Estas páginas andan tranquilas estos últimos días, demasiado tranquilas diría yo, hartos ya de elecciones y mucho más de campaña, hemos terminado por aceptar lo inevitable unos y otros: que seguiremos con las canteras y tragaremos polvo, si quieres sí y si no también, que el PP gobernará con mayoría absoluta durante otros cuatro años, aunque algo menos absoluta, que ha perdido un concejal a favor de IU y que el PSOE se ha mantenido a pesar del vendaval. Esperemos que ese toque de atención sirva para que los señores concejales, su regidor y la oficina de prensa del PP, consideren que en este pueblo hay muchas personas que no les votan a ellos y que no aplauden incondicionalmente su gestión. Tenerles en cuenta a la hora de actuar y sobre todo de desbocarse en prensa y comunicados o en desafueros de sus ediles durante los plenos, no sería un mal ejercicio.
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La paz y la convivencia pacífica de los ciudadanos, habría de ser el primer objetivo de cualquier político en un país, con una guerra civil de ásperas heridas a sus espaldas. Pero es evidente que esa idea se la pasan por los forros los señores de la política, y más bien se dedican a todo lo largo y ancho de este país, a hacer lo contrario; la prensa partidista e intoxicante, hace el resto.
Al “enemigo” dejarlo sin nada, “a cero”, como pretendía la oficina de prensa del Ayuntamiento, no es una bonita idea para compartir con los demás. La democracia es tolerancia hacia aquellos que no opinan igual que nosotros, aquí todos somos vecinos, no enemigos, no me gustaría salir a la calle y pensar que mis vecinos más cercanos son mis enemigos.
Yo estoy convencida que ni la izquierda ni la derecha van a salvar al mundo, más bien acabarán por destruirlo, pues el objetivo de ambas se cierra en los resultados económicos a corto plazo que les brindan sus gobiernos, y esto requiere para que les sean favorables, de un crecimiento y progreso muy poco respetuoso con el medio ambiente. Ecología es una palabra incompatible con máxima rentabilidad, altos beneficios y mínimos costos, lo cual supone una seria e infranqueable amenaza para el futuro.
Estoy convencida de que el cambio necesario para la supervivencia no vendrá de las derechas ni de las izquierdas, vendrá de la conciencia creciente de todos y cada uno de los ciudadanos de este pueblo, de este país y del mundo, que serán al fin los que exijan un cambio de actitud a sus políticos, un modelo de unión por el bien común y no la escisión por el bien especulativo y partidista de unos pocos.
Parece imposible, pero yo creo en la tesis del centésimo mono, basta que una masa crítica de individuos dentro de un grupo experimente una nueva habilidad, para que el resto de los miembros de esa especie la adquiera. Me gustaría pensar que hay suficientes personas que avanzan en el planeta, como para llegar a esa masa crítica. Esto es sólo una teoría, un experimento si se quiere, y hasta algo tan banal como una esperanza, ni siquiera sabemos si la fuerza de la entropía en el mundo y en los humanos, será mucho mayor que cualquier esperanza, o que “los monos” del experimento no se inclinen por el lado destructivo de su carácter en vez de por el del aprendizaje. En cualquier caso y por si las fuerzas empíricas no ayudan, yo no dejaré de saludar o abrazar a un vecino porque algo tan circunstancial como sus ideas (en algunos casos muy circunstancial, como hemos podido ver con sorpresa en las listas del PP) o sus credos, sean diferentes a las míos.
Mientras tanto, tal vez llegue el día que miremos a los políticos con un respeto ganado, no por la pleitesía o el mecenazgo, sino por su educación, transparencia, buen hacer e intachable comportamiento ciudadano. |