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La Asociación “Torrijos 1831” homenajea en Badajoz al coronel Torrijos, jefe del Regimiento de Infantería Tiradores de Doyle

Torrijos 1831. 15.11.08 

En la hermosa plaza que precede a la catedral de Badajoz, la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831 ha realizado en este histórico año del Bicentenario de la Guerra de la Independencia, un emotivo homenaje al joven coronel Torrijos que, en el verano de 1812 se encontraba como coronel primer jefe del Regimiento de Infantería Tiradores de Doyle en aquella plaza fuerte. La relación de Torrijos con los Tiradores de Doyle había nacido un año antes en el sur, concretamente en la sitiada Isla de León, San Fernando de Cádiz. Tras su actuación en Cataluña y gracias a los medios económicos que le remitían desde Gran Bretaña, el general Sir Charles Doyle decidió recomponer el Regimiento de Tiradores de Doyle, con su PLMM y dos batallones entre las unidades que se iban a formar en los campos de instrucción de la Isla. Para ello pidió que el joven teniente coronel Torrijos que se hiciera cargo del adiestramiento de estos hombres.

        Terminado el periodo de instrucción, y habiendo sido revistados por el general inspector el 15 de mayo de 1812, se dio orden al ya coronel Torrijos (había ascendido sólo siete días antes), para partir con inmediatez con el Regimiento de Tiradores de Doyle, a un punto de destino ineludible: Badajoz.         

            Las urgencias que desde Cádiz tomó el gobierno de la nación tuvieron su razón por los sucesos acaecidos apenas un mes antes en la capital extremeña, concretamente en la terrible noche del 6 de abril, en la que el ejército británico mandado por el duque de Wellington tomó a sangre y fuego las murallas y castillo de Badajoz, defendidos por las fuerzas francesas al mando del general Philippon; un hecho sobre el que el especialista de aquella contienda Gómez Arteche, militar e historiador, definió como “el drama militar más sangriento y tremebundo que hayan representado las tropas británicas en la Guerra de la Independencia”.

            Exasperado y furioso, el ejército británico que había tenido un total de 4.885 bajas, entre ellas la de cinco generales, realizó un saqueo y agresividad contra la población española, más bestial e inexplicable que las que había llevado en el enero anterior contra los habitantes de Ciudad Rodrigo.

            Debido a aquellos abusos, padecimientos y ultrajes contra la indefensa población, dominada ahora por un ejército aliado que, en su entrada había actuado más que como un amigo, como el peor de los enemigos; las autoridades de Cádiz pensaron que lo único que podía paliar la situación era enviar con rapidez tropas españolas, cuya presencia impediría los atropellos ingleses por más tiempo.

            Cuando Torrijos parte con su unidad a Badajoz, los batallones de los Tiradores de Doyle carecen del material adecuado tanto en bagajes como impedimenta, y faltan algunos artículos esenciales. Pero muy pronto los hombres de que conforman las compañías perciben la capacidad e ingenio de su coronel para proveer, de forma coherente y eficaz, y sin arbitrariedades, todas las carencias con las que salieron de Cádiz. Va a influir para ello la personalidad y carácter militar de Torrijos que, una vez en Badajoz, entra en contacto no solamente con los principales jefes del estado mayor británico, sino con el propio duque de Wellington. El porte de Torrijos, sus maneras a la hora de desenvolverse, su capacidad de gestión y, sobre todo, su rápida mejoría en el dominio del inglés, van a permitir que su Regimiento Tiradores de Doyle, esté muy pronto perfectamente pertrechado en armamento, equipo y munición.

            Los británicos vieron en Torrijos un militar español muy preparado, claro y directo en sus exposiciones, con el que solían contar en reuniones y tertulias.

Cuando las obligaciones se lo permitían, al joven coronel le gustaba visitar la labor de reconstrucción de los bastiones y paños de murallas de la ciudad que tan dañados habían quedado tras los bombardeos de la artillería británica. El país continuaba en guerra y nada aseguraba  que el ejército francés no intentara de nuevo tomar Badajoz.

            Torrijos solía oír misa los domingos en la catedral, trabando a la salida del templo amistad con varias familias de la burguesía local.

            Tras el homenaje realizado a Torrijos junto a la catedral, los componentes de a Asociación Torrijos 1831 marcharon a contemplar los bastiones defensivos de Badajoz que, en la actualidad, conservan un aspecto muy similar a los que en su día conoció el joven coronel Torrijos.

Contacto:

Jesús Rivera Ruiz, Presidente.
Telf.-686715582
contacto@torrijos1831.es

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