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Ante la estatua de Teodoro Reding en Bailén | | Torrijos 1831. 28.07.08 | | Están junto a la estatua de general Teodoro Reding en Bailén. Lo hacen con el sentimiento histórico que les mueve y permaneciendo en el más respetuoso silencio. Sus guerreras muestran los colores rojo y azul oscuro de los antiguos regimientos procedentes de Helvecia al servicio de la Corona española. El plano de sus hombros define la prestancia de sus figuras, junto a la vistosidad de sus gorros bicornios y de granaderos. Son los “Suizos de Teodoro Reding” de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831, la más antigua en recreaciones históricas del siglo XIX en la provincia de Málaga.
| Es verano tórrido en Bailén, pero las altas temperaturas que sirvieron para derrotar al ejército de Dupont no pueden en este caluroso mes de julio, con la afición por la historia y la dedicación que, desde 2002, mantiene este grupo de malagueños por los personajes de su tierra. Tal vez sea porque no es un julio corriente: estamos en el mes en el que se cumple el histórico Bicentenario de la batalla de Bailén, que doscientos años antes fue el más importante en la vida militar del mariscal de campo Teodoro Reding, con intensas conversaciones con el capitán general de Granada, Ventura Escalante; dedicación plena a la recepción, organización y aposentamiento de las numerosas tropas en la capital de la Alhambra; reunión en Porcuna con la exposición del plan de maniobra por parte del cuartel maestre Tomás Moreno, y la acción de Menjíbar. Finalmente, el vadeo del Guadalquivir en la mañana del 18 de julio, con la 1ª y 2ª división bajo sus órdenes. Después, el inicio de la batalla tras sobrepasar los franceses el río Rumblar y, cómo no, la histórica jornada del 19 julio, con las acertadas disposiciones tomadas por Reding en la línea española que llevaron a la primera victoria sobre los ejércitos napoleónicos que, en el periodo entre 1805 y 1808, habían mostrado su mayor poder bélico en Austerlitz, Jena, Eylau o Friedland. Por esa misma razón, Bailén marcó un hito muy importante, con el añadido de sus tres consecuencias inmediatas: Madrid fue abandonada por el rey José; los británicos decidieron implicarse más en lo que denominaron Guerra Peninsular y, finalmente, Austria entusiasmada por aquella derrota, se levantó otra vez contra el imperio francés. La batalla de Bailén tuvo su mayor artífice en Reding y, durante casi dos siglos, la bibliografía nacional minimizó su protagonismo y responsabilidad en la jornada del 19 de julio de 1808. En el libro “Málaga frente a la Guerra de la Independencia: 1808-1812”, editado en 1996, en el que se recogieron los trabajos de investigación de actuales componentes de la Asociación Torrijos 1831, se decía al respecto: “La actitud del militar suizo durante toda la batalla fue ejemplar. Cabalgando sobre su caballo entre las unidades situadas en primera línea de fuego, como siempre le gustaba hacer, no cesó de dar órdenes directas, demostrando aplomo, arrojo y destreza en busca de la victoria. A diferencia de otras batallas libradas en la Guerra de Independencia por el ejército borbónico, la línea española aguantó todos los ataques de los imperiales, y esto, aparte de las ganas de vencer, tesón y sacrificio de nuestras tropas, tiene una referencia ineludible: la presencia constante de Reding en los lugares donde el choque fue más decisivo. Dupont intentó derrotar a Reding y fracasó en el empeño, quedando sus fuerzas destrozadas. Esto ocurrió a mediodía del 19 de julio de 1808. El general Castaños llegó al campo de batalla de Bailén el día 23 del mismo mes, es decir, media semana más tarde. Este dato tan determinante como correcto nos lleva a una pregunta inevitable: ¿Por qué no se le ha dado entonces en nuestra Historia el reconocimiento a Reding como verdadero artífice de la victoria de Bailén, sin menoscabo de la labor que realizó el general Castaños como jefe y coordinador de las tropas españolas en la zona? Haciendo una extrapolación de tiempo y lugar, en una batalla librada en el territorio de Montana, en el año 1876, entre la caballería de los Estados Unidos y los indios sioux, llamada Little Bighorn; el general Terry, jefe de las operaciones al igual que Castaños, concibió una gran “tenaza” sobre el campamento indio, con otro importante río en las inmediaciones: el Yellowstone. Uno de los brazos de la “tenaza”, el del flanco izquierdo, tomó contacto con los indios antes que apareciera el grueso del ejército, siendo derrotado y masacrado. La mandaba el teniente coronel Custer, y sólo a él y no al general Terry, se le ha atribuido la derrota de Little Bighorn. El ejemplo, con las lógicas salvedades de las coordenadas espacio-temporales, es totalmente válido, con la excepción de que el brazo de la “tenaza” que mandaba Reding no fue derrotado, sino que consiguió una amplia victoria. Hasta cerca de I Guerra Mundial, los éxitos y fracasos en las batallas se atribuyeron a los máximos jefes que, mandando sus líneas respectivas, ejercieron su cometido frente al enemigo y a la vista de éste. Así, Cesar se convirtió en vencedor de Pompeyo en Farsalia, Guillermo de Normandía frente al rey Harold en Hasting, y el duque de Wellington contra Napoleón en Waterloo. Por tanto, es lamentable el hecho de haberse ignorado, oficial y sistemáticamente durante dos siglos, que Reding fuera el vencedor de Bailén, y más cuando su conducta como militar fue siempre intachable para el país que servía y terminó entregando su vida, siendo un caso excepcional que como capitán general muriera por heridas producidas en combate, lo que demuestra su talante y bravura”. Hoy, esta estatua pone fin a la injusticia histórica. Lo han hecho posible el Ayuntamiento y el pueblo de Bailén, y también la capacidad escultórica de los componentes de la empresa Mester Artis. Cuando la decisión institucional, la conciencia de un pueblo y la sabiduría del arte se conjugan, se consiguen resultados tan extraordinarios como este. Frente a la estatua de Reding, el estudioso de las unidades de suizos al servicio de la Corona española, desde 1993, Moisés Delgado, vistiendo el uniforme de capitán de granaderos del Regimiento, dijo a sus compañeros: “Lo escrito aquí, en Bailén, forma parte de una de las páginas más importantes de la historia de España. Nosotros, los que vivimos, estamos obligados, por los que cayeron, a divulgarla en nuestro país y en el extranjero para conocimiento de las generaciones venideras. Las palabras se pierden pronto en el olvido, pero esta acogedora estatua, levantada por un pueblo que ha demostrado tener conciencia por su historia, permanecerá para siempre, con la figura de Reding representando a los soldados que al servicio de nuestro país lucharon y murieron en estos campos, consagrando con su valor y conducta aquel hecho, de forma intachable. Suizos de Teodoro Reding, gritad conmigo el lema: ¡Constancia y Valor! Y la respuesta al punto fue: ¡Constancia y valor!”. Y Bailén, bajo el silencio de un caluroso mediodía del mes de julio, continuó viviendo en la quietud de la calma, su epopeya. Contacto: Jesús Rivera Ruiz, Presidente. Telf.-686715582 contacto@torrijos1831.es |
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