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Recámara | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 04.12.16 | |  En nuestros años jóvenes, durante la mili, en un descanso de un ejercicio de tiro, un compañero que había terminado Económicas nos decía: “Hay que tener mala leche para inventar este fusil que pegando el primer tiro, se recarga solo, porque tiene un mecanismo que aprovecha el retroceso para dar paso al siguiente cartucho que salta a la recámara desde el cargador. Y encima, de camino, te hace el favor de amortiguar el golpe del retroceso sobre el hombro”. Eran otros años, eran otros tiempos, eran otras soledades, y teníamos que tirar con lo puesto y lo impuesto. En las Cortes había poco que discutir, pero siempre nos quedó la esperanza de que la Cámara nos concediera la palabra de por vida y nos la respetara y así, volviera a ser más benévola con la ciudadanía. Sin embargo, lo que ahora no dejamos de ver a diario es que la Cámara tiene mucha recámara. Además, la recámara se alimenta con una munición que no tiene nada que envidiar a la de aquellos años. El autoritarismo con todos sus afluentes de aquellos años se despeña, como siempre, y salta y salpica absolutamente a todo lo que se encuentra por el camino, lo arroya y lo va llenando de cieno. Pero claro, como las aguas son ciegas y no ven nada y menos todavía, si no miran ni para atrás, porque no quieren reconocerse, lo inundan todo de infundios que se difunden por su canal mayor de la televisión y otros medios del régimen. | Los echados para adelante siguen una trayectoria, más que balística, a bocajarro y se deshacen en improperios sobre los demás, porque no admiten que el cortijo no les pertenece absolutamente a ellos, y mucho menos en estos días, en los que se ha hablado de “linchamiento”.
Ha sido en estos días tristes de la democracia, cuando se ha inculpado a todo quisque, incluso disparando toda clase de lindezas como llamándoles “miserables” y otras salvas, que no tenían nada de aplausos ni de homenaje. Eso sí, los parroquianos de los demócratas de siempre, se han sentido hasta muy agasajados y representados, igual que cuando un menda salta en una clase y larga algo que los demás compañeros ni pueden ni saben ni se atreven a decir. En estos días inmisericordes, se ha hecho grandiosa la amnesia del trato que ha podido cosechar Rita, la compañera de viaje y también de paradas majestuosas de sus señorías olvidadizas. El vacío del que había sido objeto por los suyos, parece que ha servido para rellenar aun más la recámara de algunos ilustres de la Cámara y sacar todos los tiritos que tenían pendientes y descargarlos sobre los oponentes y los medios de comunicación, que no han tenido más remedio que tirar de las hemerotecas para contener la riada de tanto verbo que se había salido de madre. Se sigue demonizando, un día sí y otro también, para que el personal no mire hacia dentro, no se retrate, abandone los palos del selfie y los use para dar golpes más sofisticados y modernos a los demás. Se sigue ignorando que hay pecados de omisión por no tener cuidado, por no ofrecer cuidados ni dispensar afectos. El maniqueísmo congénito aflora y se ceba hasta con los de la casa y los defenestra. Al parecer Rita no ha tenido el consuelo ni de un mensaje: “Sé fuerte”. Ya estamos viendo cómo se las gastan con los suyos. Podemos pensar cómo será su comportamiento con los demás. Lo bueno de esta oportuna descarga de la recámara, que algunas veces hasta supura, es que el propio pueblo se diera cuenta y no sólo preste oídos a las garantías “preferentes” y a las lisonjas. Es el pueblo el que tiene que ganar conocimiento y conciencia y, por ello, perder el miedo a extraviar la fe en las promesas y las mentiras. Ya va siendo hora de que los cabritillos vean con claridad la patita al lobo, aunque el lobo se la muestre muy maquillada. Desde los años pasados se nos ha dicho que “cuando un dedo señala a la Luna, siempre hay un idiota que mira al dedo”. Cuando los dedos se disparan señalando cortinas de humo, es saludable saber quiénes son los dueños de los dedos que disparan, de las manos habilidosas que hacen caja y de los brazos que no se dejan torcer por mucha democracia que se les ponga por delante. No está todo perdido, pero la recámara puede uncir las lenguas a sus antojos, unas veces para tirotear a todos lo que se mueve democráticamente y otras, para conceder los favores de los elogios políticos, no sea que se les abra la caja de los truenos. Si el pueblo sabe estar vigilante podrá conseguir que los tiros que le descargan les salgan a los listos por la culata.
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