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Tu diario. Libertad de expresion

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La tauromaquia "No tiene un pase" 
Eduardo Saez Maldonado. 09.10.25 
Se recogen a continuación algunas expresiones cotidianas de origen taurino que también se usan en nuestro idioma en sentido figurado:
-Coger al toro por los cuernos
-Venirse arriba
-Hasta el rabo todo es toro
-Hasta la bandera
-Pinchar en hueso
-A toro pasado
-Echar un capote
-Entrar al trapo
-Dar un capotazo
-Nos va a pillar el toro
-Cambiar de tercio
-No tiene un pase
Sin embargo, este evidente arraigo cultural ¿justifica el mantenimiento de las corridas de toros en el siglo XXI?. Veamos.
El pasado martes 7 de octubre se debatió y votó en el Congreso de los Diputados la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) "No es mi cultura" que pretende eliminar el carácter de patrimonio cultural de la tauromaquia permitiendo así que sean las comunidades autónomas que quieran las que decidan seguir apoyando esta "tradición", pero las que no, abandonen toda subvención dejando que la tendencia languideciente de esta práctica siga su curso. Como se ve, no es una propuesta radical de prohibición, sino un empujón para que no sea el dinero público el que mantenga esta costumbre. La propuesta viene del pueblo respaldada por más de 700.000 ciudadanos. El resultado de la votación, en el fondo, era previsible: la derecha reaccionaria lo rechaza ("what else"?), la izquierda (cada vez más ambientalista) lo apoya, pero el PSOE, como siempre, ni sí ni no, ni blanco ni negro: se abstienen con la esperanza de no molestar a nadie (1), permitiendo que estas propuestas no prosperen, de la misma manera que dejó fuera de la Ley de Protección Animal a los toros, a los perros de caza y a los palomos del tiro al pichón; de la misma manera que manda un barco del ejército a proteger a la flotilla de Gaza y, cuando llega al punto conflictivo, le ordena dar media vuelta. No podemos esperar del PSOE decisiones valientes. No sea que...

Y aunque en realidad lo que se votaba no era si abolir la tauromaquia, esta necesaria iniciativa ha vuelto a poner sobre la mesa el eterno debate sobre los toros, lo que aprovecho para hacer una reflexión personal.

Hace ya mucho tiempo, cuando yo era un chiquillo, un tío mío que era cura (RIP), estuvo asistiendo un tiempo como capellán de la plaza de toros de Málaga a todas las corridas que allí se celebraban. Resulta que, en alguna ocasión, me llevó con él a la plaza. A mí me gustó el colorido y la puesta en escena del espectáculo hasta el punto de que me aficioné a ver corridas por la tele y, durante años, fui lo que se podría decir, un aficionado a los toros de alguna manera, llegando a asistir, ya veinteañero, a alguna corrida en la Malagueta. El tema del sufrimiento del animal, que entonces no era un tema que preocupara a nadie, quedaba absolutamente relegado y oculto por la innegable vistosidad (ritos, colorido, pasodobles...) de la tradición hasta el punto de ignorarlo por completo. Incluso se argumentaba (aunque el debate era entonces, ya digo, poco relevante) que el eventual sufrimiento del toro quedaba compensado por los 4 años de vida en el campo de que disfrutaban en comparación con la lamentable vida que llevaban (llevan) las vacas de cría intensiva. Y aunque con el tiempo y la madurez acabé deviniendo en antitaurino, el hecho de haber conocido la "fiesta" con cierta cercanía y haber sufrido esta evolución hacen que me sienta con legitimidad para opinar del tema con algo de objetividad, considerando que muchos defensores de los toros dicen que los antitaurinos lo son, en gran medida, por desconocimiento. No es mi caso.

Enunciemos, sin más demora, el argumento de fondo que es tan trivial como, en mi opinión, indiscutible: no es moralmente aceptable celebrar un espectáculo cuya esencia es la tortura y muerte de un animal. Los argumentos esgrimidos por los defensores de la "fiesta" son todos insostenibles frente a la mencionada inadmisibilidad de la tortura gratuita. Enumero algunos: "los toros viven muy bien cuatro años", "son una tradición cultural" o "generan muchos puestos de trabajo". Estos argumentos son todos discutibles. Baste recordar la tradición cultural de la antigua Roma de las luchas de gladiadores o de echar a los leones a los cristianos. Baste recordar la no tan lejana aceptación social generalizada durante siglos (cultural) de la esclavitud y el comercio de esclavos. Mas allá de estas posibles objeciones, estos argumentos no valen porque no entran al fondo de la cuestión: ¿qué tienen que ver con el hecho indiscutible y moralmente indefendible de que todo se basa en infligir una tortura y muerte cruel a un ser sintiente por diversión?

Hay otros argumentos que son sencillamente indefendibles desde un punto de vista científico ("los toros no sienten dolor" o "el toro bravo se extinguiría sin las corridas"). Incluso hay argumentos pretendidamente "ecológicos" como que "muchas de las dehesas existen gracias al toro bravo", algo que, aunque podría ser cierto en parte es absurdo porque la decisión de proteger algún entorno (sean dehesas, cotos de caza o campos de tiro del ejército, por poner otros ejemplos "similares") es una decisión que podemos tomar cuando queramos como pueblo soberano: véase el Parque Nacional de Cabárcenos que fue campo de tiro militar hasta hace pocos años.

Por último, hay quien afirma, con actitud entre cándida e ignorante, que "al que no le gusten los toros, que no vaya" tratando de apelar a la sagrada libertad individual pero evidenciando ignorancia absoluta (o incluso desprecio) sobre el fondo de la discusión, esto es, el sufrimiento gratuito de un ser sintiente. La única causa coherente (aunque moralmente discutible) que cabría esgrimir por parte del aficionado taurino sería la de "me importa un pimiento el sufrimiento gratuito del toro siempre y cuando yo me divierta".

Y es que por muy tradicional que sea el espectáculo, por mucho arte que haya en los naturales y en las chicuelinas, por mucho valor que muestren los toreros jugándose la vida, por muy vistoso que sea el rito desde el paseíllo hasta el arrastre, por muy emocionantes que sean los pasodobles, por mucha integración que tenga en nuestra tradición cultural y hasta en nuestra lengua, por muy bien que vivan los toros bravos en las dehesas, por muy relevante que sea esa actividad en nuestra economía y por mucha gente que trabaje alrededor de la misma... Sencillamente no es admisible, a estas alturas de "civilización", una fiesta que gire alrededor de la tortura cruel y muerte de un animal. 

Decía Arturo Pérez Reverte en un artículo que leí hace ya un tiempo (2), que le parecían inadmisibles todas las fiestas populares que hay a lo largo y ancho de España consistentes en torturar toros de las formas más retorcidas imaginables. Sin embargo, no se atrevía a rechazar con rotundidad la principal de todas ellas, las corridas de toros, probablemente por el arraigo que tienen. Se limitaba a decir, en su habitual tono provocador, que era sano que de vez en cuando muriera algún torero. A mí no es que me parezca sano o insano que mueran toreros o irresponsables paisanos que corren por las calles delante de toros en las miles de fiestas veraniegas que se basan en el martirio de estos animales (3). A mí esto, sencillamente, me da igual (como me da igual que un cazador muera de un disparo accidental de otro colega despistado en una montería) en tanto que no es obligatorio jugarse la vida delante de un toro y el que lo hace sabe a lo que se arriesga. Como lo sabe el que hace "puenting" o "tiburoning". Ya somos mayorcitos. A mí, lo que me parece inadmisible es que la administración pública, no ya lo tolere, sino que hasta lo promueva y lo subvencione.

Y aunque la relativamente reciente ley de bienestar animal tuvo que dejar a los toros fuera de la regulación (como a los perros de caza y las palomas de tiro al pichón) debido a la exasperante tibieza con la que se suele conducir el PSOE cuando aprecia riesgo de molestar a algún colectivo que considera electoralmente relevante, y aunque haya decaído esta ILP del otro día por culpa del conservadurismo cerril de la derecha y del "sí pero no" del PSOE, nos queda la satisfacción de que en cuanto se deje de promocionar con dinero público este tipo de vergonzosos espectáculos (y ya no queda tanto), caerán en pocos años por la inevitable evolución de la conciencia social que deja cada vez más en evidencia la vergüenza que deben sentir los aficionados sensatos (como la siento yo ahora de haberlo sido antaño) que siguen buscando inadmisibles excusas para justificar el inmoral e intolerable espectáculo de divertirse con la tortura cruel y muerte de un animal.

Y es que, a estas alturas de civilización, la tauromaquia no tiene un pase.

Eduardo Sáez Maldonado

(1)  https://www.abc.es/cultura/psoe-tumba-tramitacion-ley-antitaurina-toros-seguiran-20251007213541-nt_amp.html#amp_tf=De%20%251%24s&aoh=17598893364599&referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&share=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fcultura%2Fpsoe-tumba-tramitacion-ley-antitaurina-toros-seguiran-20251007213541-nt.html

(2)   https://www.zendalibros.com/perez-reverte-sobre-toros-tradiciones-y-barbaries/

(3)   https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Festejos_populares_taurinos
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