Béjar, con treinta y nueve jinetes (poco después nueve de ellos desertarían), presentándose en El Álamo el 3 de febrero con órdenes del gobernador Smith para sustituir al coronel Neill que marchaba de permiso. El enfrentamiento con Jim Bowie por el mando del fuerte (éste no confiaba en los 27 años de Travis), llevó a momentos de gran tensión entre ambos jefes, hasta que la enfermedad de Bowie dirimió el conflicto. A continuación se reflejan varias notas emitidas por Travis durante el asedio que reflejan su carácter, idea política y militar, y determinación:

“Es preferible sostener aquí el encuentro con Santa Ana, que padecer una guerra que devastaría nuestras colonias. Si el enemigo nos vence, la victoria le costará tan cara como la peor de las derrotas.” “Si no se declara la independencia, depondré las armas, y así lo harán igualmente los hombres que están a mis órdenes. Pero bajo la bandera de la independencia estamos dispuestos a perder nuestras vidas cien veces al día si es necesario.

“Al pueblo de Texas y a todos los norteamericanos: ciudadanos y compatriotas, estoy sitiado por más de un millar de mejicanos a las órdenes de Santa Ana…Nunca me rendiré ni me retiraré. Por esto os invoco en nombre de la libertad y el patriotismo y todo lo más querido por los norteamericanos, para que acudáis en nuestra ayuda, lo antes posible…El enemigo recibe refuerzos diariamente y no dudo de que dentro de cuatro o cinco días nos atacarán más de cuatro o cinco mil soldados. Si mi llamada no es atendida, estoy decidido a resistir mientras pueda y a morir… ¡Victoria o Muerte!”.

Respecto al hecho de la supuesta raya que Travis trazó en el patio de El Álamo, éste tiene su origen en la tardía historia que William Zuber escribió en 1873. Sin embargo, la principal testigo de El Álamo, la señora Dickinson, nunca mencionó haber visto ese momento. Por tanto, hoy día se carece de una información fiable, en cuanto si el hecho se produjo o no, aunque no queda duda respecto a la arenga final de Travis en la tarde del 5 de febrero,  

Cuando se produjo el ataque definitivo mejicano, en la noche del 5 al 6 de marzo, Travis se encontraba en la batería central del muro norte, el que más duramente se disputó y por el primero que se abrieron paso las tropas de Santa Ana. Allí Travis disparaba y animaba a sus hombres que luchaban para repeler el asalto de los mejicanos, cuando un disparo procedente de la penumbra exterior impactó en su cabeza, quitándole la vida delante de los espantados ojos de su esclavo Joe, que salió despavorido para esconderse en los llamados cuarteles largos. Desde la historiografía mejicana se ha intentado hacer ver que Travis se suicidó al principio del ataque, pero existen testimonio de que no fue así, entre ellos los del coronel mejicano José Enrique de la Peña, el capitán Sánchez Navarro y el propio esclavo Joe.

Richard Widmark un Jim Bowie nada convincente.

 Al igual que Wayne, el actor Richard Widmark era en 1960 otro mito del cine del Oeste americano. Sin embargo, pienso que ni Wayne ni él mismo supieron sacar adelante al personaje de Jim Bowie, haciendo Widmark, prácticamente, una interpretación más al estilo de otros personajes del western a los que había dado vida anteriormente. Por no acertar, ni siquiera se dio con la vestimenta apropiada (lleva la misma chaqueta de flecos que en “Dos cabalgan juntos”). A todo esto tampoco ayudó el físico de Widmark, pues ni su rostro, tipo y estatura se acercaban ni por asomo al de Bowie. En cuanto al anacronismo de su arma individual, mejor ni hablar. Creo que en lo único que ayudó su presencia en el film fue el reclamo de su nombre en créditos y carteleras.          

Nota.- El siguiente y último artículo relativo a El Álamo que se editará en Alhaurín. com, llevará el título: “El Álamo: la leyenda”.

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