|
El coche volador | | Lydia Tapiero Eljarrat. 23.01.14 | |  La noticia me ha dejado una sonrisa haciendo volar la imaginación y con ella me ha traído también la nostalgia: La compañía israelí “Tactical Robotics”, desarrolló un vehículo, ambulancia aérea, que puede despegar, volar y aterrizar sin piloto para salvar vidas. Lo particular de ella es que solo mide tres metros. Aterriza y despega en vertical. Con esta noticia me he ido 20 años adelante... con la comercialización de los coches voladores. | Dejando atrás los embotellamientos, donde fantaseábamos que nuestro coche subía por los aires y se alejaba de la infinita cola de coches con conductores malhumorados, que pisando el embrague esperaban impacientes poner la primera. Dejando atrás la envidia a las motos que zigzagueando eran capaces de ponerse a la cabeza y perderse entre montañas de colores de cuatro ruedas. Sería estupendo que el aparcamiento ya no fuese un problema, si el coche vuela solo, pues que aparque solo. Me imagino saliendo de un restaurante, 'ven a recogerme' le mandaría un mensaje a mi coche y en pocos minutos con su localizador se plantaría enfrente de mí y aparcaría en vertical, abriéndome la puerta y dándome la bienvenida. Bastaría con darle una dirección o el nombre de un lugar para encontrar el camino; o el nombre de una persona para que nos llevara a su casa o trabajo. Ya no dependeríamos del amigo abstemio para salir y los embotellamientos se quedarían en un mal recuerdo. De hecho el coche se transformaría en un chófer fiel, que nunca se atrasa, lo sabe todo y lleva a rajatabla su agenda. Podríamos preguntarle por el tiempo, los horarios de vuelos, los mejores lugares turísticos, las discotecas de moda, … Dejar y recoger a los niños del colegio y las actividades sería cosa del coche. Después de este abrumador viaje por los años, yo me pregunto ¿Donde quedará la cultura del idioma en cuatro ruedas? Yo que intento expresarme con educación, y no utilizar palabras mal sonantes. Cuando alguien hace algo en la carretera que me pone nerviosa, no puedo evitar que salgan sapos y cubras por mi boca y no importa si voy sola, es como si la adrenalina se apoderara de mí y liberara un veneno que te hace más bestia o tal vez más espontaneo. Donde quedará ese lugar íntimo, en el que tu hijo necesita que ejerzas de taxista, y se crea sin pretenderlo un lugar íntimo entre tú y él, donde hablabais de cosas intrascendentes, o precisamente trascendentes. El progreso nos da, pero también nos quita. Y aun así quién no quiere vivir el momento Coche Fantástico o volar con Volver al Futuro II. Aquellas películas que de algún modo se han vuelto visionarias. Quién sabe, quizá dentro de veinte años coincidamos atravesando una nube.
|
|
| | <-Volver |
|
|