Tras ser presentado el acto por el vocal de cultura del colectivo perchelero, tomó la palabra la madre María Dolores Carmona, pregonera en 2007 y superiora de la comunidad Filipense en Málaga que tiene su sede en nuevo Hogar San Carlos. La religiosa glosó la figura de Esteban Alcántara teniendo palabras de especial cariño hacia su persona.
Por su parte, el autor del XXV Pregón lo hizo aportando una visión personal de su relación con el barrio: “Al Perchel me trajeron los vientos de la Historia. Vientos de inquietud e inconformidad por lo que va desapareciendo día a día ante nuestros ojos, aplastado por construcciones de volúmenes excesivos. Vientos de la Historia que al término de su recorrido muestran a los hombres la razón de las cosas y lo inequívoco de la conducta de personas que nos precedieron. Me trajeron al Perchel los ecos imaginarios de los gritos de sus vecinos luchando desesperadamente contra francés y polacos en la tarde del 5 de febrero de 1810. Días de desastres de la guerra, que junto a las implacables epidemias de los años 1803 y 1804 marcaron uno de los periodos más calamitosos de este viejo barrio.
Vine al Perchel en busca de un Refectorio olvidado y agónico, con rumor a letanía de frailes carmelitas descalzos, que confesaron y prestaron los correspondientes auxilios espirituales a Torrijos y sus compañeros en la noche del 10 de diciembre de 1831. ¿Quién pudo olvidar aquello? Tragedia entre muros de paz y rebalaje cubierto de muertos por un sentimiento de libertad.”
Respecto a la Virgen del Carmen y el mundo marinero del Perchel, entre otras cosas, Alcántara citó: “Y sonaba la trágica sirena, aquella que anunciaba con su infinito pitido que una embarcación ya no volvería, o bien, que un golpe de mar había arrancado de las estrechas cubiertas a uno o varios marineros. Entonces se escuchaban gritos de intenso dolor, se desencajaban los rostros, dominando la desesperación y la angustia el ambiente. Los miembros y amigos más jóvenes de las familias afectadas acudían al morro para tener noticia de lo ocurrido y constatar la desgracia; mientras que entre las redes y maderos, los mayores se sentaban en la playa de San Andrés y, con la paciencia de la vejez y las marcas de anteriores tragedias, oteaban el horizonte a espera de vislumbrar en la lejanía la figura de la embarcación deseada que, poco a poco y en el tibio atardecer, se esfumaba en la incipiente neblina.
En medio de la incertidumbre se escuchaban oraciones y plegarias con el nombre de fondo de la Virgen del Carmen, Reina y Madre de El Perchel. Ella, guía y luz de los marengos, devotos en los tránsitos del dolor y en la cita dominical de la iglesia que lleva el nombre de la señora del mar en el barrio, acogía bajo su manto y daba consuelo a los que eran víctimas y allegados de la tragedia.
Tendríamos que remontarnos a la Edad Media para encontrar estas invocaciones de auxilio por las tragedias del mar, motivadas por la fe a la Virgen del Carmelo, abogada de marineros y pescadores que, desde la imaginaria altura del evangélico monte, se convertía en faro guía de los hombres del mar. Ella era la Stella Maris, la que marcaba sus rumbos en las noches de tormentas, de olas gigantes y vientos huracanados.”
Al término del pregón, el presidente del colectivo perchelero impuso a Esteban Alcántara el escudo de oro, distintivo del mismo. Finalizó el acto con un ágape ofrecido por la entidad perchelera a los invitados.
Contacto: Jesús Rivera Ruiz, Presidente. Telf.- 686715582 contacto@torrijos1831.es
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