Hace dos viernes, doña inocencia, o sea yo, salí del trabajo cómo todos los viernes con el honrado propósito de llegar a tiempo a recoger a mi hija del colegio. Cual fue mi sorpresa cuando en la autopista a un kilómetro de distancia de la carretera de Cártama, me vi obligada como todos lo vehículos que iban delante mía a parar en el arcén. Acción que se justifica para evitar el riesgo de quedar inmóviles en una autopista fluida. Una desgracia pensé resignada y esperando que el accidente (que ya imaginaba aun sin quererlo) terminara en un rasguño. Avancé como todos los demás a paso de tortuga, resignada. Cual fue mi sorpresa, señores y señoras, lo cual agradecí a Dios de inmediato, que la cosa se quedara no en un rasguño, sino en un semáforo. |
Tuve la buena o mala suerte, ustedes opinen, de no alcanzar a pasar el semáforo, ya que el verde duró lo que duró mi esperanza de llegar a tiempo a por mi hija. Quedándome en primera fila, a la espera. El aburrimiento me hizo contar, pero no ovejas, sino coches. Y cual fue mi sorpresa que al llegar a seis, no tuve más remedio que dejar de contar. Seis coches que esperaban incorporarse a la carretera desde el Romeral, pasaron triunfantes, ni uno más, no porque se cambiara el semáforo de color, sino porque no había ninguno más. Seis coches mientras esperaban cientos detrás mía. No, no puede ser, intenté razonar y a la única conclusión que pude llegar era que el señor Zapatero estaba pasando precisamente por el Romeral, ¿milagro? dicen que existen.
El viernes siguiente, aunque sabía con certeza que el presidente no volvería a pasar por nuestro pueblo, salí del trabajo media hora antes, atropellando por las escaleras a media plantilla, con la honrada intención de llegar a tiempo a por mi hija. Esta vez la autopista me ofrecía la esperanza de una carretera libre de embotellamientos, hasta que bajé de la autopista. Otra vez, parada, impotente, luchando contra el tiempo mientras este consumía los minutos sin movernos. Le dediqué mucho tiempo hasta que llegué de vuelta al semáforo, hasta que pensé que esta vez le tocaba al Rey pasar por nuestro pueblo, de ahí que tuviésemos que esperar los demás humanos para que él pasase. Mañana comienza mi jornada laboral, y no puedo dejar de pensar en lo importante que se ha hecho nuestro pueblo. De repente me surge una duda, ¿y si ningún político, y ningún rey ha visitado Alhaurín de la Torre? Empecé de nuevo a estrujarme el seso ¿quién puede hacernos esto, si esto no tiene sentido? Entonces leí la crítica de Belén López y llegué a la conclusión que las autoridades no viajan a Alhaurín de la Torre un viernes a las 15:30 por la carretera de Cártama y lo que es aun más increíble, el responsable de la circulación no lee el periódico del pueblo. Espero sinceramente que alguien que conozca al responsable le pase el mensaje. Yo personalmente empezaré a llamar a los viernes por la tarde ‘Tortura en colores en la carretera’.
|