Hasta cuando vamos a escuchar ‘asesinada por violencia de género’ ¡Basta! La brutalidad no tiene límites, la brutalidad no tiene frenos, la brutalidad se ríe de todos nosotros. ¿Donde queda la responsabilidad del gobierno de crear una sociedad sana? ¿Qué pasa por la cabeza de un político cuando se escucha un nuevo caso de asesinato? Yo siento la impotencia de un sistema que no funciona. Y si ese sistema no funciona, ¿no ha llegado el momento de cambiarlo?
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No soy psicóloga ni pretendo serlo, pero si sé sumar dos más dos y las matemáticas no engañan, como el porcentaje de mujeres asesinadas que sigue subiendo por la cuesta de la muerte año tras año. Podemos seguir lamentándonos y llorando pero eso no va a cambiar las cosas. Haceros una simple pregunta, dedicar unos segundos a pensar la respuesta. ¿Por qué un hombre que no vive con su mujer e hijos vuelve después de un tiempo para asesinarles? Me puedo equivocar en lo que digo, pero me permito equivocarme porque no hay otra manera. La respuesta me resulta tremendamente obvia. La persona (animal) que vuelve a asesinar a su familia es un enfermo y da igual su posición económica y social, en el momento que alguien muestra síntomas de violencia el trato debe ser el mismo. ¿Qué se hace cuando alguien está enfermo? A un enfermo se le cura o por lo menos se intenta. Al maltratador hay que tratarlo de igual manera, con un matiz, y es apartarlo de la sociedad y reclutarlo en un Centro que se dedique exclusivamente a eso, a curarlo.
La orden de alejamiento, NO ES SUFICIENTE, no existe nadie más peligroso que el que no tiene nada que perder. Una persona dispuesta a destruir su propia vida asesinando a su familia, demuestra que ha llegado a lo más bajo que se puede llegar, a su autodestrucción. El maltratador necesita recuperar algo que perdió en el camino, quizá su autoestima, seguridad en si mismo, su yo cómo persona íntegra, su anhelo por vivir y tener experiencias nuevas, el comprender que su vida continúa, el no ver a su mujer cómo su único camino y su perdición. Esos síntomas si no se tratan siguen cebando un odio que al final se hacen insostenible, insoportables. La mujer debe ser partícipe de este proceso, tanto él como ella deben entender, asimilar y aceptar su nuevo lugar en la sociedad. Si logramos salvar a un hombre, estamos salvando a toda su familia. Ya es hora de bajar las estadísticas de muerte por violencia de género.
Políticos, no os limitéis a compadecer a las víctimas, sino darles la oportunidad de no serlo. Invito al alcalde a ver las cosas desde otra perspectiva, él tiene la fuerza de nuestras voces.
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