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Tener un corazón que siente | | Esther Trujillo. 22.09.25 | | Llevas muuuuchos meses sintiendo una tristeza que no es solo tuya. La sientes en el cuerpo. La ves en las imágenes. Y no sabes dónde ponerla.
Sientes culpa porque sigues con tu vida, por dormir bajo un techo, por tener comida caliente, agua... Pero también impotencia, rabia, vergüenza y un dolor que no sabes si tienes derecho a sentir.
Hay días en los que no puedes mirar. Y otros en los que no puedes dejar de hacerlo, porque ignorarlo sería como abandonarles. Pero verlo te destroza. | Te preguntas cómo es posible. ¿Cómo puede el mundo permitir esto? Y, a la vez, te preguntas cómo seguir con tu propia vida. Cómo ser madre, hija, compañera… Cómo disfrutar mientras todo esto ocurre.
Te duele la infancia, aunque no sea la tuya. Te duelen los cuerpos, aunque estén lejos. Te duele la humanidad, porque sigue permitiendo lo imperdonable.
La tristeza se mezcla con una enorme impotencia. La impotencia que viene de saber que no puedes hacer nada grande, pero tampoco puedes hacer como si nada.
No es solo tristeza. Es esa mezcla insoportable de dolor, impotencia y rabia que deja el saber que nada de esto debería estar pasando.
Y culpa por seguir adelante con tu vida, pero también por estar triste y no estar disfrutando de todo eso a lo que tienes acceso y allí les están arrebatando.
Si sientes que te duele Gaza, aunque estés a miles de kilómetros, es porque tu corazón está haciendo justo lo que tiene que hacer: sentir. |
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