En 1976 graba un disco de rock con Charlie & the Pep Boys. El año siguiente toca con el saxofonista Bill Evans, quien lo recomienda a Miles Davis. Hizo su debut con la banda de Miles en 1981, en el Kix Nightclub de Boston; una actuación que fue grabada y lanzada por la CBS como We Want Miles. Permanece con el trompetista hasta 1983 apareciendo en las grabaciones de The Man With The Horn y Star People.
A partir de ese momento comienza su carrera en solitario tras pertenecer a dos bandas clásicas e importantes como Blood Sweet and Tears y Miles Davis Group, grabando más de una docena de discos en solitario que le consolida su actual prestigio y por los cuales recibe en 2002 una nominación para los premios Grammy por su cd “Voices” y llegando a obtener en 1997 el galardon de mejor guitarrista del año por su disco “Give and take”.
Con un estilo enérgico y fogoso, tomado ampliamente del rock (el rock-blues y el hard-rock a la inglesa), al ardiente Mike Stern se le reconoce en seguida. Su sonoridad puede cambiar a lo largo de un mismo chorus, donde no duda en tocar con el timbre claro y ligero de los guitarristas bop, para bascular después, de forma brutal, en las coloraciones retorcidas y ácidas, evocadoras de efusiones hendrixianas. La guitarra, instrumento al que se le suele reprochar un sonido en exceso lineal, adquiere en sus manos una amplitud dinámica excepcional. Su fraseo es a la vez cortante y flexible, y su lenguaje armónico integra ágilmente el rock y el blues en un discurso más específicamente jazzístico.
Viene de actuar a primeros de julio en el Festival de jazz internacional de Montreal uno de los certámenes más importantes de la música jazzistisca y estará de gira por Europa durante mas de un mes tocando en los mas importante eventos de distintas capitales.
Como ejemplo, consignar que el pasado día 10 de julio actuó en Córdoba con Anthony Jackson al bajo, Bob Franceschini al saxo y Dave Weckl a la batería y esta es la crónica de ese concierto reproducida en las páginas del diario ABC.
Luis Medina: Señoras y señores: Mike Stern. Este singular músico que apareció abierto de brazos y sonriendo como un niño, saludando voz en alto como un universo feliz consigo mismo, demostró lo contagioso de su espíritu ofreciendo lo que ya puede avanzarse como el concierto del Festival de este año. Así lo comentaban no pocos a la salida. Soberbio espectáculo de jazz fusión el ofrecido por una banda en formato cuarteto que estuvo sensacional, desde el esperado Anthony Jackson al bajo, hasta la magna presencia de Bob Franceschini al saxo, pasando por un extraordinario, como siempre, Dave Weckl a la batería. Da miedo pensar qué hubiera pasado si la banda hubiera contado con los otros baluartes del último disco de Stern, «Who let the cats out?», especialmente Jim Beard a los teclados, Roy Hargrove (sí, el del RH Factor) a la trompeta y Richard Bona al bajo y efectos vocales. Todo ello fue perfectamente adaptado y compensado con un mayor protagonismo del propio Stern y su diálogo y contrapunto con Franceschini. Y es que Stern está en un momento dulce, en el que tiene algo que decir, y ¡vaya cómo lo dice! Con contundencia y elegancia en sus temas más potentes, con un elevado sentido jazzístico, con una amplia paleta de registros sonoros y técnicos a la guitarra, con muy buen gusto y un cautivador lirismo en sus temas más íntimos.
Inspiración de amplio espectro, optimismo hecho música que contagió a un teatro que tardó pocos minutos en estar entregado y acabó entusiasmado, mientras Mike Stern bromeaba y saltaba pidiendo que le compraran el disco que él mismo lleva por sus conciertos. Este disco, ya mencionado, fue el núcleo de su actuación, con destacado bop `n roll, jazz funk rock y baladas muy personales y de extraordinaria belleza como «Language», que fue todo un éxito en la noche del martes. Es en este tema donde nos imaginamos el teatro boca abajo si el camerunés Richard Bona hubiera sido de la partida, como en la grabación. Fantástica también la puesta en escena de «KT», un tema de alto nivel compositivo.
Prometedor y reconfortante ver que esta generación de músicos con los que Stern se relaciona, los Hargrove, Bona, o su relación con el concepto colectivo de fusión de Kurt Rosenwinkel, o más propiamente de Pat Metheny Group en algunos momentos, lo hace generar música con mayúsculas. Mike Stern estaba encantado, en coherencia con su personalidad entregada, alegre, casi de niño ilusionado (cómo no estarlo, con la música que hace), y que compartió en la puerta del Gran Teatro a los pocos minutos de terminar por iniciativa propia, firmando discos y saltando.
No creo equivocarme si digo que será un concierto recordado por muchos años entre los asistentes. Sí. Aquel concierto de Mike Stern en el Festival 2007...
El concierto dará comienzo a las 10,30 en el Portón y el precio de la entrada es de 10 euros. |