A Joaquín Villanova, alcalde, presidente y diputado, café descafeinado con leche desnatada y mucho azúcar para que no permita que sus compañeros insulten a la oposición, sin hacer el menor gesto de reprobación, salvo que una de su sonrisa sea un castigo, por sus apreciaciones hacia mi persona y por dirigirse a mí últimamente asociándome con el símbolo del yugo y las flechas. Si lo dice por nostalgia, en Alhaurín hay un partido que lo tiene, se puede afiliar.
A Marina Bravo el mismo café que a su jefe, para que no vuelva a perder la compostura, ni los nervios insultándome de forma tan impropia y sea capaz de llegar al final de un pleno, algo que no es habitual. La Diputación le ocupa más de lo que le preocupa Alhaurín y los laurinos.
A Gerardo Velasco el mismo café que a su compañera y a su jefe. Parece que cuando ocupa el sillón que su jefe deja, el poder del sillón se apodera de él, eso o que tiene prisa por terminar con los ruegos y preguntas. Le importó poco las preguntas de un vecino que ya le “molestó” en el anterior pleno. Después le faltó el respeto a la concejala de IU Brenea Chaves y continuó conmigo cuando le dije que tenía siete preguntas. No llegó al minuto cuando me amenazó con la expulsión al intentar desarrollar la pregunta, con la advertencia de que la hiciera y no la desarrollara.
Un Pleno más que ha estado pleno de mala conducta y mala educación de parte del presidente y de algunos de sus concejales.
Ramón Guanter |