Precisamente, Bailén fue el “canto del cisne” del ejército borbónico, ensombreciéndose el panorama con clamorosas y desastrosas derrotas a lo largo de 1808, como la batalla de Medina de Rioseco, donde fueron vencidos por los franceses y la falta de un plan conjunto eficaz, los ejércitos de Castilla y Galicia; Gamonal, en la que las tropas napoleónicas pulverizaron al ejército de Extremadura; Espinosa de los Monteros, donde el ejército español de Blake quedó destrozado por las fuerzas de Lefebvre y Víctor; o Tudela, con los mariscales franceses poniendo fuera de combate el ejército español del Centro, mandado por el general Castaños, y parte del de Aragón. La batalla de Somosierra fue una derrota más para España en la que los lanceros polacos de Kozietulski que servían en el ejército de Napoleón, la resolvieron, por orden directa del emperador, con una brillante carga contra un dispositivo defensivo español, bajo el mando del general San Juan, insuficiente y muy mal planteado. “Las unidades españolas, presas de pánico, se retiraron en desorden y no pararon hasta Madrid” (Historia Militar de España de Editorial Planeta, editada en 1984), dejando los cañones en manos de la infantería francesa. Para colmo de caos y desorden, la tropa española terminó asesinando en Talavera al general San Juan. Somosierra se convirtió así en un desastre militar que permitió la toma de Madrid poco después. A medida que se derrumbaba más el ejército borbónico, comenzaron a coger eficacia y nombradía las guerrillas. La gran movilidad de los guerrilleros, al adaptar en cualquier parte su base de operaciones, su nula impedimenta, su servicio de información completo a través de los patriotas de los pueblos, la capacidad de dispersión ante el peligro y la de la concentración para la acción, hostigando constantemente al adversario, atacando su línea de comunicación, sorprendiendo sus destacamentos, apoderándose de sus convoyes y dando muerte a los correos tras apoderarse de los despachos, lograron traer en jaque a los imperiales hasta el final de la contienda. El 28 de diciembre de 1808, la Junta Central con sede en Sevilla, promulgó el Reglamento de Partidas y Cuadrillas, con el que se pretendió armonizar la actuación de numerosos grupos de patriotas que se habían alzado en armas a retaguardia del enemigo.
El 2 de febrero del año 1812, para el estado mayor francés la situación era crítica en el oeste de la provincia de Málaga. El gobernador militar, barón de Maransín, tenía noticias de la concentración de tropas españolas bajo las órdenes del general Ballesteros en localidades próximas a Coín. Aunque presumía que estas fuerzas todavía no estaban en condiciones de tomar la capital, el nerviosismo se apoderó del general francés, impartiendo órdenes a sus jefes de columnas móviles.
El día 4 del mismo mes, el coronel Berton, que en esos momentos cumplía sus funciones como comandante de Osuna, recibió la orden de Maransín de iniciar una marcha con sus fuerzas hacia Cañete la Real. El plan era el siguiente: si las fuerzas de Ballesteros, derrotaban a los 300 hombres del comandante Thyrel y salían por “el boquete” de Coín para hacer la tan anunciada ofensiva hacia el este, las tropas de Berton caerían por el flanco izquierdo de los españoles. Berton establecería parte de sus fuerzas en Campillos y allí quedó, esperando refuerzos.
El camino hacia Cañete la Real estaba cargado de peligros por las partidas de guerrilleros que se descolgaban por las alturas de la Serranía de Ronda, a través de las sierras del Padrastro, Carboneras y Cañete. Además del Guadalteba, los guerrilleros disponían de agua abundante para sus cabalgaduras en el río Cordones, y en los arroyos, del Cerezo, Lavadero, Berrillo y Barbero.
Cañete la Real estaba comprometido con varios jefes guerrilleros, informándoles los vecinos de los movimientos de las tropas francesas. Ante la amenaza constante de las guerrillas, el coronel Berton, experimentado jefe de caballería dispuso un prudente y seguro horario de marcha a sus jinetes, gracias al cual pudo llegar a Cañete la Real sin bajas. Finalmente, sería la propia rivalidad entre el general Leval con el gobernador Maransín lo que quitaría protagonismo a la maniobra de Berton. En el homenaje realizado por la Asociación Torrijos 1831 a los guerrilleros de la Serranía, en Cañete la Real, el pasado 17 de agosto, el colectivo histórico evocó a aquellas partidas y a sus principales jefes. Al término de la actuación, varios vecinos mayores dieron información a los componentes de la Asociación, de lo que habían escuchado de sus padres y abuelos respecto a los nombres y hazañas de los guerrilleros que fueron la pesadilla de los franceses en aquel montañoso territorio.
“La Serranía de Ronda arde en llamas con partidas de guerrilleros batiéndose en la comarca como rayos de la guerra, jinetes al alba, acosando a los franceses en las fuentes y ríos, en los cortijos y quebradas”.
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