Hoy había partido, ni un alma por la calle, he podido pasear a mi perro con toda tranquilidad; desde las casas se escuchaban los gritos colectivos, todo lleno de banderas enun inusitado sentimiento patriótico. Ciertamente no me gusta el fútbol, veintidós tíos pegándole patadas a un balón, algunos de ellos cobrando tres millones de euros, en un mundo en crisis, me parece una gran tomadura de pelo. Tampoco me gustan los sentimientos xenófobos y tribales que acarrea este espectáculo. |