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Muy querido 2022 | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 02.01.22 | | Querido año nuevo 2022: Por la presente te comunicamos que ya nos hemos enterado de que estás por aquí. Lo primero que tenemos que decirte es que reconocemos tu arrojo y valentía. No está el horno para bollos ni el mundo para muchos rollos, aunque estos no nos dejarán huérfanos por algún tiempo. Tú, mejor que todos, sabes que el tiempo no se detiene y que tienes que cumplir, quieras o no, tu jornada hasta el último día, incluidas las noches, pues estamos seguros de que no te faltarán desvelos. Ya te irás dando cuenta de que a muchos, sobre todo, los sanitarios ya les faltan hasta las fuerzas para ir tirando con esta pandemia, y que, como ya sabes, todavía no han conseguido contar con un trabajo adecuado de turnos. La pandemia, que no cesa en su empeño de ponerse hasta cansina, se las busca para no dejarnos tranquilos todavía. Querido año, te aconsejamos que no te hagas el nuevo, porque puedes ponerte al día en todo lo que nos está pasando y lo que nos ha pasado. De pasadas, te diremos, antes de que sea más tarde, que hay muchas voces, y vocinazos, que te aturdirán un poco. Sin embargo, no queremos molestarte demaiado para que no salgas diciendo luego que te queríamos comer el tarro. A propósito de tarros, estamos hasta el gorro, pero esperamos que todos los tarritos de las vacunas, al menos, puedan ser reutilizados, porque si no, vamos a estar de vidrios hasta los ojos y nos pueden picar las miradas o cegarnos con tantos reflejos. | Año querido y deseado, tendrás que revestirte de nuevas horas y nuevos días, pero, sin asesorarte debidamente de que no todo el monte es orégano, ni vacunas, tampoco, lo tendrías mucho más que difícil. No sabemos cómo vamos a salir de estas nosotros, y tú también, por supuesto, ya que vamos a compartir todos los días y todos los afanes, todas las noches y todas las ausencias. Tendrás, además, que ocuparte de que podamos ver cada día con más claridad cuál es nuestra situación. Así nos podrás iluminar adecuadamente, a pesar de que podamos seguir con estrecheces de miras y con amplitudes impresentables del coste de las energías que nos oscurecen hasta cualquier luz interior, porque nos puede invadir la desesperanza, que siempre se conformó con seguir siendo corta de vista. Año 2022, tú que sabes que no hay dos sin tres y que por eso te has presentado con tres patitos que andan hacia la izquierda, no te dejes arrinconar tembloroso, como los patitos de las casetas de feria que procuraban huir de los tiros de aire comprimido, que nunca dejaban que sus patitos se salvaran por la izquierda. Hay gente que se molesta porque los patitos dejan su seguridad personal en manos del lado derecho de la convivencia, que tan torcida se nos ha configurado con tantos bulos, mentiras, asedios, insultos y descalificaciones. Tus patitos no dejan de evolucionar a pesar de las dificultades, porque han sabido salir a tomar aire nuevo y fresco, porque los vientos además de peligrosos ya venían viciados con tanta cerrazón, que nunca podremos decir que fue ocasionada por la pandemia, sino que venía de antes, porque los monolitos con su presencia, solo nos confirmaban su falsa firmeza, traducida en una sola y estática estatua que había perdido para mucho tiempo la sabia costumbre de ver y mirar hacia esos días que tú vienes a ofrecernos. Te damos las gracias porque has acompañado a tus tres patitos con un cero intercalado, que pueda conseguir que todos los tan feroces tiros y disparos den en nada. Es que nos merecemos una salida de la pandemia, además de honrosa, democrática. Querido año nuestro, de todos, no te nos duermas en los laureles ni en sus coronas de hojas de laurel, que han sido recogidas de antiguos árboles en que se ignoraban muchas cuestiones, hasta de botánica, y cuyas ramas nos depararon demasiadas sombras históricas, que con la modernidad y los estudios, más que clarividentes, nos han rasgado el sagrado y consagrado velo histórico, que nos ocultaba las miserias de nuestro pasado que estuvo de servidor de un poder omnímodo que nos regía inviolablemente por la calidad de las herencias o que caminaba muy estirado y bajo palio, quizás porque ni Dios contaba con afectos suficientes para verlo.
josemª |
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