Estoy totalmente de acuerdo con Román Serra, Antonio Suárez y otros tantos vecinos que han dejado sus opiniones sobre el jardín Japonés. Confieso que soy de las pocas personas que no lo ha visitado, pero no me cabe la menor duda que es una hermosa obra de arte. Y yo me pregunto ¿Quién no quiere tener lujosos lugares por donde pasear y disfrutar de espacios excepcionales? Nosotros podemos. Y eso en sí es muy positivo. |
Partiendo de la ambiciosa sensación de tener una joya que nadie tiene, he decidido compararme una jaula de oro para el canario. Sería una maravilla ver ese oro relucir desde cualquier esquina de la casa, lo llenaría de luz, me dedicaría a limpiarlo y a lustrarlo. La casa podría esperar ¿Quién no querría disfrutar de esa belleza? No pasa nada, este año compramos menos carne, tampoco hace falta lavar todos los días los platos, con enjuagarlos un poco, el oro es más importante y hay que lustrarlo. Enseñaré a mis hijos a disfrutar de la jaula, todos los días les dejaré frente a ella por lo menos diez minutos mirando su resplandor. Y así de paso les recuerdo que cómo está la vida y el trabajo, no merece la pena estudiar, porque nunca conseguirán nada tan brillante cómo la jaula. Incluso conseguiría que se quedaran conmigo para siempre.
Una nube tapó el sol y me quedé sin el resplandor de la jaula, ya no conseguía imaginar su grandeza, su magnética atracción. Me recordó a la época de después del auge de la construcción, cuando muchos de nosotros nos permitimos comprar la jaula de oro, una alucinación de comodidades y lujos que dejó a muchos en la calle. Pero lo que más me pregunto en estos días es: si el ayuntamiento tiene tantos cientos de miles de euros para invertir. ¿Por qué tenemos el 20 % de la población activa en paro? ¿Qué elegirías tú: una jaula de oro o un plato caliente para tus hijos? Cuestión de prioridades supongo. |