Quiero unos políticos que publiquen su patrimonio, y esta información sea transparente durante todo su mandato.
Quiero unos políticos que en campaña nos presenten programas y propuestas (no insultos y descalificaciones) realizables y ajustadas a los deseos y expectativas de los ciudadanos y ciudadanas.
Quiero unos políticos que cuando les votemos y lleguen a puestos de responsabilidad, se preocupen en primer lugar de gestionar los asuntos públicos según el programa votado, y no en encontrar la manera de mantenerse en ese puesto.
Quiero unos políticos que no se suban el sueldo nada más ser elegidos, y que no busquen la manera de colocar a sus familiares y amigos en uno o varios cargos, con uno o varios sueldos.
Quiero unos políticos que lleven a sus hijos e hijas a las escuelas públicas, y que compren en el mismo mercado que yo, y que vayan al médico al ambulatorio de la seguridad social.
Quiero unos políticos que no vayan a comer a los restaurantes más caros de la ciudad a cuenta del erario público, sino que vayan a los bares de mi barrio a comerse un menú y charlar con la gente.
Quiero unos políticos cuyos principios éticos y morales sean el bien común, la honestidad, la honradez, y la actitud de servicio.
Quiero unos políticos con capacidad de autocrítica, que no digan que no les votamos por la crisis, o porque no hemos entendido el mensaje. No les votamos por que nos avergonzamos de ellos y de ellas, de su egoísmo, de su ombliguismo, de sus intereses partidistas.
La desafección política tiene su origen en la falta de principios éticos de nuestra clase política, nada más y nada menos.
No me gustan los políticos que tenemos. Algunos, los menos (eso es cierto), son corruptos, cometen ilegalidades, etc. De esos espero que se ocupe la justicia, aunque sea lentamente…Me preocupan más los otros, los que no cometen ninguna ilegalidad, pero son unos políticos tristes, que solo se miran su ombligo (o su partido) y que tienen tan baja altura ética y moral.
Con el permiso de la autora y de la web Cristianismo i Justicia. Gracias Lourdes Zambrana |