 Cuando en octubre de 1996, en su primer mandato como alcalde, Joaquín Villanova pronunció las palabras honradez, trabajo y transparencia, estaba adquiriendo un compromiso no sólo con sus votantes, sino con todo el pueblo de Alhaurín de la Torre. Aquellas palabras, la mejor carta de presentación de cualquier político, pronunciadas nuevamente el 17 de este mes durante el acto de presentación de su candidatura a la alcaldía, adquieren y alcanzan todo su valor a la vista de los resultados obtenidos en estos once años de mandato en los que ha demostrado que las cumplió y que, fiel a su línea de conducta, las seguirá cumpliendo. Su honradez ha sido puesta en entredicho en múltiples ocasiones con acusaciones de corrupto o manipulador entre otras muchas. Al día de hoy, ateniéndonos a la realidad, vemos que cada una de las numerosas denuncias llevadas a juicio por la oposición u otras asociaciones han sido desestimadas en los diferentes juzgados donde han sido interpuestas.
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Los que como yo, llevamos treinta años viviendo en este hermoso pueblo conocemos a Joaquín Villanova desde mucho antes de dedicarse a la política y podemos asegurar que desde siempre su integridad y honradez han marchado paralelas a su carácter, franco y dialogante, y a su capacidad de organización, cualidades que no han hecho sino crecer por la gran responsabilidad contraída con su pueblo.
De su trabajo y dedicación, lo justo será remitirnos a las pruebas: si bien el despegue hacia el gran cambio estructural experimentado por nuestro pueblo comienza de la mano del entonces alcalde D. Juan José García Martín, al que siguió D. Antonio Vega como responsable de la Alcaldía, es a partir del nombramiento de Joaquín Villanova cuando se produce la espectacular y definitiva evolución de que hoy disfruta Alhaurín de la Torre. Y pese a las voces, (no muchas), que se levantan criticando su gestión al frente del Consistorio están los resultados: al lado de estos críticos, (no muchos), que quieren ver nuestro pueblo como un lugar poco menos que inhabitable, están las voces de la totalidad de los alhaurinos, (menos la de esos pocos), que amamos nuestro pueblo y que nos sentimos orgullosos de él. Porque, aunque siempre existirán los que, apelando a su legitimo derecho no estén de acuerdo con que haya fuentes, rotondas, remodelaciones de calles o flores y palmeras, la verdad es que no pueden ser negadas las continúas e importantes mejoras urbanas (entre otras), que se han producido durante estos años, y que lo convierten en uno de los pueblos más hermosos y envidiados de la comarca.
Y de su transparencia, de cuya falta también a sido acusado y denunciado con frecuencia, tampoco le ha sido encontrada ninguna omisión delictiva en su comportamiento. La política, sea del color que sea, se ve con frecuencia obligada a transitar por terrenos movedizos, llegando a crear situaciones difíciles de comprender para la mayoría de los que somos ajenos a ella, situaciones que pueden ser rápidamente aprovechadas y fácilmente manipuladas a favor de distintos intereses haciéndolas aún más incompresibles para, convertidas en río revuelto, tratar de llevar a su red la mayor cantidad de peces. Lo que al final cuenta es que las cosas se aclaren y que todo suceda dentro de la legalidad. Y para velar por que esa legalidad se cumpla están los jueces, a quienes corresponde actuar como tales cuando haya indicios de delito, y no a los que se erigen en fiscales gratuitos de la discordia orquestada, movidos casi siempre por una mera especulación subjetiva.
No creo que gobernar sea tarea fácil para nadie; independientemente de quienes gobiernen, éstos siempre estarán expuestos a las dudas, cuando no a la total desconfianza por parte de aquellos que son gobernados. Por lo tanto, y antes de que nadie me malinterprete diré que no sólo me parece bien cuantas críticas le sean hechas a nuestros gobernantes, sino que las creo absolutamente necesarias para la buena salud democrática. Pero pienso que muchas de ellas se hacen, más que con el deseo de disipar dudas o esclarecer verdades, con un claro afán desestabilizador que oculta en sí mismo un inconfundible interés político por parte de quienes formulan tales críticas cuando éstas sólo están basadas en presunciones y juicios de valor, o simplemente en mentiras descaradamente intencionadas.
A los que defendemos y aprobamos la candidatura de Joaquín Villanova, no sólo seguimos apoyándolo como alcalde sino como persona en la que creemos y confiamos. En un momento de su discurso, que dedicó casi exclusivamente a exponer y explicar las principales medidas que tomará durante la próxima legislatura caso de que ganase las elecciones, vino a decir más o menos:”siendo niño, durante mis juego con otros críos de mi edad, yo veía mi pueblo feo e insuficiente; ya entonces, quizá por el amor que sentía por él, soñaba con hacerlo grande y hermoso”. Y no hay duda de Joaquín Villanova, con su trabajo y dedicación, ha hecho posible que aquellos sueños infantiles sobre su pueblo sean hoy una hermosa realidad que disfrutamos y compartimos los que un día elegimos este lugar para residir y que, sin nada ni nadie que nos obligue a hacerlo, continuamos viviendo en Alhaurín de la Torre. |