Soy Ramiro García, coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el hospital Nasser al sur de la Franja de Gaza, y fui testigo de cómo el Ejército israelí es capaz de bombardear un hospital con total impunidad y que no pase nada.
Ocurrió el pasado lunes 25 de agosto*. Estaba trabajando con el resto del equipo en el edificio Tahir del hospital, en los servicios de Pediatría y de Maternidad. De repente, escuché una explosión muy fuerte. Pensé que sería un misil que habría impactado cerca del hospital, pero no en su interior. Descubrir que la colisión se había producido dentro del centro me impactó mucho.
Normalmente, en este tipo de casos, corremos hasta una zona de seguridad, más protegida. Fui hasta allí y, tras comprobar que todas las personas del equipo estaban bien, me asomé por la ventana. Todavía había restos de humo y polvo del primer impacto. Vi muchísima gente acumulándose frente al hospital; imagino que atraída por la curiosidad. Y de repente… una nueva explosión.