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La procesionaria del pino: una reflexión sobre la biodiversidad
Eduardo Saez Maldonado. 01.10.24 
Como todo el mundo sabe, ahora no es época de procesionaria. Las orugas no suelen bajar al suelo a "procesionar" y a enterrarse en la pinocha hasta la primavera. Es entonces cuando se nos hacen evidentes, nos preocupamos por sus efectos nocivos y nos ponemos todos nerviosos. Pero claro; la oruga de la procesionaria es eso: una oruga (una larva). Sin embargo, el individuo adulto, la mariposa (porque la procesionaria es un lepidóptero), aparece precisamente ahora, al final del verano, durante unas pocas semanas. Porque es eso, unas pocas semanas de vida de lo que disfrutan los individuos de esta especie en la fase adulta. Pero no las vemos con facilidad porque la procesionaria es una mariposa nocturna con lo que no va a ser fácil que la veamos revoloteando alegremente al sol. Hace unas semanas, tras las primeras lluvias que cayeron en septiembre, empezaron a salir en tropel y se ahogaron en las piscinas cientos de mariposas (la de la foto adjunta, que ya no tiene antenas y las alas están borradas, fue una de ellas) lo que me hace sospechar que el año que viene va a ser duro en cuanto al número de orugas "procesionantes", al menos en los pinares de los dos Alhaurines. Estos días del final del verano andarán, pues, los adultos atareados con sus cosas y, tras los apareamientos, volarán hasta las copas de los pinos a hacer la puesta de huevos. En esta fase sirven de alimento a murciélagos y a los pocos insectívoros que se mueven por la noche (los chotacabras que aún no hayan iniciado la migración y algún otro), así como a algunos roedores de hábitos arborícolas como la rata negra.
 Pasadas unas cuantas semanas, los huevos eclosionarán y nacerán las orugas que pasarán el invierno comiendo acículas en las copas de los pinos. Los primeros dos meses más o menos (hasta la tercera muda), las orugas no tienen pelos urticantes y son depredadas activamente, entre otros muchos, por los pájaros insectívoros de la familia páridos como carboneros, herrerillos etc. A partir de entonces ya empiezan a tener los famosos pelos urticantes que tanto nos fastidian pero, aún así, son depredadas por avispas de distintas especies y otros insectos carnívoros (tenemos grandes esperanzas puestas en el avispón oriental invasor que se ha hecho tan abundante el último año por la zona). Llegada la primavera y alcanzado el tamaño máximo, las orugas se deciden a bajar al suelo. Es entonces cuando son más peligrosas, especialmente para niños y perros. Pero las orugas no bajan al suelo a fastidiarnos a nosotros, sino que deben completar su ciclo vital enterrándose en la pinocha para, durante el verano, sufrir la metamorfosis que las convierta en mariposas. Durante dicha metamorfosis (fase de pupa) sirven de alimento a abubillas, mirlos y otros pequeños depredadores que los rebuscan activamente entre la hojarasca.

Todo este rollo me sirve para recordar la importancia de tener unos ecosistemas sanos y bien desarrollados que tengan suficiente biodiversidad como para que sean capaces de autocontrolar las poblaciones de las especies que los configuran. Me permito recopilar brevemente algunos de los grupos de animales que se alimentan (y por tanto contribuyen a su control) de procesionarias en sus distintas fases del ciclo vital: murciélagos, chotacabras, roedores, pajarillos insectívoros, avispas, abubillas, mirlos etc. Y no sólo a nivel de fauna, porque si en lugar de tener "bosques" monoespecíficos de pinos (por otra parte muy propensos a los incendios voraces como bien sabemos) tenemos comunidades vegetales diversas, las especies que, como la procesionaria, se alimentan exclusivamente de pinos no proliferan tanto, lógicamente (las plagas las provocamos nosotros, no lo olvidemos). Y si en lugar de "limpiar" tanto los bosques, permitimos que las ramas y madera muerta permanezca en el ecosistema, además de permitir la vida de muchas especies descomponedoras de madera y el reciclado de nutrientes, permitiremos que haya cobijo para los insectívoros mencionados (carboneros, herrerillos etc) que suelen anidar en huecos de árboles, así como, por ejemplo, para las ardillas, presentes ya en Churriana, y  que en pocos años colonizarán estos pinares de la cara norte de la Sierra de Mijas contribuyendo, con su incesante trasiego de semillas, a la diversificación del bosque.

Y es que la preservación de la biodiversidad, aunque es una obligación moral (aspecto este que nos importa un pimiento, no nos engañemos), no es sólo un capricho de flowerpowers trasnochados, sino que los "servicios ecosistémicos" de los que nos proveen, como el control de plagas de que hablamos hoy (pero también depuración de aguas y aire, mantenimiento de la humedad ambiental, polinización, etc, etc) son esenciales para nuestra vida pues nuestra especie, aunque nos resistimos a reconocerlo, es una especie más del ecosistema global.

Somos lo que somos: un componente más de Gaia. 

Eduardo Sáez Maldonado
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