Partiendo siempre de una base melódica simple y repetitiva que marca el compás, el resto de componentes se iban introduciendo uno a uno en la melodía. Tras él, una base rítmica increíble de un extraordinario baterista como Poogie Bell, inconmensurable durante la hora y media que duró el concierto y que terminó literalmente empapado en sudor. Buenos también, pero sin llegar a su altura el teclista Peter Horvarth y el guitarrista David Gilmore.
Sin embargo, por encima de todos, el increíble sonido del bajo de Bailey, quien por cierto tiene guitarra propia, ya que la casa Fender a uno de sus modelos lo ha bautizado con el nombre de de este músico y que a base de virtuosísimo, ya que prácticamente el concierto se lo echó el sólo a cuestas, supo tener a los espectadores encandilados durante toda la actuación.
Bailey, un reconocido músico que ha tocado con la creme de la creme del jazz americano, se encuentra consecuencia de una enferme edad degenerativa que le ha afectado a las piernas bastante delicado de salud, eso, unido según confesó después, a que estaba dolorido de la mano izquierda, impidió que prolongase durante más tiempo el recital, ya que según dijo después, se sentía muy a gusto en ese escenario y con ese público.
A pesar de esos inconvenientes que le obligan a tocar sentado en un taburete, se adentró en diferentes estilos, jazzísticos, funk y bossa dejando por sentado que en todos ellos se desenvuelve con la misma maestría y la conjunción batería y bajo era tal que sonaban al unísono sin ningún tipo de cruce llenando ellos solos el escenario del auditorio.
Víctor incluso se atrevió a cantar en algunos de los temas, finalizando el recital con un público entregado que quería más y más, y por ello, todo el graderío puesto en pie con un largo y sonoro aplauso obligó de nuevo al grupo a salir al escenario a prolongar el concierto con un bis.
Fue posiblemente la pieza más memorable. En ella Víctor dio un auténtico recital de solo de bajo en todas sus variantes tocándolo de diferentes formas y maneras. Todo lo que un público desea saber sobre el bajo y no se atreve a preguntar. La guinda de un pastel de una noche memorable.
En otro orden de cosas, indicar que el Festival del Portón del Jazz está cogiendo una solera y consolidación entre los auténticos entendidos estimable. Acaba de pasar el ecuador de los cuatro recitales programados y van dos llenos absolutos. Siendo además singular que son numerosos los asistentes que vienen de diferentes lugares de la provincia e incluso de sitios más lejanos, como Almería, Cádiz o Huelva, atraídos no sólo por el programa, sino por el encanto del lugar. Comentaba un buen aficionado venido de fuera al enterarse de que Bailey estuvo todo el concierto dolorido de una mano “es igual, este tío incluso con las dos manos escayoladas es capaz de poner al público en pie”.
Para el próximo viernes día 24, un plato fuerte Steve Oliver Trío, un guitarrista californiano a quien se compara con el mismísimo George Benson que viene expresamente a tocar a Alhaurín y vuelve de nuevo a Estados Unidos, es decir, este próximo concierto no forma parte de un gira organizada por Europa como es lo habitual de quienes no visitan.
Se ha conseguido su contratación gracias a unas gestiones que se realizaron el pasado año a través de Sypro Gyra y promete que será todo un acontecimiento, ya que a pesar de la juventud del artista, es una firme promesa en el panorama jazzístico americano. La consolidación del festival se demuestra en el comentario emitido ayer por la organización de la concejalía de Cultura, que manifestaron que ya hay varias decenas de entradas vendidas a través del Corte Inglés para el concierto que cierra el ciclo el viernes 31, la Granada Big Band. Hasta el momento esta edición del Portón del Jazz se está superando a sí misma.
Luis Bravo |