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"El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla" | | Eduardo Saez Maldonado. 25.09.24 | |  La conocida frase que da título a esta reflexión, original del -no tan conocido- filósofo hispano/estadounidense George Santayana (1), se la oí por primera vez a mi padre, gran amante de la Historia, hace ya muchos años. La afirmación se fundamenta, según mi interpretación, en una premisa falsa, pues parte de la base de que nuestra civilización aprende de sus errores lo cual, como sentencia la afirmación antagónica, "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra" (atribuida al, también filósofo, Néstor Roulet), es bastante discutible. Es más, no sólo no aprendemos de los errores sino que, si cambiamos de bando (y de intereses), lo que antes era un error ahora nos puede parecer magnífico, lo cual dice muy poco de la naturaleza humana. Veamos. | Todos hemos visto infinidad de películas y leído infinidad de textos relacionados con el holocausto nazi, seguramente uno de los peores (¿el peor?) episodios de la historia de la humanidad, y no sólo por lo horrible y espantoso del genocidio en sí, sino también por la alienación colectiva de todo un pueblo, el alemán de los años cuarenta, que se dejó arrastrar por la descomunal barbarie sin rebelarse contra lo que ordenaran un puñado de desequilibrados asesinos. "El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla" es, de hecho, la leyenda que preside, con ánimo de que nadie olvide aquella terrible historia, uno de los sitios (Auschwitz) donde se materializó la despiadada masacre que aniquiló literalmente a millones de personas por ser judíos, gitanos o de cualquier raza no "elegida".
Poco después de aquello, finalizada la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional (básicamente El Reino Unido y los Estados Unidos) decidieron "compensar" a los judíos supervivientes de la masacre con la creación de un estado en la región de Palestina: el Estado de Israel, al que la corriente sionista afirmaba tener derecho histórico porque así se aseguraba en un libro escrito hace tres o cuatro mil años no se sabe por quién (???).
Pero claro, en Palestina vivía gente, que fue expulsada de sus casas, de su tierra, con la vergonzosa connivencia de la ONU, para que los sionistas la ocuparan.
Desde entonces aquella región vive en una guerra continua, más o menos intensa, más o menos declarada, entre los palestinos expulsados de la región (con el apoyo de los países, mayormente árabes, de alrededor), y los judíos sionistas que se asentaron en el territorio usurpado (con el apoyo de Occidente, especialmente USA). Las resoluciones de la ONU instando a Israel a dejar de ocupar ilegalmente nuevos territorios palestinos y retirarse de los ocupados hasta las fronteras del 68 han sido sistemáticamente ignoradas por Israel con la sistemática connivencia de USA lo que ha contribuido a que la violencia en la zona, lejos de aplacarse, haya permanecido todas estas décadas.
Pero ahora ha ocurrido algo extraordinario, algo que no había ocurrido en estas tres generaciones de guerra. Y es que como consecuencia de una espantosa, despreciable y condenable acción terrorista del grupo palestino Hamás (en la línea de la violencia perpetua arriba mencionada), el gobierno democrático de Israel, aduciendo un (al parecer ilimitado) derecho a la legítima defensa, inició (hace ya demasiados meses) una campaña de exterminio total con la que está arrasando literalmente la franja de Gaza sin respetar niños, escuelas, hospitales, viviendas etc. La matanza indiscriminada, que ha exterminado ya a más de 40.000 personas, provocado hambrunas y epidemias, tiene como claro objetivo el exterminio del pueblo Palestino (que no tiene posibilidad de defensa alguna) de las tierras que los asesinos sionistas reclaman arbitrariamente (y en contra del criterio de la ONU) como suyas.
Ahora han empezado a arrasar también el sur del Líbano (parte también, al parecer, de la Tierra Prometida), llegando incluso a Beirut, mientras USA lo apoya abiertamente, UK contemporiza y la EU mira para otro sitio vergonzosamente. Ni uno sólo de estos países ha tenido la decencia de cortar inmediatamente relaciones diplomáticas con Israel y dejar de venderles armas en una vergonzosa connivencia cómplice de genocidio.
Se da aquí un claro ejemplo de un pueblo que conoce perfectamente su historia (haber sufrido un exterminio racista) pero que, sin embargo, la está repitiendo aunque cambiando ahora el papel de víctima de genocidio por el de asesinos genocidas en un episodio que la Historia recordará, no sólo por lo despreciable del exterminio masivo en sí mismo, sino por la pasividad (e incluso complicidad) de un Occidente despreciablemente enrocado en sus propios intereses y que muestra una vergonzosa connivencia culpable de la que, sin duda, habremos de arrepentirnos.
Porque cuando la injusticia alcanza tales dimensiones, cuando el pueblo masacrado no encuentra un sistema mínimamente garante en el que ampararse, cuando a todo el mundo le da igual que destripen a los niños palestinos con imágenes en los telediarios, la respuesta de los afectados por la arrogancia egoísta y asesina de Israel y el apoyo de Occidente no es esperable que sea moderada ni ponderada, recurriendo a la justicia reglada de la que ya, un pueblo históricamente humillado, no puede esperar nada.
Nuestros descendientes se avergonzarán en el futuro (como los alemanes se avergüenzan ahora del holocausto nazi) de haber consentido este salvaje exterminio y se arrepentirán (nos arrepentiremos) por las consecuencias que nos traerá no haber sido capaces de contener el genocidio provocado por el ansia imperialista del estado terrorista de Israel.
Si la Civilización Occidental estaba ya en declive irremediable por irreversibles causas sociopolíticas, económicas y ecológicas incompatibles con su sostenibilidad, la degradación moral que está llegando a su punto más alto con nuestra complicidad con los asesinos sionistas, nos condena definitivamente.
Menos mal que la Champions está este año muy animada. |
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