El destino hizo que la antigua Alquería de Mollina fuera testigo directo del hecho histórico más importante acaecido en Alhaurín de la Torre, acontecimiento que tuvo connotaciones directas en nuestro país, pues el fracaso de aquel último pronunciamiento liberal prolongó el poder absoluto de Fernando VII dos nefastos años más (1831-1833), circunstancias que terminaron por conducirnos directamente a la I Guerra Carlista. Exactamente por eso tiene categoría de hecho histórico, por sus connotaciones, pues rebasa ampliamente el ámbito local (por primera vez el nombre de la Alhaurín de la Torre apareció en la prensa de París, Londres y Bruselas) , y por ello, por esa magnitud, es por lo que sus principales protagonistas están recogidos al detalle en uno de los cuadros más impresionantes del Museo del Prado. Esos rostros, esos hombres, fueron vendidos, traicionados y detenidos en Alhaurín de la Torre para acabar delante de un pelotón de fusilamiento sin juicio previo.
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Cayeron por intentar dotar a nuestro país de un proyecto político constitucional y democrático que contemplara las libertades individuales y colectivas, siendo precursores directos del estado derecho actual que vivimos, con sus aciertos y ventajas, y también con sus grandes decepciones, casi siempre obra de aquellos que, olvidando que su poder proviene del voto democrático de las urnas, se dedican a dominar todas las claves de las áreas de influencias de la localidad de turno, así como para lograr grandes beneficios económicos personales. Al margen de esa lacra; nuestras actuales instituciones, organismos, autoridades y cargos decentes de las administraciones del estado, autonómicas y locales; existen, actúan y tienen sentido, por la vida que dejaron por el camino millares de hombres y mujeres honrados de nuestro país en defensa de las libertades, sobre todo en los siglos XIX y XX. Torrijos y sus compañeros forman parte de ellos en un lugar privilegiado de nuestra Historia. Por tanto, las intervenciones de nuestras instituciones y autoridades democráticas deberían ser muy prioritarias para reparar estas deudas históricas, que a la vez, desgraciadamente, son deudas de sangre.
¿Se conoce el valor de lo que se determina como hecho histórico?
El concepto no vamos a repetirlo porque creemos que ha quedado suficientemente explicado en el párrafo anterior, pero sí señalamos que está vinculado con las palabras acontecimiento y suceso que tiene la importancia necesaria. Como ejemplo de lo contrario diremos que no es un hecho histórico encontrar un pilar romano, sin más, en Acinipo (Ronda); tampoco lo es el conocer un documento que nos diga el precio de una fanega de cebada en el siglo XVI en Alhaurín de la Torre; no merecen ese calificativo el que unidades de soldados atraviesen los caminos de Marbella en misiones de guarnición durante el XVII, tampoco lo es que algunas familias de la capital malagueña emigraran a África, América o a las Filipinas en el último cuarto del siglo XVIII, en una España donde “todavía no se había puesto el sol” en sus colonias. Todas estas son noticias que conforman la historia de cualquier localidad, se deben de datar, precisar con los estudios, fijar y proceder a su divulgación con todos los detalles que se conozcan, pero no tienen mayor trascendencia, excepto que por otros intereses u oportunidades se desee la amplificación de las mismas para alcanzar algún tipo de notoriedad (local, temporal o personal); y por supuesto, ninguna de estas noticias alcanzan la categoría de “hecho histórico”.
Por la Alquería de Mollina y la propia Asociación Torrijos 1831
Se inició por parte de actuales componentes de la Asociación Torrijos 1831 antes de que existiera ningún colectivo en nuestro territorio nacional en memoria de José María Torrijos, recogida por primera vez de forma escrita en el libro “Del Charcón a la Alquería. Un camino para Torrijos”, editado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre en 1999. Cuando el colectivo comenzó su fase constituyente en 2002, tomó el testigo de estos precursores para revindicar y velar por la reconstrucción de la Alquería, por entender que era bueno para el pueblo lo que se exponía en el libro: la ubicación de un centro de interpretación histórico en su interior en exposición para los visitantes que fomentara el turismo cultural en la zona. Por todo lo expresado en el párrafo anterior, el colectivo se implicó para evitar los desastrosos daños que las máquinas causaron en la Alquería de Mollina en la segunda mitad de 2003, defendiéndola por mutuo propio y por así pedirlo los vecinos de la barriada de Torrealquería. Cinco años después del intento de reventar a la Asociación Torrijos 1831 en el año 2005, y visto en todo este tiempo la falsedad de lo argumentado en aquellas fechas, “sostenido” con un entablado de injurias y difamaciones, llega el momento de preguntarse a ¿Quién le interesó aquel reviente?, o simplemente ¿A quién le interesa mantener “oxigenado” todas las malas secuelas de aquel daño? Pensamos que no a la cultura de Alhaurín de la Torre, pues es todo un referente clamoroso de anomalía (también de ridículo en los municipios limítrofes) en cuanto a asociaciones en la provincia de Málaga que, por desgracia, las buenas intenciones de Julián Sesmero, con anterioridad, ni las de Marina Bravo, en la actualidad, no han podido evitar. Y es que en Alhaurín de la Torre se vulnera desde hace cuatro años el punto 3 del Artículo 8 de la Ley Orgánica 1/2002 de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación, que cita en cuanto a los nombres de las asociaciones nuevas que se crean: “Tampoco podrá coincidir, o asemejarse de manera que pueda crear confusión, con ninguna previamente inscrita en el Registro donde proceda su inscripción”. La Asociación Torrijos 1831 es la más antigua en todo el territorio nacional en lo referente a Torrijos, ¿Por qué en su caso y a pesar de haber llevado con honor el nombre y la bandera de Alhaurín de la Torre por todos los puntos de España, no se ha salvaguardado a un colectivo totalmente original en cuanto a sus formas y objetivos? ¿Se mira para otra parte, para que Torrijos 1831 camine siempre entre un mar de dificultades? Personas competentes nos están ayudando para demostrar por vía digital quién es el sinvergüenza que, anónimamente, intenta esconderse tras la careta de “Fotógrafo2” -como si así pudiera hacerlo con lo bien que le conocemos y los precedentes que tiene- Simplemente, queremos decir, que si se llega a la demostración digital, no quisiéramos tener las responsabilidades de quienes han subvencionado económicamente a este “superentendido de uniformidades” y a su entorno. La Asociación Torrijos 1831 recogió en sus estatutos de 2002 “la salvaguarda de los lugares vinculados con José María Torrijos y sus compañeros”. El colectivo no pretende ser el defensor de todo el patrimonio de una localidad, no ambicionamos nada por el estilo ni quitarles obligaciones a los responsables de patrimonios locales, pues como bien dice el refrán “quién mucho abarca, poco puede”. Para nosotros, Alhaurín de la Torre es la Alquería de Mollina, Málaga el convento de San Andrés y la Cruz de El Bulto, y Mijas la playa de El Charcón. Esta es nuestra postura y determinación, en un año en el que en Alhaurín de la Torre ha abundado el dinero, menos para dejar un solo euro, hasta el día de la fecha, en la desgraciada Alquería de Mollina, sobre la que siempre abundan todo tipo de infortunios.
Contacto: Jesús Rivera Ruiz, Presidente. Telf.-686715582 contacto@torrijos1831.es
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