
Ya duran más de un mes las movilizaciones que se iniciaron a raíz de la publicación de unas polémicas instrucciones de organización de la enseñanza Infantil y Primaria que, sin previo consenso con la comunidad educativa, han terminado encarnando la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de los docentes interinos andaluces.
Si a esto se unen las altas ratios, el oscuro sistema de oposiciones, las elevadas temperaturas en las aulas, el cierre de líneas educativas públicas, el crecimiento de los conciertos con los centros privados y el aumento de su presupuesto, entre otras, se descubre un siniestro plan urdido mucho tiempo atrás para desmantelar a la escuela pública y que ha sido, en su desarrollo, especialmente virulento con el colectivo de docentes interinos.