logo

Tu diario. Libertad de expresion

Tel. Alhaurin.com 678 813 376 Telf. de interés Normas de Alh.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com
Dos años
Gaza y Palestina. 10.10.25 
Dos años demasiado largos en los que la población de Gaza ha sido despojada, sitiada y golpeada sin descanso.
Aunque sus habitantes lo busquen desesperadamente, no hay lugar seguro.
El desplazamiento forzoso reiterado no ha sido en ningún caso un daño colateral de la violencia. Ha sido un plan deliberado, un quebrantamiento sistemático del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos que amenaza con condenar a generaciones enteras de palestinos y palestinas al exilio.
Otra vez. 
La barbarie nos devuelve a la Nakba de 1948, aquella primera herida sin cicatrizar. En aquel momento, cientos de miles de palestinos y palestinas fueron expulsados de su tierra.
Jamás pudieron regresar.
Hoy, 77 años después, la historia se reescribe sobre las ruinas: casas deshechas, campos que ya no dan fruto, escuelas y hospitales convertidos en refugios, que también se convierten en objetivo militar.
Como todo en Gaza.

Quiero compartir  las palabras de una compañera humanitaria con la que hablé la semana pasada.

Tras año y medio desplazada, había podido volver a su casa en la ciudad de Gaza. Poco a poco, la estaba reconstruyendo. Hasta había comprado plantas para que luciera más alegre.

No duró mucho. Otra vez ha tenido que huir. 

Aguantó varios días mientras el ejército israelí arrasaba la ciudad. Sabía que, si se iba, nunca podría regresar. 

Pero la situación era, y sigue siendo, insostenible, y no le ha quedado más remedio que marcharse de nuevo. 

Hace un par de días, publicó un vídeo en sus redes sociales y me gustaría que leyeras algunos fragmentos:
 
“Os hablo desde mi último refugio tras haber sido expulsada
por la fuerza de mi casa en la ciudad de Gaza,
bajo el tormento incesante de los bombardeos israelíes.
No sé si, cuando escuchéis estas palabras,
seguiré con vida o estaré enterrada bajo los escombros.

Se suponía que debía hacer esta declaración como defensora
de los Derechos Humanos, para documentar violaciones
y abogar por la justicia. Pero ya no puedo contar
los crímenes israelíes de los que estoy siendo testigo:
me rodean todo el día y cada vez que respiro.

Es una vergüenza que, en algún momento durante este genocidio,
me haya visto obligada a romper la tarjeta de trabajo
que me identificaba como trabajadora de Derechos Humanos
para evitar ser asesinada o detenida por el ejército israelí.

Cada silencio de los representantes de los Estados
y de la sociedad civil es un nuevo golpe mortal
que se asesta a la tumba del Derecho Internacional.” 
 
El Derecho Internacional prohíbe categóricamente los traslados forzosos de la población civil en los territorios ocupados. Tipifica como crímenes de guerra y de lesa humanidad los desplazamientos cuando se convierten en ataques generalizados o sistemáticos.

Aún así, UNRWA estima que más del 90% de la población de Gaza —casi 2 millones de personas— ha tenido que dejar atrás sus hogares y desplazarse en busca de un lugar seguro, incluso más de diez veces.

Pero el destierro no solo se mide en kilómetros cuadrados.

Negar el agua, el alimento, la energía o la atención médica es otra forma de expulsión. La privación como castigo colectivo también es un crimen de guerra prohibido como tal por el Derecho Internacional.

Aún así, Israel sigue destruyendo lo esencial para la vida e impidiendo la entrada de ayuda humanitaria. Sigue matando, con las bombas y con el hambre, a decenas de personas cada día.

Cada cifra deja una historia suspendida: padres y madres que cargan con sus bebés en brazos sin saber dónde podrán dormir esa noche; niños y niñas que han tenido que dejar sus juguetes bajo los escombros; personas mayores que caminan kilómetros arrastrando las piernas sin nada ni nadie que las sostenga...

Pero, en medio de la devastación, hay algo que no se ha roto: la voluntad de quedarse, de resistir, de cuidar.

En cada escuela-refugio que sigue en pie, en cada centro de salud que aún abre sus puertas, en cada aula improvisada hay trabajadores y trabajadoras de UNRWA que no han abandonado su misión.

12.000 en toda la franja de Gaza.

Son de allí y continúan trabajando entre el miedo y la esperanza, porque saben que su valentía y su perseverancia salvan vidas.

UNRWA sigue cumpliendo su mandato: distribuir agua, atender a las personas heridas y enfermas, acompañar a los niños y niñas...  Y lo hace gracias al compromiso de personas como tú, que se niegan a mirar hacia otro lado.

Llorar por lo que ocurre en Gaza no es un gesto político: es un acto de HUMANIDAD.

Cristina y el equipo de UNRWA.
Esta noticia ha recibido 294 visitas       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

14506967
visitas desde nov. 1998