Uno de mis recuerdos más felices fue cuando nacieron mis hijas, y lloré, lloré de felicidad porque si no, hubiera explotado. Era demasiado grande lo que sentía para que cupiera dentro. Y eso mismo experimenta uno cuando la angustia o la pena le invaden, un cúmulo de sentimientos tan grandes que de una u otra manera tienen que salir, y qué mejor que expulsarlos con un buen baño de lágrimas. Qué alivio sentimos después. El alivio no es solo psicológico, es también físico ya que el cuerpo libera hormonas del estrés. Así que hoy os traigo el llanto, pero el llanto en todos los sentidos...
Cito al poeta argentino, Oliverio Girondo: "Llorar a lágrima viva,
llorar a chorros... Llorarlo todo, pero llorarlo bien. (...) Llorar de
amor, de hastío y de alegría..."
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Antiguamente llorar era simplemente la manifestación de un estado de ánimo. Hoy llorar, para según que edad o según que sexo, es un signo de debilidad. ¡Falso!, llorar es dar paso a una necesidad que te hará sentir mejor. La novelista inglesa Charlotte lo sabía: “Llorar no indica que eres débil. Desde el nacimiento, siempre ha sido una señal de que estás vivo.”
Recurrir a la lágrima cuando lo necesitas es actuar con inteligencia, no permitir que el cuerpo acumule tensión, limpiarlo de toxinas. Todos tenemos el mismo derecho a ella. Qué no te diga nadie que eres un hombre y los hombres no lloran. No escuches a la ignorancia. El filósofo Séneca no pudo decirlo más claro: “No hay mayor causa de llanto que no poder llorar.”
Ser fuerte y valiente es cosa de muchos seres vivos, pero el llanto emocional es exclusivo del ser humano. Ser capaz de reconocer estas emociones y expresarlas demuestra Inteligencia Emocional, aunque una parte de la sociedad considere estas emociones como “negativas”. Las personas que no dan rienda suelta a sus emociones reaccionan ante la presión y el estrés de manera exagerada. Después de una buena dosis de llanto nuestras emociones se equilibran y nuestra mente racional está preparada para funcionar mejor.
La poeta uruguaya Sara de Ibáñez lo sabía: “Voy a llorar sin prisa. Voy a llorar hasta olvidar el llanto y lograr la sonrisa”.
No te pierdas el siguiente cuento, donde la ingenuidad de un niño es la clave: http://sellohorainfantil.blogspot.com.es/2016/08/todos-tenemos-derecho-llorar.html |