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| | Eduardo Saez Maldonado. 13.08.24 | |   Buena parte de la magia que emana de los evocadores bosques de frondosas tiene que ver con la supuesta existencia de seres fabulosos que, como las hadas del bosque, han protagonizado historias y leyendas en la cultura europea durante siglos. El otro día descubríamos unos llamativos seres (lamentablemente, y por problemas de latitud, no frecuentamos bosques caducifolios) que, no me cabe duda, han contribuido a crear estas imaginarias criaturas legendarias. | Se trata del caballito del diablo, conocido como damisela azul ("Calopteryx virgo"). La mayor parte de los insectos del orden de los odonatos son los que conocemos como libélulas (anisópteros), pero una tercera parte de las especies de dicho orden constituyen los llamados caballitos del diablo (zygópteros). En comparación con el vuelo resuelto, preciso y enérgico, (perfecto) de las libélulas, los caballitos del diablo tienen un vuelo ligero, grácil, divertido y algo errático, más parecido al de las mariposas. En el caso de la damisela azul que nos ocupa, esta circunstancia, unida a una coloración espectacular (sobre todo el macho, azul cobalto con alas oscuras), hace que al revolotear en los claroscuros de los regatos de los arroyos ocultos del bosque, su fulgor metálico "se apague y encienda" al recibir de forma intermitente los rayos del sol que le provocan brillos y cambios de coloración fantásticos.
Traemos un par de fotografías (no son buenas pero son) del deslumbrante macho azul y de la menos llamativa pero también preciosa hembra, así como un brevísimo vídeo que nos permite hacernos una fugaz idea del tipo de vuelo de estas "hadas del bosque". Se da la circunstancia añadida de que son unos magníficos indicadores de alta calidad del agua pues, para reproducirse (los odonatos tienen una fase larvaria acuática), requieren aguas muy oxigenadas por lo que estas deben estar muy limpias y frías (menos de 18 o 20 grados, aunque mejor 10 o 15) para poder disolver la cantidad de oxígeno que necesitan.
Curiosamente las larvas de los odonatos se conocen como "náyades", haciendo referencia a otros seres fantásticos, emparentados sin duda con las hadas, que el DRAE define como "(Mitología): cada una de las ninfas que residían en los ríos y en las fuentes", lo que nos confirma nuestra sospecha de que las hadas, ninfas, ondinas y trasgos existen y, de alguna manera, velan por los pocos bosques "naturales" que nos van quedando. Costumbrismo mitológico forestal.
Eduardo Sáez Maldonado |
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