
Hoy escribimos una nueva página en el libro de las grandes conquistas laborales de nuestro país. Recogemos el testigo de nuestros bisabuelos y bisabuelas, que en 1919 limitaron la jornada laboral a las 8 horas diarias en la huelga de la Canadiense. Y recogemos también el testigo de nuestras madres y padres, que consiguieron la primera reducción de la jornada laboral en los 80.
Reducir la jornada laboral es, ante todo, una cuestión de justicia. Somos la economía que más crece de la UE y la productividad sigue aumentando. Ya toca que eso redunde en la mejora de las condiciones laborales de la mayoría, beneficiando de forma directa a más de 12 millones de personas asalariadas, especialmente mujeres y jóvenes.