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“Todos somos Leo Messi” o la decadencia de un imperio. | | Eduardo Saez Maldonado. 13.07.16 | |  Nunca he comprendido la frivolidad con la que algunas (demasiadas) personas salen a la calle a aclamar a sus ídolos (deportistas, cantantes) cuando son llamados a declarar (y en no pocas ocasiones, condenados) acusados de algún tipo de delito económico. No pocos deportistas de élite han sido perseguidos por eludir sus compromisos fiscales fijando ficticiamente su residencia fuera de España, o defraudando a hacienda directamente. Cuando Isabel Pantoja por ejemplo, sale de la cárcel de permiso o de lo que sea, suele haber seguidores esperándola y aclamándola al grito de “guapa” (¿??). Pero lo del Barça con Messi es de aurora boreal. | Porque una cosa es que a una persona, o dos o tres, a título particular, con los valores morales que tengan, le parezca irrelevante defraudar a hacienda en comparación con jugar fenomenalmente al fútbol, o cantar como los ángeles, pues bueno… hay gente “pa to”. Pero que una organización tan importante como el F.C. Barcelona, con su historia, su presupuesto, sus elegantes directivos, sus miles de socios, e incluso, más allá de lo deportivo/empresarial, con su Massía (donde se compagina la formación deportiva de los chavales con la académica y moral), o su militancia nacionalista demostrando que, efectivamente, “es más que un club”, que una organización tan destacada, decía, apoye abierta y oficialmente a un empleado suyo que acaba de ser condenado por la justicia a cárcel por no pagar los impuestos que le correspondían de acuerdo con sus ingresos, me ha dejado estupefacto. Porque Messi es, probablemente, el mejor jugador del mundo. Esto yo no lo dudo. Pero también es una persona que, a pesar de ganar más dinero del que somos capaces de imaginar, hace trampas para evitar contribuir (como contribuimos todos) a la sociedad común en la que vivimos. Messi no quiere participar en los gastos comunes que tiene un país, que necesita financiar sus hospitales, sus carreteras, sus escuelas, sus bomberos… Messi encarga a su padre la gestión de sus descomunales ingresos sin advertirle (o siquiera interesarse) de que cumpla con sus obligaciones sociales. Le da igual: quiere beneficiarse de los servicios de una sociedad avanzada pero no quiere colaborar con su sostenimiento económico. Lo que gana con su trabajo lo quiere todo para él. Un sinvergüenza, en definitiva, que se ampara en la ignorancia y en la desidia para eludir su responsabilidad. La justicia lo condena a multa y cárcel, y el Barça, (que es más que un club) sale en su defensa afirmando que ha sido tratado injustamente, ignorando su delito y poniéndolo como víctima. Imagino que los socios del Barça estarán solicitando una asamblea extraordinaria urgente para exigir a la actual Junta Directiva que se retracte, se disculpe ante la sociedad y dimita acto seguido. Porque es intolerable que una organización haga apología del delito (que igual hasta es delito en sí mismo) y mande a la sociedad un lamentable y poco edificante ejemplo de insolidaridad y poca vergüenza. Pero claro, mientras reflexionaba sobre estos asuntos, me vino a la mente que a una tercera parte de los españoles que en las pasadas elecciones votaron en las urnas, no les pareció mal votar a un partido, el PP, con casi 100 imputados en infinidad de casos de corrupción, prevaricación, malversación, cohecho, robo, amaños, blanqueo y desvergüenzas varias. Desde luego, si a mí no me parece mal toda la escandalosa corrupción del PP hasta el punto de avalarla con mi voto, claro, que Messi defraude a Hacienda, me parecerá lo normal. Lo que yo haría si pudiera. Y es que más allá de consideraciones económicas, ecológicas y sociales, la degradación moral de los imperios está también relacionada con su inevitable caída. Y el Imperio Occidental no creo que sea una excepción. Que Dios nos coja confesados. Eduardo Sáez Maldonado |
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