Pero sí le echamos de menos los ciudadanos españoles, que ayer estuvimos mudos en Europa por culpa del autismo diplomático de un Gobierno que ha potenciado un modelo de relaciones exteriores basado en el amiguismo con regímenes dudosos. Con Cuba o con Venezuela que después no se cortan en poner en ridículo a Zapatero en los foros internacionales.
La diplomacia de Zapatero consiste en una agenda en blanco. Meteduras de pata constantes con valoraciones sobre líderes europeos que luego confirman en sus respectivas elecciones que son auténticos jefes de estado valorados y respetados como Ángela Merkel a quién subestimó en la campaña electoral alemana. Tal vez por eso luego su presencia en los consejos europeos es puramente testimonial y no se cuenta con él ni con España en las decisiones importantes.
Preside un gobierno con una política exterior que se caracteriza por no estar nunca en el sitio adecuado en el momento oportuno. Cuando Europa debate su futuro, está en África o en Oriente Medio. Cuando hay que elaborar una estrategia para el control de los flujos migratorios provenientes de África se marcha a Iberoamérica. Cuando el mundo debate sobre la cuestión de Oriente Medio, se hace la foto con el pañuelo palestino para que se le excluya de cualquier papel mediador.
Ante ayer fue uno de esos días. Mientras Moratinos volvía del Congo y Zapatero recibía al presidente de Yemen, la Europa preocupada y consciente de la crisis decidía las medidas más adecuadas para salir de ella.
No le han invitado a la Cumbre de Londres, porque tal vez eso no le interesa, el futuro de la economía mundial y de las decisiones que se adopten se enterará después, cuando todo esté decidido, le preocupa más explicar esa propuesta inexplicable de los 400 euros.
Cuanto más habla sobre ella más impresentable parece todo el asunto de la promesa: es una idea improvisada sobre la que nadie, ni partidos, ni sindicatos, ni opinión publica, ni medios de comunicación, ni incluso muchos de los propios socialistas están de acuerdo. Nadie ha salido en su defensa. Es insolidaria e injusta, es inmoral, una descarada manera de tomar a los españoles por deshonestos ofreciéndoles dinero si le votan, y es, ante todo, una chapuza. Una ocurrencia económica que justifica que no le inviten a ninguna reunión medianamente seria en la que se hable de economía. Luis Bravo |