Lo más difícil era dar el primer paso. Una vez sacado el primer ejemplar de La Fontana en su segunda época, el de diciembre pasado, con el número 91, lo demás es ya más sencillo; engrasar la maquinaria de colaboradores, anunciantes, lectores y curiosos, es volver a la emoción que dejamos hace varios años. Volvemos con ganas más que renovadas y anunciamos que no vamos a defraudar a los amantes de La Fontana y damos gracias a todos los alhaurinos y alhaurinas por la aceptación que ha tenido el renacimiento de esta revista. En el lapsus de ausencia de La Fontana han ocurrido eventos y realidades que tendremos oportunidad de ir analizando. Ahora tendrá que estudiar La Fontana los hechos pasados inmediatos que no pudo hacerlo en su momento porque estaba latente, o durmiente.
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Uno hecho significativo, de los varios que analizaremos, es todo lo que ha producido la sentencia judicial del cierre de las canteras, avalada por el mismísimo Tribunal Constitucional. Y la verdad, la sensación que existe en la ciudadanía alhaurina, exceptuando las partes interesadas, es un sentimiento de timo. Nos han timado. Será legal el acuerdo de la firma del Convenio Marco, abogados tiene la iglesia, pero la mayor parte de los vecinos con los que se habla del tema, afirman, sin lugar a dudas, que lo que se está haciendo no es legítimo. La sentencia decía, cierre, pero lo que vemos todos los días es que el monte sigue mermando, los camiones saliendo y nuestras caras de bobos quedando.
Se echa en falta, desde que se aprobó el Convenio, una batería en cascada de argumentos legales, éticos, morales, ecológicos e incluso estéticos, de individuos y colectivos alhaurinos, donde se plasme con claridad meridiana lo que se habla por la calle: la solución dada a la sentencia es un tomadura de pelo, por más que unos y otros traten de convencernos de la bondad de la restauración tal y como se está llevando. Lo diga quien lo diga. Echamos de menos que el rumor que hay en la calle, crezca y crezca hasta llegar a lo más alto a quien tiene la obligación de enterarse. Un clamor que cada día que pasa parece más lejano. |