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El Álamo (3ª Parte): Del cine mudo a “La última orden”

Esteban Alcantara. 04.09.10 

Explicado el contexto histórico de El Álamo en los dos capítulos anteriores, a partir del presente se entrará de lleno en los errores, anécdotas, tergiversaciones y curiosidades del mundo del cine, al tratar el sitio que sufrió la antigua misión española en 1836, por parte del ejército mejicano. Arrancaremos con la película del cine mudo “Los mártires de El Álamo” (The martyrs of the Alamo) de 1915, para hacer un alto en el relato con la “La última orden” (The last command) de 1955, realizada por el director Frank Lloyd, que tuvo como protagonista principal a Sterling Hayden dando vida a Jim Bowie. Hayden gozaba entonces de gran popularidad por películas como “La jungla del asfalto” (1950), de John Huston, o por interpretar a Johnny Logan en “Johnny Guitar”, realizada en 1954 por Micholas Ray (su banda sonora fue una popular y nostálgica melodía, sostenida por el punteo solista de una guitarra española), y también por su papel de sir Gawain (irreconocible para muchos), junto a ese mito para los niños de la época llamado “El Príncipe Valiente” (1954), de Henry Hathaway.

“Los mártires del Álamo” (El nacimiento de Texas).

Título expresivo de por sí en el cine mudo, dirigido en 1915 por Christey Cabanne, con producción y supervisión de D. W. Griffith, es hoy toda una reliquia del celuloide que nos aporta la visión exageradamente partidista y estereotipada que tenían los norteamericanos a principios del siglo XX, de la gesta del fuerte. La primera vez que supe de ella (1978), me llamó la atención cómo, por extensión a la moda imperante en 1836 en los campos de Tenesse, todos los defensores, con excepción de Bowie, aparecían con el típico gorro de castor, cosa que contrasta con la realidad, pues la mayoría de los hombres de El Álamo llevaron durante el cerco, gorros de ala ancha, bien de paño, cuero o palmito, boinas, gorras con viseras (sobre todo los “grises” de Nueva Orleáns) e incluso desgastadas chisteras con variopintos adornos. La película es toda una exaltación al mito del Álamo, con los tejanos como “buenos” y los mejicanos “malísimos”, ensañándose las tropas de Santa Ana con niños y mujeres (estas últimas apareciendo por todas partes durante la defensa a imitación del sitio de Zaragoza), sin eludir el tópico de un Davy Crockett divirtiéndose infantilmente cada vez que acaba con un oponente. Sí recoge el hecho tan divulgado como controvertido, de la raya trazada en el suelo por el teniente coronel William Barret Travis, con su propio sable, advirtiendo a aquellos que la traspasaran, que quedarse en el fuerte era hacer frente a una muerte cierta. Los cinéfilos amantes de curiosidades, advertirán que John Wayne calcó en su película rodada en 1960, dos secuencias de “Los mártires de El Álamo”: la muerte de Jim Bowie y la salida de la señora Susannah Dickinson una vez eliminada la resistencia, desde la fachada principal de la capilla al campo exterior.
 
“El desertor del Álamo”

Estrenada en 1953, fue dirigida por Budd Boettichen e interpretada por Glenn Ford en el papel del “desertor”. Actor de larga proyección, Glenn fue héroe de la Marina estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, por lo que recibió diversas condecoraciones. En el cine tuvo su gran oportunidad con “Gilda” (1946), al lado de Rita Hayworth, siendo protagonista de películas como “Semilla de maldad”, “Los cuatro jinetes de la Apocalipsis” o “El tren de las 3:10” (a esta última le dedicaré un apartado en “Séptimo Arte”). En cuanto a “El desertor de El Älamo”, el largometraje sólo mantiene al principio escenas en el interior del fuerte, quedando las vicisitudes del cerco en el resto de la película como telón de fondo. El personaje de Ford es ficticio, no teniendo nada que ver con la única persona que sí cargó con esa leyenda en la vida real, un francés llamado Louis Rose procedente de Nacogdoches, que ante la oportunidad dada por Travis de abandonar el fuerte, la aceptó. Rose había sido soldado francés en las campañas napoleónicas en las que milagrosamente salvó la vida, y quizás por puro instinto de supervivencia no quiso quedarse. El lema que expuso ante sus jefes y compañeros, fue: “Si las cosas van mal, es mejor sobrevivir para luchar en otra ocasión”. Su jefe directo, Jim Bowie, le conminó para que se quedara, e incluso Davy Crockett le dijo que no tendría posibilidades al saltar la empalizada pues sería hecho prisionero por las tropas mejicanas; pero Rose pensó: “He hecho en otras guerras cosas peores que trepar por esa muralla”. Y así lo llevó a cabo nada mas quedar cubierto el campo exterior por la oscuridad de la noche. Saltó la muralla, siguió el arroyo que había estudiado en los días anteriores y llegó a San Antonio de Béjar, atravesando con cautela sus silenciosas calles donde tuvo la gran suerte de no encontrarse con alguna patrulla mejicana, debido a que a esa hora todas las tropas de Santa Ana ya estaban desplegadas en silencio, a las afueras, a espera del asalto nocturno final que tendría lugar a las cuatro de la madrugada de día 6 de marzo. En esta película se agradece la presencia del veterano Chill Wills, tejano hasta la médula nacido en Seagoville en 1902, que también tendría un papel destacado en “El Álamo” de John Wayne, interpretando a “Beekeeper”, por el que recibió un Oscar como mejor actor de reparto en 1960. Con Texas siempre por medio, Chill Wills fue el tío Bawley en la película “Gigante” y el hacendado bonachón en “Del infierno a Texas”.

“Davy Crockett, rey de la frontera”

Estrenada en 1955 con el nombre original de “Davy Crockett king of the wild”, la película fue un producto de la factoría Disney, siendo continuación de otra dedicada al mismo personaje, titulada “Davy Crockett y los piratas del Misisipi”. La segunda película recoge en su tramo final la defensa de “El Álamo”, dando vida al héroe de Tenesse un joven Fess Parker, muy conocido por la famosa serie de televisión “Daniel Boone”, estrenada en nuestro país en 1966. Con pocos medios para desarrollar la batalla de El Álamo, el director Norman Foster salvó la situación con planos concretos del fuerte (tanto en su interior como en exteriores), y con un bastión como escenario principal de los combates. El instrumento musical que Crockett llevó a El Álamo, el violín, fue sustituido en aquella ocasión por un laúd, acompañado por una melodía entonada por el propio Parker. La muerte de Bowie en el camastro obedece a la interpretación más clásica, mientras que el problemático final de Crokett es solventado, con la bandera de El Álamo como trasfondo, mientras que el antiguo senador de los Estados Unidos golpea a diestro y siniestro a los asaltantes con la culata de su rifle “Old Betsy” (Vieja Betsy). En la película aparece de nuevo el simbólico momento de la raya trazada en el suelo por el teniente coronel William Barret Travis, con su propio sable, de cuya veracidad o error se hablará en el capítulo cuarto, al igual que se hará con los personajes históricos de Travis y Crockett.

“La última orden”.

El cuidado puesto en esta película en cuanto a la uniformidad exhibida por los integrantes del ejército mejicano, sus movimientos y evoluciones, así como los planos generales sobre del ataque a la fachada principal del fuerte y el asalto final, ha servido para que varias de sus secuencias hayan sido aprovechadas y reeditadas en series de televisión, como “Trece días de gloria”, o el capítulo 13 de aquella serie de culto llamada “El Túnel del Tiempo”, emitida en España durante el verano de 1967. Además de Sterling Hayden, en “La última orden” actúan Richard Carlson, Anna María Alberghetti, Arthur Hunnicutt y Ernest Borgnine. En detrimento de otras figuras de El Álamo, como Crockett o Travis, el film es un canto a la vida y el heroísmo de Bowie, que contrasta con la cruda vida del personaje, dulcificación que lleva consigo cortesías que no existieron entre Bowie y Travis hasta el último día. Otro punto a tocar es la presencia Richard Carlson interpretando al teniente coronel Travis. Carlson, actor dramático que participó como combatiente en la Segunda Guerra Mundial, remontó su carrera después de la contienda gracias al llamado “cine negro”, hasta que llegó su pleno éxito con “Las minas del rey Salomón”. A modo particular, pienso que ante la gran estatura de Hayden, el director falló al uniformar a Carlson como Travis, especialmente al obligarlo a llevar en casi todos los planos una gran gorra de plato, rematada por una exagerada estrella tejana, que le acercaba más en su aspecto a un comisario político extraído de los tiempos de la revolución rusa. Por otra parte, creo que no se acertó en escoger al veterano actor Arthur Hunnicutt en el papel de Crockett. Curiosamente, John Wayne se inspiró en “En la última orden” para realizar el final ficticio de Davy Crockett en su película “El Álamo”.

La realidad de Jim Bowie.

Nacido en Kentucky en 1795, trabajó en su juventud como aserrador en Luisiana, hasta que se trasladó a las costas de Texas. Fue filibustero con el famoso James Long, tiempo en el que arranca la fama Bowie de hombre violento y borracho. Con su hermano Rezin se dedicó al tráfico de esclavos, proveyéndoles de africanos el negrero Jean Lafitte. Gracias a esta innoble tarea, Bowie se hizo con una plantación de algodón en Luisiana, que vendió tras diez años de explotación junto con un total de ochenta y dos esclavos, ganando en el negocio 90.000 dólares. Inventor del terrible cuchillo “Bowie”, participó en innumerables reyertas, dando muerte a varios rivales en lucha cuerpo a cuerpo con la citada arma. Su fama de carnicero la cimentó en dos grandes peleas. La primera fue en 1827, cuando en el conocido banco de arena del Misisipi, cerca de Natchez, tras un duelo a tiros, su rival y él terminaron atacándose cuchillos en mano. Bowie resultó gravemente herido en la cadera, el pecho y la cabeza, pero acabó con su enemigo. La otra fue en 1830, cuando en un salón tejano le tendieron una emboscada, logrando con su cuchillo acabar con tres contrincantes. Dos años antes se había instalado en San Antonio de Béjar, casándose en el ya citado 1830 con la rica mejicana Úrsula de Veramendi, hija del subgobernador de Coahuila. Esta privilegiada relación con las autoridades mejicanas hizo que fraudulentamente consiguiera concesiones de tierras, acumulando miles de acres. Muy pronto fue un personaje influyente entre la población de San Antonio y, en general, en toda Texas. La prematura muerte de su mujer y su habilidad para especular con los terrenos le hicieron aumentar sus propiedades. Para el general Sam Houston, Bowie era un hombre a su medida en cuanto a la forma de ver la independencia de Texas y la implantación del sistema esclavista. Ambos eran aventureros, impulsivos, peleones y amigos de medrar en política, compartiendo una fuerte inclinación por la bebida. No olvidemos que los indios comanches terminaron llamando a Houston “Oo-tse-tee Ar-dee-tah-skee”, es decir “Gran borracho”.

Bowie y El Álamo.

Nombrado coronel de milicias, Bowie llegó a San Antonio de Béjar el 19 de enero de 1836, acompañado de una treintena de jinetes y con una orden clara de Sam Houston: que apremiara al coronel Neill, máxima autoridad militar en El Álamo, para que volara el fuerte antes de que llegara el ejército mexicano, llevándose de allí todas las piezas de artillería hasta los pueblos de González y Copano. En una primera inspección, Bowie se dio cuenta que aquella antigua misión era indefendible: débiles muros de adobe, espacios sin cerrar en el perímetro, falta de pólvora y medicina, el cañón del 18 sin munición... Sin embargo, por circunstancias nunca aclaradas, Bowie comenzó a dar instrucciones contrarias a las órdenes recibidas. Quizás influyó en él, el hecho de no dejar desamparados a sus amigos mejicanos de San Antonio, o tal vez, el embrujo especial que significaba el poderío de aquellos veinte cañones, sin duda la más completa colección de armas pesadas entre México y Nueva Orleáns. El panorama comenzó a cambiar: Green Jameson se mostró como un excelente ingeniero para fortificar el Álamo. En pocos días, construyó empalizadas de estacas y barro, levantó plataformas de tierra y madera para el emplazamiento de los cañones, y fortificó el muro norte, uno de los puntos débiles del reducto. Además, llegaron víveres, pólvora y munición, así como nuevos voluntarios, entre ellos el grupo más numeroso compuesto por los treinta y nueve hombres mandados por el teniente coronel Travis.
Precisamente, antes de partir de El Álamo, el coronel Neill entregó el mando del fuerte al teniente coronel Travis, en la lógica de que estaba al frente de la tropa regular del llamado ejército de Texas, y no a Bowie que mandaba a la milicia de voluntarios, lo que enfureció a este último. Finalmente, el mando fue sometido a votación, ganando Bowie al haber más voluntarios que “regulares”. Esto produjo una profunda división entre ambos hombres, sobre todo porque Travís veía que su rival, lejos de estar pendiente de la fortificación del fuerte y la instrucción de la tropa, pasaba la mayoría de los días borracho en San Antonio, rodeado de aduladores y haciendo lo que le daba la gana; como cuando exigió a las autoridades de la ciudad que abrieran los calabozos y soltaran a los detenidos. En otra ocasión, al ser arrestado uno de sus hombres por escándalo, Bowie sacó a sus voluntarios de El Álamo, haciéndolos desfilar delante de la cárcel para intimidar a las autoridades. No contento con esto y ebrios de whisky, los voluntarios dispararon sus rifles al aire, entre gritos y alaridos a modo de los comanches. Ante estos desórdenes, falta de disciplina y mal ejemplo de Bowie, Travis escribió al gobernador Smith el día 13 de febrero: “No quiero de ninguna manera, hacerme responsable de las irregularidades cometidas por ningún hombre borracho”.

Enfermo y sin mando

Una de las tergiversaciones más reiteradas en el cine y la televisión, se ha dado al plasmar la causa por la que Bowie dejó de estar operativo para el mando de El Álamo, presentándolo como que fue gravemente herido en combate y tuvo que pasar el resto del sitio tumbado en un camastro. La realidad fue menos gloriosa. Bowie dejó de estar en condiciones como responsable de la defensa del fuerte, en la misma noche del día en que el ejército del general Santa Ana entró en San Antonio de Béjar, es decir el 23 de febrero de 1836. Al oscurecer, Bowie ya no podía prácticamente dar un paso porque la fiebre le consumía. Arrastraba en sus pulmones las consecuencias de una dura vida cargada de excesos, con innumerables noches durmiendo al raso en la planicie o junto a la frialdad de los ríos, y con prolongadas borracheras para mitigar la fatiga. Indudablemente, dada la extrema situación con El Álamo cercado, nadie determinó el diagnóstico que producía aquella intensa fiebre, pero hoy no se descarta que fuera una neumonía o secuela de una antigua herida de arma blanca en un pulmón, pues arrojaba con frecuencia sangre por la boca. Aquella circunstancia sobrevenida fue la que dirimió definitivamente a favor de Travis, el mando de El Álamo.

¿Dónde murió Bowie?

La mayoría de las películas sitúan a Bowie en la madrugada del 6 de marzo de 1836, tendido en el camastro, en una pequeña habitación al norte del recinto de la iglesia. Esto no corresponde con los testimonios de las personas que vieron su cadáver una vez que los mejicanos acabaron con él. Tanto en la declaración de su cuñada la señora Alsbury, a las autoridades tejanas, como el testimonio del capitán mejicano Sánchez Navarro, que indicó sobre el plano de El Álamo el lugar donde encontraron al jefe tejano, identificado por Francisco Ruiz por orden del general Santa Ana; señalan que Bowie murió en una habitación junto a los llamados cuarteles bajos, próxima a la puerta principal del fuerte en el muro sur. Solo, con el color céreo en su rostro y el cuerpo extenuado, Bowie vio cómo los mejicanos tiraban abajo la puerta de la habitación. En sus manos sostenía dos pistolas previamente cargadas…
Nota.- El siguiente artículo relativo a El Álamo que se editará próximamente en Alhaurín. com, llevará el título: “El Álamo” de John Wayne.

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